En un escenario de virtual empate técnico en las últimas encuestas, el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro protagonizaron la noche del domingo su primer debate televisivo de cara al balotaje que decidirá la elección presidencial en Brasil. Lejos de girar en torno a planes de gobierno o disputar el voto de los indecisos, el encuentro de casi dos horas transmitido por Band TV derivó en un áspero cruce de insultos, señalamientos de corrupción y ataques a sus entornos familiares.

El choque televisivo se produjo sobre un tablero milimétrico. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal, venció a Lula, el histórico líder del Partido de los Trabajadores, en un estrecho resultado de 47% a 45% de los votos válidos. Según el sondeo de AtlasIntel divulgado este lunes sobre la segunda vuelta del próximo domingo, Bolsonaro lidera con el 51,1% frente al 48,9% de Lula.

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En la misma línea, la consultora BTG Pactual/Nexus ubicó al senador con un 50,3% contra un 49,7% del mandatario. Ambos estudios, con márgenes de error de uno y dos puntos respectivamente, confirman una contienda abierta en la que Lula desafía el precedente histórico brasileño de que quien pierde la ronda inicial jamás ha ganado la presidencia.

Cuentas bajo sospecha

El encuentro rápidamente abandonó cualquier pretensión de debate programático y adoptó una dinámica agresiva y fragmentada, pensada para los cortes de redes sociales. Lula vistió de traje con una corbata con los colores de la bandera brasileña, mientras que Flávio eligió un atuendo menos formal.

En uno de los primeros cruces de palabras, Lula se apartó físicamente de su rival para marcar "distancia con miliciano", en alusión a presuntos nexos del senador con grupos parapoliciales de Río de Janeiro. Bolsonaro contraatacó advirtiendo que convenía tener lejos al mandatario porque “la billetera puede ser robada”, mostró la palma de su mano con la palabra escrita “Corrupto” y se paró reiteradamente detrás del presidente gesticulando ante las cámaras.

Los agravios escalaron al punto de que el mandatario calificó a su oponente de “payaso”, “malandro” y “mentiroso contumaz”, mientras el senador remató: “Brasil te va a jubilar”.

Las acusaciones cruzadas no tardaron en involucrar a los entornos familiares. Bolsonaro cuestionó los supuestos desvíos en el sistema de pensiones vinculados a “Lulinha”, el hijo mayor de Lula, y criticó los gastos de la primera dama Janja da Silva.

El presidente replicó recordando los 134 millones de reales (unos 24 millones de dólares) solicitados por el senador al banquero investigado Daniel Vorcaro para financiar una película sobre Jair Bolsonaro, el expresidente y padre de Flávio, condenado por intentar un golpe de Estado.

Lula continuó su ataque y le exigió a Flávio que explique cómo adquirió una casa de 10 millones de reales (unos dos millones de dólares) con su salario parlamentario. En el momento de mayor tensión de la noche, Lula desafió al opositor a someter las cuentas bancarias de ambas familias al escrutinio del Tribunal Supremo y de la justicia electoral antes del balotaje: “En lugar de decir que eres honesto, demuéstralo”, lo increpó.

El bolsillo en juego

Por los indicadores macroeconómicos, la economía debería jugar a favor de Lula: el desempleo es bajo, la inflación permanece contenida y hay crecimiento, aunque con pérdida de empuje. Sin embargo, este balance no ha evitado un clima de malestar generalizado. El creciente endeudamiento de los hogares se ha convertido en un obstáculo para el líder de izquierda, al tiempo que los mercados fijan su mirada en un abultado déficit en las cuentas del Estado equivalente al 9% del PIB y una deuda pública en alza que roza el 83% del producto.

Las facilidades para acceder a financiamiento mediante tarjetas de crédito, préstamos con descuento en nómina y esquemas de “compra ahora, paga después” alimentan una burbuja crediticia que no deja de crecer. De acuerdo con la Confederación Nacional del Comercio, el 82% de las familias está endeudada, el nivel más alto de la serie histórica iniciada en 2010. Al mismo tiempo, en promedio, el 29% del ingreso mensual de los hogares lo absorbe el pago de cuotas e intereses, según datos del Banco Central.

Flávio Bolsonaro

Flávio Bolsonaro buscó capitalizar este malestar por el costo de vida acusando al presidente de "gastar locamente" para asegurarse la reelección mediante el aumento de subsidios y programas de ayuda. Para contrarrestarlo, prometió congelar las deudas personales por seis meses, las de empresas por un año y crear un "Ministerio de la Prosperidad", además de garantizar que mantendrá programas sociales como Bolsa Familia.

Lula descalificó las iniciativas de su rival asegurando que desconoce la realidad de la clase trabajadora y contraatacó advirtiendo que el plan del Partido Liberal esconde un severo ajuste fiscal. En ese pasaje, el líder del PT le preguntó con ironía a Bolsonaro si planea tomar prestada la "motosierra" del presidente argentino Javier Milei para recortar el gasto público, al tiempo que defendió los recientes alivios financieros de su administración y la aprobación legislativa para reducir la jornada laboral de seis a cinco días.

La mano dura

El auge de las bandas criminales, los asesinatos y los robos en las grandes ciudades han convertido a la inseguridad en uno de los factores que encabezan las principales preocupaciones de los brasileños.

Flávio Bolsonaro mantuvo su postura de mano dura: prometió declarar la "guerra al narcoterrorismo", clasificar a organizaciones criminales como el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho bajo esa categoría, reducir la edad de imputabilidad penal a los 14 años para delitos graves y aplicar castración química a violadores.

Luiz Inácio Lula da Silva

Al defender la baja en la edad penal, el senador aprovechó además para burlarse del repentino giro del Partido de los Trabajadores en el Congreso, que a pocos días del balotaje comenzó a apoyar la medida: “Debería haber elecciones todas las semanas”, ironizó.

Lula replicó defendiendo su proyecto para crear un Ministerio de Seguridad Pública que coordine acciones con los estados y le reprochó a su oponente su historial político en Río de Janeiro, acusándolo de haber defendido en el pasado a un policía imputado por el asesinato de una niña de cinco años y de obstaculizar investigaciones contra uniformados.

Alineamiento con Trump

El debate también se trasladó al plano geopolítico cuando Lula cuestionó la subordinación de la familia Bolsonaro a los intereses de Washington y a la figura de Donald Trump, acusando al senador de pretender abrir la explotación de recursos estratégicos como las tierras raras a capitales estadounidenses.

Flávio Bolsonaro rechazó los señalamientos, calificó la afirmación como una noticia falsa y aseguró que sus viajes al exterior buscaron defender a la industria brasileña frente a barreras arancelarias, además de justificar la adhesión a la iniciativa Escudo de las Américas como un mecanismo de cooperación regional contra el narcotráfico.

Concentración a favor de Bolsonaro en Sao Paulo

La pugna televisiva coronó una intensa jornada de movilizaciones en las principales capitales del país. Vestidos de verde y amarillo, decenas de miles de simpatizantes de la derecha —unos 70.000 según la Universidad de São Paulo— coparon la Avenida Paulista para respaldar al senador y exigir la liberación del expresidente Jair Bolsonaro, quien cumple condena por intento de golpe de Estado.

En paralelo, las bases lulistas se concentraron en la playa de Copacabana en Río de Janeiro junto a artistas como Caetano Veloso, reuniendo a más de 50.000 personas en defensa de la democracia y los programas sociales.

Sin un golpe de gracia ni un vencedor indiscutible en este primer choque, ambos aspirantes apuestan ahora sus últimas fichas al viernes en la pantalla de TV Globo, en lo que será el debate definitivo a solo 48 horas de que los brasileños elijan a su próximo presidente.

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