Como Dios, el karma también tiene caminos misteriosos.

Oscar Puente entra en un ascensor de utilería de los estudios de la Sexta, uno de los Telepedros, como llaman a los canales de la TV española que siguen sin equivocarse los ritmos preferidos del presidente Pedro Sánchez.

Puente, un sátiro de las redes sociales que jamás descansa en la política de España, se acomoda entre los actores y uno de ellos está vestido de oso. Pero el ascensor se descompone y no sube. Todos se lamentan y el ministro de Transporte hace la broma que jamás debió hacer.

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- Vaya por Dios, como que ya no tuviéramos bastante con la Renfe…-, dice Puente, bromeando con la compañía estatal de trenes de España y con sus accidentes.

La broma fue hace una semana. Y Oscar Puente no sabía, como no sabe muchas cosas de las que están bajo su responsabilidad, que siete días después un tren de Renfe iba a chocar a otro tren cerca de Toledo para matar a 68 personas y herir a otro centenar en una de las tragedias más dolorosas de la historia ferroviaria de España.

La imagen del Puentes bufón es la más viralizada de la tragedia en las redes sociales y obligará a Pedro Sánchez a echarlo del gobierno cuanto antes. O a sufrir las consecuencias.

Es lo que el presidente de España, candidato a la reelección en las elecciones del 29 de noviembre complicado en todas las encuestas de intención de voto, no hizo el 18 de enero cuando otro tren descarrilado en el pueblo de Adamuz, Andalucía, terminó siendo la tumba de otros 46 españoles.

Por eso, y a un mes exacto de las elecciones generales, es muy posible que estos largos diez meses de indecisión se conviertan en derrota electoral para el hasta ahora infalible Pedro Sánchez.

Evidentemente, no tiene buen ojo Pedro Sánchez para elegir a los ministros de Transportes.

El anterior, José Luis Ábalos, se destacó básicamente por haber cobrado coimas por la venta de mascarillas al Estado durante la pandemia; por facilitarle el camino a la hoy presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, cuando estaba en el aeropuerto de Barajas con valijas de contenido muy sospechoso; y por ubicar algunas prostitutas en la plantilla de las empresas estatales bajo su dominio. Un keynesiano de verdad.

A fines de noviembre, Ábalos cumplirá un año en la cárcel madrileña de Soto del Real adonde deberá pasar un tiempo más por la Justicia lo condenó a veinticuatro años y tres meses de prisión por cohecho, malversación de fondos, tráfico de influencias y organizaciones criminal.

Aún con semejante prontuario, hay que reconocerle a Ábalos que, durante su gestión, no hubo tragedias ferroviarias. Esa medalla de plomo, la de los accidentes, está colgada sobre el pecho del áspero Oscar Puente, quien había comenzado a mostrar sus dotes para la batalla mediática en junio de 2024.

En ese momento, el flamante presidente argentino, Javier Milei, estaba preparando el primero de sus siete viajes a España y el ministro preferido de Pedro Sánchez decidió recibirlo con uno de sus ataques mediáticos y acusarlo en un panel del PSOE de “ingerir sustancias”. Un modo sinuoso de llamarlo drogadicto.

Puente no sabía con quién se metía.

Milei aprovechó una tribuna de un acto de Vox para responder, aunque prefirió hacerlo directamente con el jefe mde Puente, Pedro Sánchez. Usó la palabra corrupción para referirse a la esposa del presidente y la contienda escaló sin frenos hasta que los gobiernos de España y Argentina retiraron a sus embajadores. La relación entre los dos países se mantuvo a salvo pero -como se sabe- el conflicto personal esta cada vez peor.

El dato es que Oscar Puente se ha convertido en una mochila de cemento para Pedro Sánchez.

Media España le pidió que lo echara en enero, después de la tragedia en Andalucía, y ahora son multitudes las que rugen para que el ministro que sonó hasta como posible reemplazante del líder en el Partido Socialista sea arrojado a los infiernos.

De hecho, unos cientos de manifestantes indignados fueron en la noche luctuosa del miércoles hasta el ministerio de Transporte para protestar y la Policía de Pedro salió presurosa a reprimirlos.

Se trata de una sociedad que siempre estuvo orgullosa de sus trenes, con las vías férreas más extensas del planeta después de China, y que ahora siente temor de viajar en un medio de transporte que está en su corazón.

“Twitter no es tu trabajo; tu trabajo es el transporte público”.

La frase, quizás la más fuerte de estas horas donde se cuentan los muertos del accidente de Urda (el pueblo del choque y el descarrilamiento) la posteó en su cuenta personal el popular mediocampista del Atletico de Madrid, Marco Llorente, célebre por seguir una dieta paleolítica con ayuno intermitente y por haber integrado la Selección española campeona del mundo en Nueva York.

El último esfuerzo de Oscar Puente en el poder fue lanzar en conferencia de prensa que la tragedia de Toledo pudo deberse a “un error humano”, la deriva clásica de los funcionarios cuando intentan sacarse una parte de la culpa por sus gestiones deficientes.

Algo parecido sucedió con la tragedia anterior en Andalucía hasta que la investigación concluyó en que faltaba un pedazo de hierro en la vía por falta de mantenimiento.

En las calles y en los bares de España solo se discute cuánto debe tardar Pedro Sánchez en sacarlo a patadas al rudo ministro de Transportes de un gabinete que hace agua por todos lados.

Si algo le faltaba a un país agobiado que tiene a Ceuta invadido por inmigrantes ilegales y a la Puerta del Sol llena de carpas con activistas bailando flamenco, la cara dura de Oscar Puente va camino a convertirse en una esfinge para no olvidar jamás a los muertos de la desidia, de la ignorancia y de la incompetencia.

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