Que, por ejemplo, Juan Grabois, hace las cosas por plata, y no para sacar a nadie de la pobreza, lo sabemos, por lo menos, desde 2018. Que tampoco tiene la más mínima coherencia sino un super ego tamaño Dios que explica el choreo de los comedores fantasma para financiar su campaña presidencial, tampoco es una gran novedad. Y sí. Al tipo un día le hizo ruido el patrimonio de los Kirchner hasta que otro día dejó de hacerle ruido. Una mañana puteó a Martín Guzmán para fogonear su reemplazo por Sergio Massa y acto seguido se dio vuelta como una media.
Pero viste como son los “dirigentes” peronistas en todas sus variantes ¿no? Pueden decir y hacer hoy una cosa y mañana otra. Y todo, por supuesto, siquiera, de fingir demencia.
Por eso resultó tan tragicómico el contenido del maltrato de Grabois contra Leila Gianni. Como si la conversión de la funcionaria- de cristinista a macrista y más tarde a massista- fuera imperdonable. Y como si los miserables virajes de Grabois, que incluyen el vidrioso padrinazgo espiritual de Jorge Bergoglio, fuesen pura virtud. Vamos. Seamos serios.
De hecho, Grabois, igual que Gianni, también estuvo, no solo con Alberto, sino también cerca de Macri, a través de Mario Quintana y Carolina Stanley, los funcionarios que le dieron planes y otros subsidios. Es más: nos consta que, en su momento, Grabois fue a pedirle la escupidera a Milei. Es decir: creemos que este saltimbanqui también se pudo haber sumado a las fuerzas del cielo, si el presidente le hubiera dado cabida.
Y ya que hablamos de negocios y política. ¿Alguien podría responder, desde el gobierno, por qué le detectaron a la agrupación de Grabois tantos comedores fantasmas, por un lado, pero todavía no encontraron ninguna irregularidad en la administración del Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), por el otro?
¿O necesita, el nuevo administrador del FISU, Sebastián Pareja, que le enviemos algunos de los informes televisivos, donde la “graboista” Fernanda Miño aparece metiendo la pata una y otra vez?
Según escribió Ignacio Ortelli, en Clarín este fin de semana, Milei le dio luz verde a Sandra Pettovello para que audite el FISU. También autorizó a su “brigada anticorrupción” para cruzar datos entre los proyectos pagados, los registrados y los terminados. Es más: todo indica que lo convalidó ayer, en la Quinta de Olivos, junto al presidente y al propio ministro de Economía.
Sin embargo, la ministra deberá responder otra pregunta, antes de que sea demasiado tarde: por qué Capital Humano firmó un contrato con el PNUD, un organismo de la ONU, por 14 mil millones de pesos, para comprar alimentos, en febrero, y todavía no adquirió ni repartió ninguno.
Y este nuevo caso amenaza con transformarse en un dolor de cabeza tan o más grande que el de las seis toneladas de alimentos. Pero ahora que ya cumplió medio año de gestión: ¿Ya habrá aceptado Milei que este super ministerio, que incluye Desarrollo Social, Educación, Cultura y la Anses, es imposible de manejar para una sola persona, aunque sea honesta y tenga como principal objetivo terminar con todos los “pufos” de “la casta”? Hay indicios que demuestran que sí, aunque esta aceptación no incluye, por ahora, el reemplazo de Pettovello.
¿Está empezando a escuchar el presidente a quienes le aconsejan que tiene que lograr la aprobación de la ley bases, aunque eso implique morderse la lengua antes de hablar de “los degenerados fiscales” que, según él, se juntaron para impulsar una nueva fórmula jubilatoria, cuya segunda intención sería romper el equilibrio fiscal?
Todo indica que también lo va entendiendo, aunque acto seguido le explica a su círculo íntimo que le cuesta mucho callarse la boca. Que no forma parte de su naturaleza dejarla pasar. ¿Está empezando a escuchar Milei a quienes le insisten para que no haga viajes al exterior que se entiendan como auto celebratorios? ¿Escucha a los que le dicen que no acepte reportajes que tienen un alto impacto pero que podrían hacer dudar a futuros inversores? ¿En especial, quienes piden estabilidad y seguridad jurídica para empezar a invertir, aunque se divierten con las definiciones de Milei que comparten y celebran?
¿Habrá llegado el momento de abrir el juego a funcionarios con más experiencia, como los que le sugirió Mauricio Macri en su momento a Milei? La última vez que ambos acordaron trabajar en equipo, se puso sobre la mesa una hoja de ruta que incluyó: una estrategia parlamentaria conjunta para evitar “derrotas” como la de esta semana; y la designación de una serie de funcionarios, en la primera, segunda y tercera línea para mejorar la gestión y el funcionamiento general del gobierno.
Antes, la justificación era que Santiago Caputo no quería que el desembarco de cuadros de Macri fuera percibido como un “segundo tiempo”. Y que Nicolás Posse tampoco deseaba teñir el organigrama de amarillo. Pero ahora, que Posee no está y resulta evidente que el gobierno necesita menos topos, más funcionarios con cierta experiencia y mejor calidad de gestión ¿Cuál sería la traba?, se preguntan los hombres de Macri.
Hace más de un mes que Milei y el ex presidente no se ven en persona. Lo que todavía Macri no termina de entender es porque hay tantos altos funcionarios cercanos a Massa en entes como la Aduana, Transportes y la AFIP. Se sigue preguntando si es ingenuidad, un acuerdo político o un pacto de negocios. ¿Se viene una nueva cumbre para terminar de averiguarlo?
El presidente, igual que el ministro Caputo, creen que esta semana los mercados volverán a la normalidad. Esperan lo que consideran “muy buenas noticias”. Por ejemplo: la confirmación de que el índice de inflación sigue bajando. Y que se ubicará por debajo del 5 por ciento; la aprobación de la última revisión del programa del FMI, que incluirá un desembolso inmediato de 800 millones de dólares; la certeza de que, a lo sumo, de los 5 mil millones de dólares en swap que se le deben a China, solo se deberán abonar, en los próximos días, a lo sumo, mil millones de dólares; la posibilidad cierta de que se apruebe, en general, la Ley Bases, incluido el capítulo fiscal; y la evolución de la tabla semáforo del crecimiento de la actividad económica por sector. Ambos dicen que está virando del rojo al verde todos los días, un poco más.
¿Pero que está pasando con el humor social? Los últimos números de Facundo Nejamkis, de la consultora Opina, lo explican con claridad.
Parecen convivir dos escenarios. Dos climas. Un clima “círculo rojo” y de los analistas clásicos, muy preocupados, por ejemplo, con: la suba del dólar, la baja de los bonos argentinos y el supuesto atraso cambiario; la media sanción de la nueva fórmula jubilatoria preconfigurando una nueva mayoría en Diputados; la demora en aprobar la ley bases; los errores no forzados de gestión; el carácter y las formas de Milei. Este círculo es escéptico. Negativo. Pesimista.
Otro clima parecer ser el que vive la sociedad en general, donde todavía el presidente mantiene la amplia mayoría que lo llevó al poder, con más del 50 por ciento de los votos.
Nadie debería subestimar estos datos. Porque en cualquier caso es un escenario tenso, muy polarizado. Más polarizado, todavía, que el que había durante el gobierno de Alberto, Cristina y Massa. Sin embargo, el presidente y el gobierno deberían prestar atención a un cambio en las respuestas a las preguntas de los focus groups. Porque se está repitiendo, palabra más, palabra menos, la siguiente respuesta: “Milei quiere cambiar el país, pero estos hijos de puta no lo dejan”.
Y deberían prestar atención porque esa afirmación tiene dos caras. Una: la confirmación de que la casta sigue vivita y coleando. Y la otra: la aceptación de que Milei está empezando a registrar síntomas de impotencia. Más allá de los estimulantes baños de amor callejeros, incluidos los niños en edad escolar que saltan con el presidente, a metros de la Casa Rosada, al ritmo de su apellido.