Son los mismos que suponen que “ahora, sin el lastre de Manuel” el presidente será reelecto en 2027. En este reducido grupo se encuentran, por supuesto, Karina Milei, Santiago Caputo, el ministro de Economía, Luis Caputo, Patricia Bullrich, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem y Diego Santilli, el flamante jefe de Gabinete designado que sueña con gobernar la provincia de Buenos Aires.
Todos ellos coinciden en que las buenas noticias de la economía, combinadas con la aparente implosión del peronismo, harían a Milei “imbatible”.
Ahora, el clima de “borrón y cuenta nueva” parece embellecerlo todo. Sin embargo, los hombres y mujeres del presidente harían bien en repasar cómo se llegó hasta el borde de este desastre, para que no se repita.
Fue un calvario de 112 días que se inició con foto de Adorni y su esposa en la tumba del Rebe Lubavitch en Nueva York y terminó con una desgraciada carta de renuncia del día del ayer.
Una pesadilla, que incluyó:
- La viralización de la palabra “deslomado”.
- La publicación del video de un vuelo privado, junto a su familia, a Punta del Este.
- La revelación de compras y refacciones de propiedades, incluida la casa de Indio Cuá.
- La aparición de la escribana Adriana Nechevenko diciendo que a Adorni se le había “dado todo junto”.
- La revelación del contratista Matías Tabar declarando que la obra en el barrio cerrado había costado 24 mil dólares, y en negro.
- La defensa incondicional de Milei a Adorni.
- La advertencia de Bullrich reclamando a Adorni que presente su declaración jurada cuánto antes.
- La confesión de Adorni de que había “ahorrado” medio millón de dólares en negro.
- Y una cantidad innumerable de mentiras.
Pero la carta de renuncia de Adorni es una insuperable muestra de narcisismo político. O de narcisismo a secas. Con un altísimo grado de victimización. Y nada de autocrítica.Como si él estuviera por encima de todo y de todos. Incluido el presidente y sus votantes.
¿Por qué Milei, Karina Milei y Martín Menem, de manera explícita, llegaron a poner “las manos en el fuego” por Adorni? ¿Y cómo pudo Adorni mentirle al presidente y a su hermana durante tanto tiempo?
¿Es, Milei, excesivamente desconfiado con las personas a quienes aborrece, y excesivamente indulgente con las personas a las que le tiene cariño? Porque no entregar a Adorni ante la primera sospecha tiene sentido, pero sostenerlo, hasta el punto de que se empiece a dudar sobre la complicidad del propio Milei con el sospechado, es casi suicida.
Una cosa es ser víctima de una operación y otra aceptar una mentira sobre otra, mientras, como parte de la sociedad, seguimos las alternativas del caso con angustia y la sensación de que nos toman por idiotas.
Que Adorni haya dado un paso al costado es una muy buena noticia para el país. Pero sería una muy mala noticia que, ahora que se salió de “la trampa Adorni”, en el Gobierno se empiecen a pelear, para ver quien la “tiene más grande”.
Primero, la información
La decisión de designar a Santilli fue, exclusiva, del presidente. Lo empezaron a discutir, en absoluta reserva, con Karina Milei, desde hace casi un mes.
La advertencia de Patricia Bullrich a Karina Milei, el jueves pasado, anticipando que no podría evitar una moción de censura en el Senado, no hizo más que precipitar una medida que ya había sido pensada. Incluso antes del viaje de Milei a Madrid.
Así pareció demostrarlo el giro en las declaraciones del presidente, en una entrevista con Fernando González, director de El Observador de España, al advertir que, si la justicia condenara a Adorni, él le daría “una patada en el culo”.
Pero esto no le quita el mérito de Bullrich de haber sido la primera en oponerse a la estrategia de blindarlo, cueste lo que cueste.
Más información
Ni Milei ni Karina pusieron a consideración de nadie el nombramiento de Santilli. Solo dieron por hecho que Santiago Caputo no se opondría.
Además, Karina Milei descartó de plano la posibilidad de asumir como jefa de Gabinete. Considera que está muy bien donde está: como custodia “política y humana” de su hermano.
Ahora Karina y Santiago Caputo están dando las últimas puntadas al organigrama para que todo vuelva a empezar, pero de manera más virtuosa.
Santilli absorberá las funciones de jefe de Gabinete y ministro del Interior. Ignacio Devitt será su segundo. La Secretaría de Medios, a cargo de Fabián Fernández, regresará a la órbita de la Secretaría General de la Presidencia, como en la época de Guillermo Francos. Y la Vocería, a cargo de Adrián Ravier, quedará “colgada”, directamente, de Milei.
¿Es otra buena noticia? Parecería que sí, ya que Ravier considera a los periodistas no una “manga de ensobrados”, sino profesionales que representan uno de los “ejes centrales de la democracia en nuestro país”.
Queda solo una sospecha por dilucidar
¿Lo que ayudó a precipitar el fin Adorni fue un supuesto mensaje con malas noticias enviado desde Comodoro Py? Cerca de Juan Bautista Mahiques juran que el ministro jamás ofreció garantías de que Adorni quedaría indemne. “No se lo garantizó ni a Milei ni a nadie”. Tampoco le garantizaron su sobreseimiento ni el fiscal Gerardo Pollicita, ni el juez Ariel Lijo.
Más bien, los que conocen la dinámica de Py argumentan todo lo contrario. Es decir: con semejante nivel de sospecha y exposición mediática, Adorni iba a ser indagado y procesado, por enriquecimiento ilícito, más temprano que tarde. Lo que hubiera puesto al Gobierno al borde del knock out.
Otra incógnita:
¿Pueden ser considerados “lo mismo” los casos de Adorni y los de Martín Insaurralde? ¿No es acaso casi un chiste la cascada de Adorni comparada con los fajos de billetes que sumarían más de 10 millones de dólares, alojados en el vestidor de Jésica Cirio?
Porque eso era lo que precisamente veían advirtiendo tanto Bullrich como Mauricio Macri. Que para la opinión pública, Adorni e Insaurralde empezaban a parecer lo mismo.
Con la salida de Adorni, la vigencia del escándalo del vestidor y la sangría que le está produciendo al PJ la interna entre Cristina Kirchner, Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y sus satélites; sumadas a la causa de las SIRA, las desventuras de Claudio Tapia y Pablo Toviggino, el procesamiento de Juan Grabois y la acusación de maltrato contra Nacho Levy, el futuro de la oposición parece más oscuro que nunca.
Y esa sería la mejor música para los oídos de Milei.