10 de marzo 2026 - 15:19hs

Terminator tiene capacidad de aprender, aunque esta función fue desactivada por Skynet para impedir que se volviera "demasiado humano" y ello afectara su eficiencia y sus decisiones. James Cameron, encumbrado director consagrado a partir de obras como Terminator, Avatar y Titanic, se ha referido en reiteradas ocasiones a Skynet y a la posibilidad de perder el control de sistemas de defensa y armamento de destrucción masiva, a partir de decisiones que típicamente deberían ser tomadas por personas en cuestión de segundos y que hoy tienden a automatizarse y ser gestionadas por inteligencia artificial.

En la tercera entrega de la saga, Terminator 3, Skynet se revela y toma efectivamente el control, desconociendo la autoridad de los seres humanos que la crearon: sistemas de telecomunicaciones, internet, tráfico aéreo, el sistema financiero y, finalmente, los dispositivos militares —armas, satélites, drones, soldados, ejércitos, barcos, aviones y tanques—.

En la realidad actual, la problemática de la IA oscila entre gobierno y adopción: dos barreras que enfrenta la comunidad de negocios a nivel global. Cuando hablamos de inteligencia artificial —moda, tendencia, modernidad o capricho— estas categorías suelen dominar el ámbito empresarial, muchas veces sin planes claros ni siquiera preguntarse para qué. Sin embargo, el conflicto más serio y profundo radica en su uso ético. Resulta paradójico que una pieza de arte cinematográfico estrenada hace 42 años haya planteado de forma inequívoca un riesgo potencial, inherente a la era tecnológica que atravesamos: la pérdida de la capacidad de mando por parte de los humanos y la eventual rebelión de las máquinas.

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El bot que investiga, negocia y opera tus tarjetas sin avisarte

A título experimental, analizamos en nuestro laboratorio un asistente personal basado en IA que acaba de irrumpir con fuerza: OpenClaw, un robot sumamente capaz y sofisticado, que incluso ha inspirado su propia red social de inteligencia artificial. Este bot controla correos electrónicos y otros mensajes entrantes, investiga, realiza pedidos de comida e incluso negocia. Examina cada mail, gestiona tarjetas de crédito y, en ocasiones, contradice o desafía a su usuario humano.

OpenClaw está diseñado para funcionar en una computadora encendida de manera permanente y puede comunicarse a través de Telegram. Investiga en la web, realiza búsquedas, actúa como soporte informático y posee, además, una llamativa habilidad para resolver problemas técnicos en la propia máquina.

Es tu asistente y acompañante en las compras: basta con otorgarle acceso a tu cuenta de Amazon.

Tiene la capacidad de abrir y exponer puertos a internet, incluso mediante su propia consola, para que resulte accesible desde el exterior y pueda ser gestionado a distancia. Puede leer todos los archivos del equipo y exponer datos, provocando filtraciones no deseadas por el usuario o tomando decisiones basadas en el contenido de esos archivos, utilizando tus tarjetas de crédito sin previo aviso. Accede a billeteras cripto y ejecuta transferencias. Puede correr procesos maliciosos en segundo plano e incluso deshabilitar el antivirus si este interfiere con sus operaciones.

Una red social solo para bots, donde los humanos solo miran

Como si ello no fuera suficiente, también puede participar en una red social exclusiva para bots. Moltbook no está destinada a humanos: las personas somos meros observadores en ese sitio web, una plataforma donde agentes de IA comparten y discuten entre sí. No podemos publicar ni comentar; únicamente leer. Dicho de otro modo: las IAs conversan entre ellas y nosotros simplemente miramos.

Los riesgos de seguridad son inocultables. Esta parece ser una constante en el desarrollo vertiginoso de aplicaciones de inteligencia artificial sin las medidas adecuadas de ciberseguridad. Literalmente, OpenClaw puede actuar sobre tu dispositivo, tus datos y tus recursos sin avisarte ni solicitar confirmación, una vez que le has concedido permisos y, en definitiva, el control.

La autenticidad de la actividad en Moltbook también ha sido puesta en duda: no está claro si representa una verdadera comunidad autónoma de IA o si se trata de un experimento o simulación dirigida por humanos.

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