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El bajo caudal del río Paraná provocó una crisis económica tanto para los pescadores que dependen de este recurso como para el sector agroexportador, afectado por la imposibilidad de transportar grandes volúmenes de productos a través de la hidrovía. Según el Instituto Nacional del Agua (INA), las aguas del Paraná alcanzaron niveles históricamente bajos, llegando a apenas 0,61 metros en el puerto de Rosario, epicentro de las exportaciones agrícolas en Argentina. Este fenómeno generó un conjunto de problemas que van desde la falta de capturas comerciales de peces hasta el aumento de los costos logísticos para las empresas exportadoras.

El impacto en la pesca local del Río Paraná

En las localidades ribereñas, los pescadores experimentaron una notable reducción en las capturas de especies comerciales como el surubí, esencial para la subsistencia de muchas familias. Los habitantes del barrio San Pedro Pescador, que dependen casi exclusivamente de la pesca, enfrentan serias dificultades para cubrir sus necesidades básicas. Actualmente, logran pescar solo uno o dos surubíes por semana, de aproximadamente 10 kilos cada uno, a los cuales los acopiadores les pagan $10.000 por kilo. Sin embargo, esto resulta insuficiente para compensar la falta de otras especies que habitualmente capturaban en mayor cantidad.

Uno de los pescadores de la zona, que prefirió no dar su nombre, expresó: “Apenas salen unos bagres amarillos, que solo sirven para el consumo interno de la comunidad. Con eso no alcanza para comprar la comida ni la ropa que necesitamos. Para pescar más surubíes tendríamos que irnos unos 20 kilómetros río abajo, pero no todos tenemos los medios para hacerlo”.

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Foto: NA

Las capturas de dorado también disminuyeron y su precio varía entre $8.000 y $10.000 por kilo. Este descenso de los volúmenes de pesca se debe en gran parte a la bajante del Paraná, la cual, según el INA, alcanzó niveles similares a los de enero de 2023. La situación es crítica, ya que el nivel promedio de agua en septiembre fue el segundo más bajo desde 1970.

El déficit hídrico que afecta a la cuenca alta del Paraná y la del río Paraguay, sumado al fenómeno climático de La Niña, que disminuye las precipitaciones en la región, agravó aún más la situación. Según el INA, “no se esperan mejoras significativas en los próximos 30 días, con fluctuaciones leves en los niveles de agua que dependerán del ciclo de operación de la represa de Yacyretá”.

Las agroexportaciones y la logística afectadas

El bajo caudal del Paraná no solo afecta a los pescadores, sino también al sector agroexportador, que utiliza este río como una de las principales vías para transportar granos y derivados al mercado internacional. Desde el puerto de Rosario, por donde pasa el 70% de los granos y el 96% de los aceites y harinas que exporta el país, los barcos se ven obligados a operar con una capacidad de carga reducida para evitar encallar. Esto generó un aumento de entre el 10% y 15% en los costos operativos, según fuentes de la Cámara de la Industria Aceitera de Argentina y del Centro de Exportadores de Cereales.

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Los barcos se ven obligados a operar con una capacidad de carga reducida

Guido D'Angelo, economista de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), señaló que la bajante del río “nos obliga a remontarnos a 2021 para encontrar una situación similar, y más atrás aún, hasta 1970, para un fenómeno comparable en esta época del año”. Esta situación afecta gravemente la competitividad de las exportaciones argentinas, ya que muchas empresas tuvieron que completar las cargas de sus buques en otros puertos, como el de Bahía Blanca, incrementando los gastos logísticos.

Además, D’Angelo subrayó que “dos tercios de las divisas de este país provienen de las exportaciones que salen desde los puertos del Paraná”. La baja del nivel del río no solo aumenta los costos logísticos, sino que también impacta en los precios de exportación, ya que los barcos deben transportar menores volúmenes por viaje. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, las pérdidas para la agroindustria podrían ser millonarias si esta situación se prolonga en el tiempo.

Por otro lado, la sequía que afecta a la cuenca alta en Brasil, principal fuente de agua para el Paraná, también agravó el panorama. Como explicó D'Angelo: “El panorama para los próximos meses es complicado; incluso en el mejor de los casos, el río alcanzaría niveles por debajo de los promedios históricos, lo que podría replicar la crisis de 2021”.

El impacto de La Niña y las perspectivas climáticas

El fenómeno climático de La Niña fue un factor determinante en la situación actual, ya que disminuyó las lluvias en la región y agravó la sequía. Según el INA, existe un 41% de probabilidades de que La Niña se prolongue durante el próximo trimestre, lo que aumentaría el riesgo de que las precipitaciones sigan por debajo de lo normal. En la cuenca del río Paraná, esto implica que los niveles de agua podrían permanecer críticos, afectando tanto a las comunidades pesqueras como a los sectores industriales y agroexportadores que dependen de este recurso.

En cuanto a las precipitaciones, las perspectivas indican que las lluvias acumuladas en los próximos meses serán escasas, con valores entre 1 y 10 mm, y solo en áreas localizadas se esperan tormentas aisladas que podrían superar los 20 mm. Estas tormentas, aunque acompañadas de actividad eléctrica, viento y granizo, no serán suficientes para mejorar sustancialmente el caudal del Paraná.

Finalmente, los informes del INA y las declaraciones de los especialistas coinciden en que, al menos hasta noviembre, no se espera que el nivel del río supere el metro de altura, manteniéndose en niveles históricamente bajos que complican tanto la subsistencia de los pescadores como la actividad exportadora del país.

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