Se nota a simple vista, incluso ante la mirada de gente que carece de un ojo entrenado para analizar la negociación política. No hace falta profundizar. Hay algo que hace ruido en el camino de negociación que La Libertad Avanza (LLA) y el PRO comenzaron a trazar de cara a las elecciones del 2027. Desde ya que no se trata de los habituales idas y vueltas de la política, donde adversarios de ayer se convierten en los socios de mañana. Ahí no hay novedad. Lo singular, en este caso, es que todos parecen estar discutiendo el destino electoral de la Ciudad de Buenos Aires menos el hombre que hoy la gobierna y que aspira a seguir haciéndolo: Jorge Macri.

El jefe de Gobierno porteño está, pero no está. Su reelección sobrevuela cada conversación y el distrito que administra es la principal moneda de cambio, pero él no integra la mesa formal de discusión. Lo que hace más extraño el episodio es que al actual jefe de Gobierno las encuestas de opinión pública le sonríen.

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Los últimos episodios de la relación PRO con LLA son conocidos, pero vale la pena repasarlos. Hubo comunicación entre Mauricio Macri y Karina Milei. A partir de ahí el comienzo de la reconstrucción de la relación. En términos operativos la construcción del acuerdo quedó en manos de Diego Santilli y Lule Menem por el oficialismo nacional, y Cristian Ritondo junto a Fernando de Andreis por el PRO. El objetivo: coordinar la agenda parlamentaria y construir el acuerdo electoral de cara a 2027.

Todo parece razonable, salvo cuando la discusión se enfoca en la Ciudad de Buenos Aires. ¿Es políticamente viable que el PRO y los libertarios diagramen el futuro de la Ciudad sin Jorge Macri sentado a la mesa? En términos formales es posible, pero en términos políticos se parece bastante a la mala praxis. Jorge Macri no es un dirigente más dentro del PRO, es el cuadro que conduce el bastión histórico del partido que destronó al kirchnerismo del poder y que introdujo con fuerza en la sociedad argentina la discusión sobre "el cambio".

La operación tenaza de Ramírez

Lo más complejo es que mientras el jefe de Gobierno anuncia sus deseos de continuar al frente de la Ciudad y propone un frente común, el ala dura de LLA —encarnada en la Ciudad por Pilar Ramírez— habla de "reemplazo". Ramírez, jefa del bloque libertario en la Legislatura y el principal alfil de Karina Milei, pone en marcha algo así como una operación tenaza: a la par que la conducción nacional del partido dialoga con el PRO, ella asfixia la gestión porteña con críticas al sistema de recolección de residuos, exigencias de desregulación y reclamos impositivos, ironizando incluso con que Jorge Macri debería pagarles "derechos de autor" por sus ideas.

Más allá de la ironía que solo su propia tropa le celebra en redes, lo cierto es que Pilar Ramírez no supera la etapa del slogan. Las contradicciones son obvias y la profundidad de sus reflexiones, nulas. La mano derecha de Karina Milei cuestiona al gobierno porteño porque asegura que es muy complejo abrir un local. Claro, que la legisladora pierde de vista que son muchos más los locales que cierran que los que desean abrir y eso solo tiene que ver con el plan económico diseñado desde la Casa Rosada y el Ministerio de Economía de Nación.

Es cierto que los comercios porteños, como los de la mayoría del país, no la pasan bien, pero lejos está de ser la principal preocupación de los emprendedores los trámites o las habilitaciones locales.

El juego que propone LLA en la Ciudad no es una novedad. Sus contradicciones tampoco y menos aún la distancia con el vecino. LLA tiene un método, no busca una mera fusión de siglas electorales y tampoco el mejor acuerdo posible. LLA busca imponer su programa y sus nombres.

El antecedente electoral

En el espejo retrovisor de la negociación están los resultados electorales de las elecciones de medio término. En las elecciones legislativas porteñas de mayo de 2025, Manuel Adorni se impuso al cosechar el 30,13%, por su parte, el PRO, que llevó a Silvia Lospennato en lo más alto de su lista, sumó 15,92% y quedó en el tercer lugar.

Comparar legislativas con Ejecutivas es un error. Manuel Adorni quedó fuera de carrera salpicado por hechos de corrupción. Y el peso del apellido Macri en la boleta porteña son parte del asunto que deja de lado las meras cuestiones matemáticas para aventurar un resultado electoral.

Desde adentro de la política, los hombres y mujeres que conocen los mecanismos de la construcción electoral aseguran que la tensión no tiene que ver con la mirada sobre posibles resultados, sino que se trata de forzar al oficialismo porteño a negociar en condiciones de debilidad.

En ese marco hay que analizar el rol de Pilar Ramírez y el despliegue territorial de Karina Milei, quien ya camina la Ciudad. Mientras Mauricio Macri y la mesa nacional buscan un entendimiento, Ramírez y el dispositivo karinista actúan como un freno para evitar que la reelección de Jorge Macri sea una concesión automática. ¿Cuál es el verdadero objetivo? ¿Tensionar y negociar o desbancar al PRO de la Ciudad?

El ruido interno de LLA avanza sin dejar ver con claridad la estrategia. En medio del fuego mediático de Pilar Ramírez contra Jorge Macri, la que alzó la voz fue Patricia Bullrich. La jefa de la bancada oficialista en el Senado sentenció que no tendría problemas en acompañar la reelección de Jorge Macri en una eventual coalición. ¿Policía bueno y policía malo? Bullrich ofrece la salida amable, mientras Ramírez endurece las condiciones de acceso. En el centro de esta coreografía está Karina Milei, la gran arquitecta electoral del oficialismo.

Más allá de la disputa de fondo, la elección porteña empieza a mostrar algunas particularidades que formarán parte de una campaña extraña. Por caso, Horacio Rodríguez Larreta, que recorre la Ciudad prometiendo lo que hará en caso de ser elegido jefe de Gobierno. Esto no sería una novedad si no se tratara de un dirigente que fue ocho años jefe de Gobierno y otros ocho como jefe de Gabinete. Quizá el electorado a la hora de elegir se pregunte si los 16 años de gestión no le alcanzaron.

Pero eso no es todo, que diría Leandro Santoro, el hombre fuerte de Unión por la Patria en la Ciudad que cosechó 28 puntos en las elecciones del año pasado, si se concreta la posibilidad de que Horacio Rodríguez Larreta sea el candidato del peronismo en la Ciudad en el 2027.

Pero mientras la oposición explora caminos sinuosos, el oficialismo también expone sus dudas. A esta hora está claro que la batalla de fondo excede un mero acuerdo de candidaturas. Se trata de dilucidar quién absorbe a quién. Para el PRO, perder la Ciudad es la disolución de su identidad política. Para LLA, dejar con vida al PRO aparece como un riesgo.

En ese marco, más allá de la especulación, lo cierto es que el nudo de esta tensión tiene nombre propio: Jorge Macri. El problema no es su predisposición a acordar, sino que en la mesa de las decisiones él no tiene una silla.

Al final, la gran incógnita que define esta disputa es el motivo real detrás de la ausencia de Jorge Macri en la mesa de decisiones. Queda la duda de si no participar en este armado es producto de una exclusión —que podría ser una decisión de Mauricio Macri y la mesa nacional del partido al coordinar el acuerdo sin él— o si, en realidad, se trata de una decisión del propio Jorge Macri de no participar en esta negociación, eligiendo mantenerse enfocado en la gestión de gobierno y preservando así su propia cuota de poder y autonomía en la Ciudad frente al avance libertario.

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