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Mauricio Macri jugó fuerte a favor de Javier Milei.

Dijo, entre otras cosas, que su apoyo es incondicional y no a cambio de ningún cargo en el próximo gobierno. Movió las piezas de manera inteligente. Habló de liderazgo moral. Puso sobre la mesa la integridad y la austeridad de Patricia Bullrich. Para decirlo sin vueltas: su falta de interés por el dinero. Y la de Milei también. El economista de la Libertad Avanza suele decir: “Me das vuelta y no se me cae una moneda”.

Macri emparentó a Sergio Massa y al kirchnerismo con la corrupción, el engaño, la mentira y la ambición personal.

También aprovechó una pregunta de Eduardo Feinmann sobre Martín Lousteau para tirarle un camión encima. Lousteau había acusado a Macri de haber roto Juntos por el Cambio para fundar el milei-macrismo. O el macri-mileismo.

El ex presidente entonces le pidió Lousteau que se saque la careta. Que diga de una vez, que va a votar a Massa. Y reveló que le falló a la Argentina como embajador en Estados Unidos.

Macri también involucró a Gerardo Morales y Horacio Rodríguez Larreta en un supuesto acuerdo, por debajo de la mesa, con Massa. Y reivindicó la postura de Patricia Bullrich, recordando que ella ganó la interna de la coalición. Y que la interna del cambio la ganó Milei.

¿Por qué Macri juega tan fuerte a favor de Milei?

 

Massa, mientras tanto, espera agazapado. Les pidió a los máximos dirigentes del peronismo que se mantengan en silencio. Que no interrumpan la sangría. Que no digan una palabra hasta que Juntos por el Cambio no se termine de romper.

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