Amodei había publicado el ensayo “We Must Pace the Frontier” ("Debemos marcar el ritmo de la frontera"), en el que advertía sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial empezara a mejorar las siguientes generaciones de modelos a una velocidad superior a nuestra capacidad para comprenderlos y controlarlos.
El problema, según explica el fundador de Anthropic, es que ninguna compañía quiere quedarse atrás mientras sus competidores avanzan, incluso cuando sus propios investigadores consideran que sería conveniente dedicar más tiempo a las pruebas de seguridad.
Por eso, Amodei propone incorporar evaluadores independientes dentro de los laboratorios, establecer normas comunes entre las empresas de países democráticos y buscar acuerdos internacionales que también incluyan a China.
Anthropic se comprometió a aplicar la primera medida por su cuenta. Las demás necesitarían la participación del resto de la industria y, en algunos casos, de los gobiernos.
Altman respaldó públicamente la propuesta y Musk respondió con tres palabras: "Dario tiene razón". Amodei no pedía detener el entrenamiento ni cancelar los próximos lanzamientos, sino conseguir que las medidas de seguridad avanzaran al mismo ritmo que las capacidades de los modelos.
Claude Opus 5.5: trabajos de veinte horas resueltos en menos de tres
Diez días más tarde, Anthropic presentó Claude Opus 5.5 como su modelo más avanzado para programación, investigación y trabajos profesionales.
Su principal argumento de venta es que puede hacer trabajos que antes exigían mucho más tiempo y dinero.
Según los resultados publicados por la compañía, genera respuestas un 30 % más rápido que Opus 5 y cuesta un 40 % menos en tareas habituales, aunque la reducción de las tarifas por millón de tokens (las unidades mínimas de texto que procesa la IA) es del 20 %.
El precio queda en 4 dólares por millón de tokens de entrada y 20 dólares por millón de salida. También ha reducido un 60 % el coste de reutilizar información que el sistema ya había procesado.
Más allá de las tarifas, uno de los primeros usuarios consiguió revisar y corregir un proyecto de 200.000 líneas de código en menos de tres horas, frente a las más de veinte que necesitó el modelo anterior.
En otra prueba, Claude analizó una posible fusión entre dos empresas ficticias, elaboró un modelo financiero en Excel y preparó una presentación ejecutiva en 63 minutos. Opus 5 había necesitado 93 minutos para completar el mismo encargo y había cometido algunos errores que su sucesor evitó.
La empresa también destaca mejoras en la escritura, con respuestas más claras, menos tecnicismos y mayor facilidad para revisar trabajos extensos.
Son pruebas realizadas en condiciones específicas, pero permiten hacerse una idea de hacia dónde están llevando estos modelos, que cada vez pueden hacerse cargo de trabajos más largos sin necesitar instrucciones humanas a cada paso.
GPT-6 Sol y Luna: OpenAI apuesta por abaratar la IA avanzada
OpenAI eligió el mismo día para ampliar su familia GPT-6 con dos modelos que incorporan buena parte de los avances de Astra, su sistema más potente.
Sol está pensado para trabajos exigentes que requieren razonamiento, programación o el uso de distintas aplicaciones, mientras que Luna ofrece una alternativa más rápida y económica para tareas frecuentes y procesos que necesitan muchas consultas.
En el caso de Sol, las tarifas bajaron de 4 a 2 dólares por millón de tokens de entrada y de 20 a 10 dólares por millón de tokens de salida, mientras Luna cuesta 0,10 dólares de entrada y 0,50 de salida, frente a los 0,20 y 1,20 dólares de su predecesor.
Son precios para desarrolladores y empresas que incorporan los modelos a sus productos, no una rebaja de las suscripciones de ChatGPT.
Además, OpenAI ha mejorado el sistema que permite reutilizar información ya procesada, con descuentos del 90 % cuando los modelos vuelven a consultar datos que tienen guardados.
La reducción puede parecer poco importante para alguien que utiliza ChatGPT unas cuantas veces al día, pero para una empresa que mantiene cientos de asistentes trabajando continuamente supone una diferencia considerable.
La compañía también asegura que sus nuevos modelos son más claros al responder, utilizan menos tecnicismos innecesarios y han mejorado su capacidad para trabajar con aplicaciones y completar tareas sin intervención humana constante.
La seguridad, un asunto que no se puede dejar de lado
Los anuncios también incluyen medidas de seguridad, un detalle especialmente importante después de las advertencias de Amodei.
Anthropic asegura que Opus 5.5 fue evaluado antes de su lanzamiento por organizaciones externas, entre ellas METR y Frontier Design, y que obtuvo sus mejores resultados hasta la fecha en las pruebas internas destinadas a comprobar si el modelo respeta las instrucciones y los límites establecidos.
Aseguran que incorpora un sistema que examina las acciones antes de ejecutarlas, un entorno aislado cuyo código puede auditarse y mayores defensas frente a instrucciones maliciosas ocultas en documentos o páginas web.
Este último problema, conocido como “prompt injection” , aparece cuando una IA encuentra contenido que intenta engañarla para que abandone la tarea que le encargó el usuario.
OpenAI, por su parte, asegura que Sol y Luna incorporan las mejoras de seguridad desarrolladas para Astra y que ambos muestran avances frente a sus predecesores, especialmente en evaluaciones diseñadas para detectar comportamientos engañosos durante tareas de programación.
Las dos compañías reconocen, sin embargo, que las pruebas tienen limitaciones. Que un modelo se comporte correctamente en un laboratorio no garantiza que vaya a hacerlo siempre cuando trabaja durante horas con acceso a herramientas, archivos o aplicaciones reales.
Usuarios llevan la propuesta de ralentización a Tribunales
Mientras las compañías presentaban sus nuevos modelos, la discusión sobre cuánto deberían avanzar ya había llegado a los tribunales. El 18 de septiembre, cuatro suscriptores de servicios de inteligencia artificial presentaron una demanda colectiva contra Anthropic, OpenAI, Google y SpaceXAI ante un tribunal federal del norte de California.
Los demandantes sostienen que las declaraciones públicas de sus responsables son indicios de un posible acuerdo para ralentizar el desarrollo de los modelos, lo que perjudicaría a quienes pagan por servicios que deberían mejorar en un mercado competitivo.
Se amparan en la Ley Sherman, que prohíbe determinados acuerdos entre empresas para restringir la competencia, y solicitan que se impida cualquier pacto de esas características.
La demanda menciona el ensayo de Amodei y el respaldo que recibió de Altman, Musk y Hassabis, pero una coincidencia pública sobre la necesidad de reforzar la seguridad no demuestra que exista un acuerdo ilegal.
La justicia tendrá que determinar si hubo coordinación efectiva y, en ese caso, si vulneró las normas de competencia. Por ahora, son acusaciones que no han sido probadas.
La coincidencia de los lanzamientos invita a preguntarse hasta dónde están dispuestas a llegar estas compañías para mantener su posición en el mercado, aunque hay una cuestión central. ¿Pedir que se modere el desarrollo de la inteligencia artificial es contradictorio con seguir lanzando modelos más potentes o venderlos más baratos?
Amodei no pidió paralizar la industria, sino dedicar suficiente tiempo a evaluar los riesgos antes de aumentar las capacidades de los sistemas. Anthropic asegura que sometió Opus 5.5 a evaluaciones externas y OpenAI afirma que sus nuevos modelos incorporan mejoras de seguridad respecto a los anteriores.
El problema es que, por ahora, buena parte de lo que sabemos sobre esas garantías procede de lo que dicen las propias empresas. La cuestión será comprobar qué independencia tienen los evaluadores externos, cuánto acceso reciben y qué sucede si concluyen que un modelo todavía no debería salir al mercado.
Las empresas pueden querer avanzar con prudencia y seguir compitiendo, pero necesitan demostrar que ambas cosas son compatibles. Y para eso no basta con publicar mejores resultados en los exámenes de seguridad de cada lanzamiento.
Para sumar ruido, Donald Trump defendió esta semana el desarrollo de la IA en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas.
“Estados Unidos rechaza totalmente cualquier intento de construir un esquema globalista de control de la inteligencia artificial”, dijo en referencia a los pedidos de los CEO’s de las IA’s.
También consideró que, a nivel mundial, “quien gana la superinteligencia, gana”, en referencia a la carrera por llegar antes una inteligencia artificial que superaría ampliamente las capacidades cognitivas humanas en casi todos los ámbitos.
Finalmente, Trump le cerró la puerta al control gubernamental: “No voy a frenar el crecimiento de algo que será más grande que la Revolución Industrial”, aseguró el presidente más poderoso del planeta.
Laura Capriata es Investigadora de IA