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El gobierno cubano anunció la liberación de 2.010 presos, el mayor indulto en décadas, presentado como un gesto “humanitario y soberano” en medio de la crisis energética y económica que atraviesa la isla. La medida coincide con Semana Santa y es la segunda excarcelación masiva en este año.

A través de un comunicado publicado en el diario Granma el gobierno cubano afirma que “este gesto humanitario y soberano partió de un análisis cuidadoso de las características de los hechos cometidos por los sancionados, la buena conducta mantenida en prisión, haber extinguido una parte importante de su sanción y estado de salud”.

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Calle de La Habana

Añade que “es por ello que en el total de excarcelados aparecen jóvenes, mujeres, adultos mayores de 60 años, los que arriban al término de libertad anticipada en el último semestre y próximo año; así como extranjeros y ciudadanos cubanos residentes en el exterior”.

El castrismo recurre a las series históricas y afirma que “este es el quinto indulto que realiza el Gobierno cubano desde 2011, con los que se han beneficiado más de 11.000 personas”.

La excarcelación se produce en medio de las negociaciones entre el gobierno cubano, encabezado por Miguel Díaz-Canel, y la administración de Donald Trump, que esta semana suavizó la presión al permitir la llegada a la isla de un buque petrolero ruso con un cargamento de crudo.

El Anatoly Kolodkin, con un cargamento de 700.000 barriles, atracó en el puerto de Matanzas según confirmaron las autoridades rusas. Se trata del primer envío que arriba a la isla en semanas, luego de que el gobierno estadounidense ejerciera presión para que países aliados del régimen cubano, como Venezuela, suspendieran sus despachos de crudo.

El pasado 3 de enero una operación militar de Estados Unidos en Venezuela capturó al mandatario Nicolás Maduro y lo trasladó a una cárcel de Nueva York para ser juzgado por narcotráfico. La vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el mando y ha aceptado las exigencias de Washington. El nuevo escenario en Caracas refuerza la presión sobre La Habana.

Miguel Diaz-Canel, presidente de Cuba. AFP

Miguel Díaz-Canel

Conversaciones y amenazas

En paralelo a la presión económica Washington mantiene negociaciones, cargadas de hermetismo, con el gobierno cubano. Tras intensos rumores a mediados de marzo Díaz Canel, confirmó que hay “conversaciones” con la administración estadounidense y destacó la necesidad de “soberanía” y “autodeterminación” de La Habana.

El mandatario aseguró que este diálogo intenta “buscar soluciones a las diferencias bilaterales” y que hay “factores internacionales” que han facilitado el intercambio, sin dar más detalles al respecto. Al mismo tiempo Trump ha mantenido un tono amenazante. Hace dos semanas afirmó: "Creo que tendré el honor de tomar Cuba. Eso sería bueno” y agregó que “ya sea que la libere o la tome, creo que puedo hacer cualquier cosa que quiera con ella”.

En un intento por apaciguar a Estados Unidos el gobierno cubano ha enviado algunas señales en materia económica. A principios de marzo el ministro de Comercio Exterior Oscar Pérez afirmó en una entrevista con la cadena estadounidense NBC que “Cuba está abierta a mantener una relación comercial fluida con empresas estadounidenses” y “también con cubanos residentes en Estados Unidos y sus descendientes”.

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La Habana en medio de uno de los frecuentes apagones

Puente y línea dura

En paralelo, la embajadora de Cuba en Washington, Lianys Torres Rivera, trazó en una entrevista exclusiva con el diario USA Today un mapa de ruta para acercar a los dos países, pero subrayó que La Habana no renunciará a su soberanía.

“Hay un enorme rango de temas que podemos discutir con Estados Unidos que, estamos bastante seguros, benefician tanto los intereses nacionales de Estados Unidos como los de Cuba”, afirmó. Y añadió: “¿Estados Unidos quiere participar en la transformación económica en Cuba? Hagámoslo”.

Sin embargo, la posición del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, es diametralmente opuesta. Durante la reunión de ministros de Relaciones Exteriores del G-7 en París, la semana pasada, afirmó: “La economía de Cuba necesita cambiar, y no puede cambiar a menos que cambie su sistema de gobierno. Es así de simple”.

Rubio incluso ironizó sobre la posibilidad de inversión extranjera en la isla: “¿Quién va a invertir miles de millones de dólares en un país comunista gobernado por comunistas incompetentes?”.

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