El Gobierno nacional levantó la prohibición sobre la comercialización de vapeadores, dispositivos de tabaco calentado y bolsitas de nicotina —conocidas internacionalmente como pouches— y estableció un marco regulatorio integral para esos productos. La medida se formalizó mediante la resolución conjunta 549/2026, publicada en el Boletín Oficial, e involucró al Ministerio de Economía, el Ministerio de Salud, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) y la Jefatura de Gabinete.
El esquema anterior prohibía desde 2011 la importación, distribución y comercialización de vapeadores y cigarrillos electrónicos, y fue reforzado en 2023 con una resolución que extendió la restricción a los dispositivos de tabaco calentado. Las bolsitas de nicotina, por su parte, no tenían regulación específica aunque su venta estaba bajo alerta sanitaria. En la práctica, ninguno de estos productos contaba con autorización legal, aunque todos se conseguían de manera informal.
El argumento central del Gobierno es que la prohibición no funcionó como disuasivo sino como impulso hacia la informalidad. "Se consumen igual, se venden de manera ilegal, no tienen trazabilidad, no hay control sobre su contenido y no tributan", señalaron desde el Ministerio de Salud. "La prohibición no frenó el consumo: lo empujó a la informalidad".
La regulación que reemplaza a la prohibición
El nuevo marco establece que ningún producto podrá comercializarse sin registro previo. Las empresas fabricantes e importadoras deberán declarar la composición de cada artículo, cumplir estándares de calidad y garantizar la trazabilidad. Se fijan además límites estrictos sobre ingredientes permitidos, concentración de nicotina y sustancias prohibidas.
Uno de los puntos centrales es la eliminación de los saborizantes en los líquidos para vapear: aditivos con sabores frutales, dulces o mentolados identificados por especialistas como el principal mecanismo de captación de consumidores adolescentes. Para el área que conduce Mario Lugones, ministro de Salud, "la experiencia acumulada muestra que los esquemas de prohibición absoluta en mercados dinámicos terminan favoreciendo la circulación de productos ilegales, sin control ni estándares, aumentando los riesgos". El gobierno sostiene que con la nueva norma "el Estado pasa a tener herramientas concretas para controlar, fiscalizar y sancionar. Hoy no tiene ninguna".
Desde la perspectiva económica, la resolución incorpora estos productos al sistema impositivo con esquemas diferenciados por categoría y apunta a desmantelar "un circuito dominado por el contrabando". La medida no crea un mercado nuevo: introduce orden en uno preexistente que operaba sin regulación ni control fiscal.
El consumo en adolescentes, en el centro del debate
Las cifras sobre consumo juvenil son el dato más preocupante del contexto en que se toma esta decisión. En su encuesta de 2025 sobre consumo de sustancias en estudiantes secundarios, la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación (Sedronar) incluyó por primera vez los vapeadores entre las variables relevadas: el 35,5% de los menores de 13, 15 y 17 años declaró consumirlos. Un relevamiento del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes) en jóvenes de 12 a 17 años de cuatro ciudades arrojó resultados similares: el 36,7% había usado cigarrillos electrónicos y el 3,4%, bolsitas de nicotina. Más llamativa aún fue la intención de consumo: el 41,4% afirmó que probaría el cigarrillo electrónico si un amigo se lo ofreciera.
Guillermo Espinosa, coordinador del programa de control de tabaco del Hospital Italiano de Buenos Aires, señaló que "hay preocupación porque aumentó el consumo de estos productos emergentes entre escolares", estimulado por la accesibilidad y la variedad de sabores, con un uso creciente incluso entre jóvenes que nunca fumaron. En adolescentes, la nicotina puede afectar el desarrollo cerebral hasta los 25 años y se asocia con déficits de atención, memoria y control de impulsos, además de mayor riesgo de ansiedad y depresión.
Lo que dice la evidencia científica
La evidencia sobre los daños de la nicotina en cualquier formato es consistente. Equipos de investigación de Alemania, Italia, Estados Unidos, Suiza y el Reino Unido coinciden en que se trata de "una toxina cardiovascular directa" sin vías de consumo exentas de riesgo. Thomas Münzel, del Centro Médico Universitario de Mainz, advirtió que la nicotina en cualquier presentación genera "aumento de la presión arterial, daño vascular y mayor riesgo de enfermedad cardíaca", y alertó en European Heart Journal: "El próximo infarto, el próximo ataque cerebrovascular, la próxima muerte cardiovascular puede no venir de un cigarrillo, sino de una pod de vapeo saborizado, una bolsita de nicotina o una shisha en un café". Una revisión publicada en Carcinogenesis por investigadores australianos, que analizó más de cien estudios, concluyó que los cigarrillos electrónicos con nicotina probablemente sean carcinógenos para humanos.
El Gobierno, en tanto, apela a experiencias internacionales —Suecia, Japón, Estados Unidos— donde regulaciones similares se asociaron a caídas en el consumo de cigarrillos tradicionales y en la exposición al humo pasivo. El telón de fondo es que en la Argentina mueren alrededor de 45.000 personas por año por enfermedades vinculadas al tabaquismo, el 14% del total de fallecimientos anuales. Desde el Ministerio de Salud sostienen que la medida adoptada "no promueve el consumo, sino que deja de mirar para otro lado".