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Una encuesta nacional entre docentes y directivos de escuelas secundarias de todo el país reveló que la falta de motivación de los estudiantes es el problema más extendido del nivel, según la percepción de los propios educadores. El relevamiento, realizado entre febrero y marzo de 2026 por la Asociación Conciencia y el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, consultó a 1.148 docentes, directivos y otros educadores de instituciones estatales y privadas de todo el país, y constituye uno de los pocos estudios sistemáticos centrados exclusivamente en la mirada del personal educativo sobre el sistema.

Los resultados configuran un diagnóstico heterogéneo: los problemas varían según la región, el nivel socioeconómico de la escuela, el tipo de gestión y el tamaño de la institución. Pero hay dos fenómenos que aparecen con fuerza en casi todos los contextos: la desmotivación —tanto de alumnos como de docentes— y las inasistencias estudiantiles.

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Desmotivación generalizada

El dato más contundente del informe es que el 82,3% de los educadores identifica la falta de motivación e interés de los estudiantes como un problema en su escuela. No se trata de una percepción concentrada en un tipo particular de institución: el fenómeno aparece en escuelas estatales y privadas, en zonas urbanas y rurales, en todos los niveles socioeconómicos. Es, según el informe, el problema "más transversal" del sistema.

En segundo lugar aparecen las inasistencias de los estudiantes, señaladas como problema por el 73,8% de los encuestados. La cifra trepa al 79% en las escuelas de gestión estatal y al 84,3% en las instituciones de nivel socioeconómico bajo, donde la asistencia irregular se convierte en uno de los principales obstáculos para sostener la continuidad pedagógica.

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Pero la desmotivación no es solo estudiantil. El 61,8% de los educadores también señaló la desmotivación del cuerpo docente como un problema, en un empate estadístico con la falta de exigencia académica en las propuestas de enseñanza, otro ítem que alcanzó exactamente el mismo porcentaje. Cuando se les pidió que jerarquizaran los tres problemas más graves, la desmotivación estudiantil encabezó el ranking con el 56,8% de las menciones, seguida por las inasistencias de alumnos (41,6%) y la falta de exigencia académica (40,7%).

La desmotivación docente adquiere mayor relevancia en la Patagonia (64,5%) y en el Área Metropolitana de Buenos Aires (67,8%), y es percibida con especial intensidad por los educadores con entre 11 y 20 años de antigüedad, el grupo que también mostró las posiciones más críticas frente a los cambios implementados en los últimos años.

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Lo que cambió, para bien y para mal

El informe también midió cómo perciben los educadores el impacto de las transformaciones introducidas en el sistema durante los últimos cuatro o cinco años, un período que incluyó reformas en los regímenes académicos de varias provincias, cambios en los sistemas de evaluación y las consecuencias todavía visibles de la pandemia de Covid-19.

El balance es predominantemente negativo. El 71% de los encuestados identificó al menos un cambio con impacto negativo, y dentro de ese grupo se señalaron en promedio tres cambios como perjudiciales. Solo el 45% reconoció algún impacto positivo.

El régimen académico fue la dimensión más cuestionada: el 60,7% de los educadores le atribuyó un impacto negativo. Le siguió el sistema de evaluación, con 56,9% de percepciones negativas. En ambos casos, los educadores de escuelas técnicas, de gestión privada y de mayor matrícula mostraron los niveles más altos de disconformidad.

Hay, sin embargo, una excepción notable a esta mirada crítica: los educadores de escuelas rurales y de instituciones con menos de 100 alumnos tendieron a evaluar los cambios de manera más favorable. En las escuelas pequeñas, por ejemplo, la percepción positiva sobre los cambios en la organización pedagógica de las clases alcanzó el 46,5%, muy por encima del promedio nacional del 32,5%. El informe sugiere que estas instituciones "parecen contar con mayores márgenes de adaptación institucional frente a los desafíos educativos".

Qué reformas apoyan y cuáles rechazan

Uno de los apartados más relevantes del estudio es el que indaga sobre posibles cambios pedagógicos y organizativos. Allí se observa una convivencia llamativa entre consensos amplios y resistencias firmes.

El punto de mayor acuerdo es la profundización de las metodologías activas de enseñanza, es decir, enfoques pedagógicos más participativos y centrados en el alumno: el 74,2% se mostró a favor. La propuesta también concita el apoyo más alto entre los directivos (86,2%), lo que sugiere un alineamiento entre quienes gestionan las escuelas y quienes deberían impulsar ese tipo de cambios desde adentro.

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Con un respaldo también significativo, el 65,2% de los educadores se mostró de acuerdo con la implementación de una evaluación nacional estandarizada y voluntaria al finalizar la escuela secundaria, orientada a medir aprendizajes en lengua, matemática, ciencias naturales y sociales. El apoyo fue relativamente homogéneo entre distintos tipos de escuelas y cargos, aunque con una brecha notable según el nivel socioeconómico: en instituciones de NSE alto el acuerdo trepó al 72%, mientras que en las de NSE bajo bajó al 59,2%.

En el extremo opuesto, la eliminación de la repitencia es la reforma que genera más resistencia: el 60,8% de los encuestados se manifestó en desacuerdo con reemplazarla por un sistema de aprobación de materias. La oposición es más intensa en las escuelas privadas (71,4%), en las de nivel socioeconómico medio-alto y alto (70,1%) y entre los educadores con mayor antigüedad (64,1%). Sin embargo, el rechazo no es uniforme: en las escuelas rurales el desacuerdo cae al 47,8%, y en las instituciones de NSE bajo al 47,9%, donde casi un tercio de los educadores apoya el cambio.

Sobre el uso de celulares, la opción más elegida fue la integración pedagógica planificada, con el 41,6% de adhesión, por encima de la prohibición total (18,7%) y la restricción en el aula (16,9%). La preferencia por integrar los dispositivos fue especialmente alta en el ámbito rural (55,8%), en escuelas técnicas (48,1%) y entre los directivos (52,3%).

Una paradoja que atraviesa el sistema

El informe retoma un concepto acuñado hace décadas por el educador Guillermo Jaim Etcheverry: la "paradoja educativa", esa tendencia a percibir el sistema en crisis mientras se valora positivamente la propia experiencia. En este caso, la paradoja se verifica también entre los educadores: la valoración promedio del estado de la educación secundaria a nivel nacional fue de 2,5 sobre 5, mientras que la evaluación de la propia escuela trepó a 3,0.

La brecha es más pronunciada en las escuelas privadas (donde la diferencia entre ambas valoraciones llega a 1 punto) y en las instituciones de nivel socioeconómico medio-alto y alto. En las escuelas de NSE bajo, en cambio, la valoración de la propia institución apenas supera la percepción del sistema general, lo que da cuenta de realidades muy distintas según el contexto.

Para los autores del informe, esta distancia entre el diagnóstico sistémico y la experiencia cotidiana tiene consecuencias concretas: mientras los problemas no se reconocen como propios, la presión para el cambio tiende a diluirse. Superar esa brecha, concluyen, es quizás el desafío cultural más profundo que enfrenta la transformación de la escuela secundaria en la Argentina.

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