La contingencia de la llamada telefónica entre Diego Santilli y Mauricio Macri el domingo por la tarde en la puerta de Olivos jugo a favor del expresidente. El hecho -absolutamente anecdótico- sumado al centenar de funcionarios que algún momento de su vida fueron funcionarios del PRO, resultó el campo propicio para instalar el realismo mágico de que existe un cogobierno LLA-PRO, salpimentado con la idea que Macri vive exportando gente propia en la administración de los Milei.
La derecha, centro derecha, libertarismo o como se llame aprendió muchas cosas del peronismo (algunas buenas, otras malas). La primera es que el poder se ejerce. Se detenta. Esta, es la primera diferencia entre Milei y Macri.
Y los que alguna vez, por no ser peronistas, ocuparon cargos en los gobiernos del PRO a nivel nacional y local, también lo entendieron. No eran de PRO, como tampoco son violetas al estilo Lila Lemoine o el Gordo Dan. Son, leales y trabajan para el presidente. Y hasta pueden ser mileistas, si se quiere.
El listado de los que antes trabajaron para el Gobierno de Macri esta sin duda encabezado por Toto Caputo y Federico Sturzenegger. Ambos terminaron eyectados y maltratados. Los nombres, entre tantos se completan con María Irrazabal Murphy, Santiago Bausilli, Pablo Quirno o Alejandra Monteoliva.
Integran el Gobierno nacional a título personal y no fruto de una negociación entre partidos. El desembarco de Patricia Bullrich, pre-balotaje pavimentó un camino para otros. Podías negociar con el mileismo directamente sin pasar por el peaje del PRO.
El caso de Diego Santilli
Vayamos ahora al caso Santilli: desde el año 2015 hasta el 2023 el flamante jefe de Gabinete fue “larretista”, no macrista.
Y hay una explicación. Santilli vivió dos episodios “no felices” con Mauricio: fue sacado del ministerio de Espacio Público porteño (2013) y enviado a un retiro de lujo, el Senado de la Nación, bajo rumores nunca aclarados de cierta corrupción (por parte del que lo corría) y por otro lado fue víctima del espionaje ilegal que llevo al expresidente a sufrir un procesamiento.
Se decía que hasta las mucamas de su casa estaban plantadas por la SIDE. Y que en la puerta de su edificio le hacían seguimientos. Santilli, en aquel momento, mostró aquí un rasgo que lo llevo ahora a la jefatura de Gabinete: saber perder. Ser buen perdedor.
Cuando se cerraban las listas locales 2015, Larreta eligió, para sorpresa de muchos a Diego Santilli como candidato a vicejefe. En diciembre del 2018, Santilli además sumó el Ministerio de Seguridad (después del bochorno de la final River-Boca en el Monumental) y en 2019 repitieron la fórmula con Larreta. Dos años después, Horacio -ya precandidato a presidente- lanza la aventura bonaerense con Santilli a la cabeza, en una elección que la entonces Juntos por el Cambio gana. Eran las épocas de las esquirlas de la pandemia, la cuarentena y la foto de Olivos de Alberto Fernández.
En el 2023, Santilli logra ser precandidato a gobernador, pero sostiene su compromiso con Larreta y no va también por la otra lista la de Patricia, siendo derrotado por Nestor Grindetti. Este episodio es curioso, Santilli sabiendo que va a perder no acepta la “Y invertida” (ir en las dos listas).
Por esa época es cuando el entonces candidato Milei lo critica, pero con un error: Santilli justamente ese año no fue y vino. Se quedó en la provincia y se mantuvo con lo que había llevado Larreta. “Si yo aceptaba la propuesta de Patricia y largaba al Pelado, mi palabra pasaba a no valer un centavo” explicaba el Colo en aquellos tiempos, con más filosofía de la calle peronista que la liberal.
Siguió en la cámara de diputados sin hacer olas ni ser tenido en cuenta para nada. Diputado totalmente raso. Sin poder ni proyecto.
Acepta el año pasado -y este es probablemente su mayor acierto- lo que fue motivo de intensos debates hasta familiares, ir detrás de José Luis Espert y de Karen Reichardt en la lista bonaerense. Aquí si ya jugó la especulación. Entraba como diputado igual, (“nadie te pregunta en la Cámara que lugar tenías en la lista el día que juras”) renovaba su banca y al mismo tiempo enviaba a la Casa Rosada un mensaje exótico: "Estoy para donde ustedes decidan. Yo no pido nada".
A partir de ese momento, como ese corredor donde todo lo hacen los demás, Santilli ve que delante suyo todos se equivocan, y que él solo debe llegar con el auto entero a la bandera a cuadros.
La suerte (o la vida de Espert) hacen lo suyo: queda de primero sin ser primero y gana la elección general bonaerense en octubre.
Pero… días después Santilli es beneficiado otra vez por la varita mágica.
La victoria libertaria en las elecciones legislativas convivió con una crisis de Gabinete, que debía supuestamente terminar con Santiago Caputo como jefe de ministros. Esa convulsión se llevo a Gerardo Werthein, Mariano Cúneo Libarona (renuncia demorada hasta el verano), Lisandro Catalán y Guillermo Francos.
Designado ya Manuel Adorni y ante la falta de un ministro del Interior -la guerra había dejado heridos y cansancio en el elenco oficial- alguien arroja el nombre de Santilli. La leyenda dice que fue Cristian Ritondo. Santilli no estaba en Buenos Aires, sino en Paraná acompañando a su hijo en una carrera. Al día siguiente al mediodía, Milei lo llamó para ofrecerle el cargo -por teléfono- e invitarlo a visitarlo a Olivos, en el mismo minué que el domingo pasado.
La política está repleta de detalles: ese viernes, Macri tiene una accidentada cena con Milei. Dice públicamente que no coincide con el nombramiento de Adorni (el tiempo le dio la razón). De Santilli -que había también sido invitado a cenar a Olivos esa misma semana- ni palabra con Milei.
Santilli sólo preocupado por convertirse en candidato LLA a la gobernación bonaerense aceptó, sin preguntar por su despacho, con qué personal contaría y hasta soportó la bienvenida que le dieron en la Casa Rosada: el intento de sacarle reparticiones. Toleró todo. Cuando comenzó la crisis Adorni, decía en privado -y conversó con periodistas- que lo sacaran de la lista de sucesores porque eso le podía afectar su proyecto en la provincia.
El tiempo a favor
El tiempo pasó. Adorni se desgastó -los audios difundidos ayer explican el apuro de su alejamiento- y había que elegir un sucesor. En lo más alto del poder, pesó mucho para elegir a Santilli su alejamiento de una década con Mauricio Macri. Más de lo que se sabe.
Santilli ahora se encontró con el rosco: si le va bien, tiene cuatro caminos. Quedarse donde está si Milei es reelecto. Ir a su candidatura bonaerense. Soñar que la vicepresidencia de Milei siga vacante (es firme el nombre de Sandra Pettovello, pero no le gusta el tema de presidir el Senado) o ser candidato LLA en la ciudad de Buenos Aires.
La historia está repleta de historias: Santilli no acompañó la movida del macrismo porteño de ir contra LLA en la elección local que ganó Adorni. No fue a ningún acto ni se puso el buzo amarillo.
Nada es casual.