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Que difícil hablar bien de Javier Milei. El sesgo ideológico lo tiñe todo. Hasta los hechos objetivos se transforman en campaña libertaria a la hora de ser analizados por un tercero.

El presidente de la Nación tuvo su mejor semana desde que asumió. Con apenas siete senadores y sin referencias partidarias propias a nivel nacional, logró que se aprobara la ley bases, renovó el swap de cinco mil millones de dólares con China y consiguió el desembolso del FMI tras aprobar la octava revisión, que afirmó que el programa está “firmemente encaminado”. Mostró un número de inflación que sigue a la baja -del 4,2 por ciento-, y se coló en la mesa de los poderosos del mundo, que lo abrazaron en el mismo G7 donde otros mandatarios argentinos pasaron tristemente desapercibidos. Goles. Después de semanas donde el arquero no podía atajar las pelotas de un dólar que salía del coma, mercados escépticos, la sospechosa salida de Gabinete de Nicolás Posse, el golpe de Diputados tras darle media sanción a la formula de movilidad previsional y mientras su ministra estrella, Sandra Petovello, estaba en el ojo de la tormenta por manejos vidriosos en el super ministerio de Capital Humano.

Sin embargo, se habló más de la derrota del kirchnerismo que de la victoria del libertario. De la traición de los justicialistas que de la construcción de los anarco-capitalistas. Si fue como la describen, la primera gran batalla perdida por el kirchnerismo desde las elecciones de octubre (que los dejó girando sin rumbo) también fue la primera gran batalla ganada por Milei desde el ballotage. ¿O no? La victoria esta vez no la escriben los que ganan sino los que pierden.

Desde acá se puede desgranar y analizar cada uno de los episodios vividos éstos últimos días. Pero negar lo evidente es de necio y cualquier planteo se torna interesado y especialmente subjetivo. Ganó. Construyó. Sin nada. Sin experiencia parlamentaria. Sin gobernadores. Sin una línea Bauza-Corach-Kohan que juegue todos los partidos como en el anterior gobierno liberal de los noventa. Con dos paros de la CGT a sus espaldas en seis meses de gestión.

El presidente Javier Milei y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva en la cumbre del G7 en Bari, Italia

El presidente Javier Milei y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en la cumbre del G7 en Bari, Italia. El FMI aprobó este jueves un desembolso de USD 800 millones para la Argentina

Milei lo hizo. Como Menem. Ahora sí... ¿vamos al cómo? Porque al igual que con el riojano, la historia no termina hasta que no se conocen las consecuencias de las acciones y cómo se llevaron a cabo sus objetivos. Para Milei, el fin justifica los medios. Lo dejó claro cuando aseguró, tras la derrota en Diputados, que estaba dispuesto a vetar todo y que le importaba tres carajos. Milei dixit.

Cabe preguntarse cuánto de pírrica tiene la victoria del presidente que se presenta como el nuevo y disruptivo exponente del antisistema cuando usó cada una de las lecciones de la vieja política. Más que combatir a la casta, jugó con las mismas reglas que le criticaba. Prometía llegar para romperlas. Las terminó haciendo propias: ¿y las convicciones? Esta vez el presidente parece haberlas dejado en las puertas del Senado.

El hombre que dio la cara para negociar la ley que Milei dice necesitar como el agua fue el flamante jefe de Gabinete Guillermo Francos. Tiene tanto de la nueva política como cualquier barón del conurbano, sin la connotación negativa de ese grupete de poder. Llegó al BID en 2019 por recomendación del entonces secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz. Fue diputado por el partido de Domingo Cavallo, Acción por la República, en 1996. Y estuvo al frente del Banco Provincia durante las dos gestiones de Daniel Scioli como gobernador bonaerense durante la presidencia de CFK. Para los libertarios Francos no sería casta. Porque casta es según de la vara con la que se lo mide. Solamente por eso.

El domingo pasado en Opinión Pública expusieron dos nombres que no tuvieron la visibilidad de Francos en la victoria mileista pero sí un peso fundamental. Por un lado, el ingeniero también de la Corporación América José Rolandi. Hoy vicejefe de Gabinete con rango ministerial. Y María Ibarzabal Murphy. Actual secretaria de Planeamiento Estratégico. Muy cercana a Santiago Caputo, su cargo depende exclusivamente de Presidencia de la Nación.

Nuevas caras, viejas mañas. Sin ponerse colorado el diputado y ex jefe del bloque de La Libertad Avanza Oscar Zago confirmó lo que ya se conocía: que el voto en apoyo de la Ley Bases de la senadora Lucía Crexell fue a cambio del cargo de embajadora argentina ante la Unesco, con sede en París. Justamente el pliego de la senadora fue enviado por el Ejecutivo un día antes de que se votara la ley, como para no dejar dudas. Ella dijo que hubo “una oferta y una aceptación”. También sin ponerse colorados, los kirchneristas criticaron la maniobra como si ellos jamás hubiesen echado mano a esas prácticas. Confrontados con su propia historia algunos argumentaron que “negociar se negocia siempre, pero hay una diferencia moral entre quien lo hace en beneficio propio y personal que quien negocia, por ejemplo, una inversión o beneficios para su provincia”. Negociaciones buenas y malas. Morales y amorales. Milei no hizo distinción entre unas y otras y avanzó sobre todos. Edgardo Kueider entró a la Cámara Alta por Unión por la Patria y se desmarcó acompañando la ley al tiempo que se publicaba en el Boletín Oficial el decreto mediante el cual se modificaba la composición de la Comisión Técnica Mixta Salto Grande. Las especulaciones respecto de la posibilidad de ocupar una silla en esa mesa sonaron fuertes. Lo mismo pasó con el senador correntino Camau Espínola. La diputada Juliana Di Tullio pide la expulsión de ambos del PJ. Como la del mileísta más mileísta en la historia de Milei, Daniel Scioli.

Milei negoció con el manual de la vieja política bajo el brazo. Y ganó. ¿Por qué entonces dejaría de usarla? Se sumó a las acusaciones cruzadas por los desmanes en las afueras del Congreso, que dejaron manifestantes detenidos en las cárceles comunes de Ezeiza y Marcos Paz, en una medida que no tiene antecedentes. Sí, fue la Justicia la que tomó esa decisión en el marco de la causa que tramita la jueza federal María Servini. Casualmente, mientras la ministra de Seguridad Patricia Bullrich visita en El Salvador la cárcel más grande del continente, con detenciones de dudosa legalidad.

Milei aprendió rápido. Y el peronismo perdió reflejos, buscando todavía respuestas a lo que sucedió en las elecciones de octubre. Si no, no se explica cómo no pudieron contener a Espínola y a Kueider, cuando hacía ya semanas el periodista Ramón Indart hizo públicas las negociaciones que se llevaban a cabo.

Ahora tiene que seguir ganando y el partido no parece fácil. Lejos está de haberse consagrado en el campeonato. Va a necesitar de Xi Jigping y viajará a China a pesar de haber dicho con exagerado énfasis que no negociaba con comunistas. Algo parecido le pasa con el premier de Brasil Lula da Silva y con el español Pedro Sánchez, con una silla en el directorio en el FMI.

Con la ley bases bajo el brazo y una nueva fecha patria, 9 de julio, para convocar al pacto fundacional frustrado el último 25 de mayo, Milei se quedó sin excusas. Enfrenta el segundo semestre de su gestión con las herramientas que él mismo dijo necesitar para llevar adelante la presidencia anarco-capitalista. No. No puede esgrimir que la ley no salió como quería, porque de no haber sido su ley definitivamente podría haberla retirado y no lo hizo. Así convalido la Ley Bases como propia, a pesar de que la votaron ajenos.

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