Una interna en el seno del Flamengo puso en duda este jueves la posibilidad de que la final entre Boca y ese club por la Copa Libertadores se juegue en el mítico estadio del Maracaná.
Una interna en el seno del Flamengo puso en duda este jueves la posibilidad de que la final entre Boca y ese club por la Copa Libertadores se juegue en el mítico estadio del Maracaná.
El encuentro debe disputarse el sábado 4 de noviembre en el Maracaná de Río de Janeiro, pero surgieron cuestiones que causan incertidumbre a dos semanas del match.
Según fuentes brasileñas, la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y Fluminense podría mudarse a otro estadio o incluso ciudad brasileña. Por algunas presiones internas por parte del Flamengo y el itinerario del Brasileirao, las autoridades tendrán que resolver en las próximas horas las medidas a tomar.
Una reunión protocolar en Paraguay entre los directivos de Boca, Fluminense y las asociaciones miembro de la Conmebol implicadas (AFA y Confederación Brasileña de Fútbol) podría definir en las próxima horas la cuestión.
Las dudas surgieron después de que los altos mandos del Flamengo advirtieron que no dispondrán de la localía en el Maracaná de cara al partido contra Red Bull Bragantino por la Fecha 30 del Brasileirao programado para el sábado 28 de octubre.
Al margen de una cuestión ligada a la histórica rivalidad y de no ceder terreno ante su acérrimo adversario Fluminense, en vísperas de lo que podría llegar a ser la obtención de su primera Libertadores, en Flamengo argumentan que algunos abonados tienen derecho a utilizar su plaza en el mítico estadio que es propiedad del Estado de Río de Janeiro y en 2019 se decidió terminar la concesión de la empresa Odebrecht. Desde hace cuatro años, la administración corresponde a los dos clubes cariocas por medio de un consorcio en el que se renuevan provisionalmente las licitaciones de manera anual.