Para que el cuchillo Tramontina con que cuenta actualmente el Gobierno nacional se pueda convertir efectivamente en una motosierra, tienen que pasar estas cosas.
Para que el cuchillo Tramontina con que cuenta actualmente el Gobierno nacional se pueda convertir efectivamente en una motosierra, tienen que pasar estas cosas.
Además de todos los datos y los comentarios que proporcionó el vocero presidencial, Manuel Adorni, en su conferencia de prensa de hoy en la que anunció, entre otras, cosas la intención del Gobierno de cerrar el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) hay otros datos que pueden arrojar algo más de luz acerca de este organismo, su funcionamiento y su razón de ser, especialmente en los años del último gobierno kirchnerista. Nadie duda de que está muy bien hacer conciencia de lo malo y nocivo que es la discriminación. Para eso desde luego que también están las escuelas y las familias, y hay muchas otras herramientas para que nuestra sociedad se haga de verdad más justa e inclusiva.
Pero, como siempre, el kirchnerismo hizo lo mismo que con tantas otras causas justas. Es más, fue un malversador serial de causas, de conceptos y de banderas justas. La no discriminación se transformó en una excusa para generar una cueva de militantes K y para perseguir a opositores y a todo aquel que no pensara lo mismo. Y también para poner al frente de este instituto a una mujer —me refiero desde luego a Victoria Donda— que fue el colmo, que cuando se le empezaron a conocer los trapitos sucios de su vida personal, resultó que tenía muy poco que ver con el cargo que ocupaba como funcionaria pública. Y, sin embargo, la defendieron y la ratificaron en su puesto.
Fuentes del Gobierno me adelantaron lo que encontraron en una primera auditoría al INADI:
Así fue cómo se armó una estructura burocrática de gasto millonario (con la tuya y con la mía, contribuyente) para la militancia política y para la persecución de las ideas opuestas. Y que, como resultado palpable más relevante, logró una conquista sin igual: sacar la figura de la negrita del paquete azul de harina que usaba mi abuela para amasar sus ravioles caseros.
Para eso servía el INADI. Y de ahí la importancia de estas cosas que no solucionan la economía ni los grandes problemas nacionales, pero que atacan lo simbólico. En el cambio estructural, esto es clave: paso por paso, pieza por pieza.