En los talleres gratuitos del Centro de Formación Profesional de la Ciudad, Érika Cejas descubrió que nunca es tarde para aprender. Hoy, entre el aserrín y las máquinas, equipa su propia casa, recupera la tradición de su familia y sueña con ser la próxima instructora que inspire a otras mujeres.
Hay habilidades que la tecnología no puede replicar y que resisten por su relevancia y autenticidad, en una coyuntura donde la inteligencia artificial está transformando el mundo del trabajo de manera vertiginosa y los focos del mercado laboral apuntan en esa dirección.
Aquellos oficios que requieren diagnóstico manual, la manipulación consciente de herramientas y la adaptación en el momento en espacios físicos reales se mantienen fuera del alcance de la automatización.
Y aunque la oferta laboral atente contra su existencia y muchos de ellos parezcan en peligro de extinción, de a poco, cada vez más personas encuentran en esas labores tradicionales el sostén económico para sus familias y un cambio de vida.
Ese es el caso de Érika Cejas, quien hace dos años se dedica a la carpintería luego de romper sus propios prejuicios y miedos.
Su vida cambió un 5 de agosto, casi de casualidad, cuando un anuncio en internet sobre los cursos gratuitos de formación profesional del Gobierno de la Ciudad apareció en su pantalla. Eran las diez de la noche y las inscripciones cerraban en minutos. El curso era sobre carpintería, una profesión que siempre había llevado latente en su sangre.
Si bien ella ya había participado de los cursos de panadería y pastelería que también brinda el Centro de Formación Profesional porteño, aquel clic no solo le abrió las puertas a un taller, sino que también le devolvió una conexión emocional con su pasado guardada en sus recuerdos de infancia en Ituzaingó, barrio en el que veía deslumbrada a su abuelo materno. "Él tallaba madera, hacía las patas de la mesa hermosísimas y yo me pasaba horas viéndolo trabajar en su casa", recuerda.
También rememora escenas en las que juntos iban y venían por las calles del barrio con maderas y chapas para cumplir sus caprichos de constructora: ya de pequeña se había animado a hacer su propia casa de muñecas y hasta a armar carritos de paseo.
Ella, tras trabajar siete años en una tienda de lencería que cerró por la pandemia, se encontró de pronto buscando una forma de aportar económicamente a su hogar, de ser útil y también de cumplir un deseo personal: construir los muebles para su propia casa.
Aunque el prejuicio dicta que la carpintería es un oficio ligado a los hombres, ella decidió animarse. Al entrar al centro de formación, sus miedos se disolvieron ante un grupo que la integró desde el primer día. "Al principio pensaba que era solamente cosa de hombres, que iba a ser la única mujer y que me iban a ver como un bicho raro", cuenta. Sin embargo, con la ayuda del contexto grupal y bajo la guía de su profesor, Diego Lederhos, pasó de no saber ni medir a fabricar cajoneras, mesas ratonas, armarios y hasta proponer sus propios proyectos, siendo una de las mejores de su clase durante los dos años de formación.
"En la parte económica mi vida cambió muchísimo, pasé de no tener un ingreso a de pronto tenerlo y hasta a poder comprarme mis propias herramientas, lo que fue una gran alegría", relata Érika con orgullo.
Además, su emprendimiento creció rápido. Lo que en su momento fue solamente la idea de amueblar su futuro hogar se transformó en un negocio redituable. Comenzó con pedidos particulares de gente cercana y de compañeros del curso de panadería. En su momento llegó a fabricar y vender 17 rejillas para pan, y a medida que sus conocimientos y su confianza sobre la madera crecían, también crecían sus ingresos. Fue tanto el boca en boca que en poco tiempo ya estaba restaurando y creando muebles para vecinos y hasta conocidos del club de Taekwondo de su hija.
"El aprender algo más me hizo sentir más útil y me llenó por dentro, incluso aunque ya de edad sea grande", confiesa Érika a sus 35 años luego de encontrar en este oficio el sentido de su vida en el plano profesional.
El comienzo de un camino que ya tiene vistas a futuro. Su profesor durante los dos años de cursada, al ver su capacidad para ayudar a sus compañeros y resolver planos desde cero, la impulsó a dar el siguiente paso: realizar el curso de instructora para poder dictar los talleres. "Es un sueño poder dar clases", declara emocionada. Y añade: "Pasé de no saber nada, a aprender y ahora a estudiar para poder dar los cursos, es un montón".
Todos sus avances tuvieron siempre un motor principal: su hija de 11 años. Así como su abuelo la inspiró a ella, Érika quiere dejarle un legado tangible. "Deseo el día de mañana poder decirle que toda su habitación se la hice yo y señalarle su cama, su escritorio y poder darle lo mismo que mi abuelo me dio a mí".
La importancia de brindar espacios para la formación profesional
La historia de Érika es un testimonio del impacto real de las oportunidades que nacen desde los Centros de Formación Profesional del Gobierno porteño de Jorge Macri: un espacio donde el conocimiento técnico se encuentra con la historia personal para transformar la realidad económica y emocional de los ciudadanos.
Desde la Agencia de Habilidades para el Futuro, para responder a una creciente demanda, la Ciudad ofrece más de 600 opciones de formación gratuita.
Entre las áreas clave, estas son algunas de las que prometen un futuro laboral seguro:
Oficios técnicos y de reparación
Son oficios que requieren precisión manual e improvisación ante entornos cambiantes.
- Electricistas: se puede cursar la Tecnicatura Superior en Distribución de Energía Eléctrica (un año y medio) en el Instituto de Formación Técnica Superior (IFTS) 32 (San Cristóbal). También hay cursos de un año para Montador Electricista en el CFP N° 1 (Barracas) o Electricista en Inmuebles en el CFP N° 4 (Mataderos).
- Gasistas y plomeros: el curso de Gasista Domiciliario Matriculado se dicta en el CFP N° 17 (Almagro) y en el CFP N° 28 (Monserrat). Para instalaciones sanitarias, se puede acudir al CFP N° 24 (Flores).
- Climatización y electrodomésticos: el CFP N° 35 (Barracas) ofrece formación para instalador de equipos de aire acondicionado y reparación de electrodomésticos.
Construcción sustentable y tradicional
La experiencia y la gestión operativa en obra son irreemplazables para la IA.
- Construcción: el IFTS 33 (San Cristóbal) dicta tecnicaturas en Construcción Sustentable y en Gestión de Procesos Constructivos. Para formación práctica como albañil, se puede realizar la inscripción en el CFP N° 17 (Almagro).
- Carpintería: existen cursos de un año en el CENOF Urquiza (Parque Patricios) y especializaciones en muebles de melamina en el CENOF Cafayate (Villa Lugano).
- Soldadura e instalaciones secas: el CFP N° 28 (Monserrat) ofrece cursos de soldador básico y colocador de placas de yeso (Durlock).
Nuevas tecnologías: el trabajo del futuro
La tecnología no solo reemplaza tareas, sino que crea nuevos nichos que necesitan técnicos especializados para su mantenimiento.
- Energías renovables: se puede estudiar para ser Instalador de Sistemas Eléctricos de Energías Renovables en el CFP N° 16 (Nueva Pompeya) o el CFP N° 27 (San Telmo).
- Domótica y robótica: el IFTS 14 (San Cristóbal) dicta la Tecnicatura en Internet de las Cosas, mientras que el IFTS 31 (San Telmo) ofrece formación en Mecatrónica y Automotores Híbridos.
El valor del cuidado humano
El contacto humano y la empatía son pilares que la IA no puede gestionar en su totalidad.
- Enfermería profesional: se dicta en la Escuela "Cecilia Grierson" (sedes Caballito y Villa Lugano) con una duración de dos años y medio.
- Cuidado de niños y niñas: curso de cuatro meses disponible en el CENOF San Cayetano (Liniers) y Rosario V. Peñaloza (Flores).
- Bienestar: el CENOF Sarmiento (Balvanera) ofrece un instructorado de yoga de dos meses para formar promotores de salud.