A pocos días de las midterms del 3 de noviembre en Estados Unidos, los inversores buscan señales sobre qué puede significar un eventual cambio en el Congreso para sus carteras. Morgan Stanley Wealth Management dio a conocer un informe en el que su jefa de Política de EEUU y Estrategia Geopolítica responde a las siete preguntas que más escuchó durante una gira por más de 25 ciudades de 13 estados y Washington D.C con importantes inversores. La conclusión central es matizada. "Si bien esta elección probablemente reconfigurará Washington, no necesariamente reconfigurará las perspectivas de inversión", sostiene Monica Guerra.
Morgan Stanley mantiene su expectativa de que los demócratas recuperen la Cámara de Representantes, donde necesitan ganar apenas tres bancas para alcanzar la mayoría de 218. El cambio más relevante está en el Senado: en las últimas semanas, el banco pasó de pronosticar que los republicanos conservarían el control a considerarlo “un empate técnico” (toss-up), con una leve ventaja demócrata.
Qué significa para los mercados
El motivo es la presión del costo de vida y un consumidor menos optimista, factores que “pesan sobre el partido en el poder”. Aun así, los demócratas deben ganar cuatro escaños para controlar la cámara alta de 100 miembros, y los recursos de campaña republicanos y las condiciones de cada contienda “aún podrían limitar” esas ganancias.
Si, como se espera, los demócratas toman la cámara baja, el resultado será un gobierno dividido sin importar quién controle el Senado. En ese escenario, advierte el informe, “es difícil hacer cambios legislativos de gran alcance”.
¿Es bueno un gobierno dividido para los mercados? "Con frecuencia, sí. La razón es que el estancamiento político vuelve menos probables los cambios drásticos en impuestos, regulación y gasto público", dice Morgan Stanley. Según el informe, con un presidente republicano, el S&P 500 ganó en promedio cerca de 16% en el año calendario posterior a las elecciones de medio término cuando los demócratas controlaron ambas cámaras, y 23% cuando el Congreso quedó dividido entre los partidos.
El banco aclara, sin embargo, que “el rendimiento pasado no garantiza resultados futuros”. Además, las acciones ya tuvieron en 2026 un desempeño mejor que el típico segundo año de un mandato presidencial, lo que podría dejar menos margen de suba tras los comicios. Esto aplicaría en particular a tecnología y energía, sectores que acumulan fuertes alzas. Los titulares sobre escrutinio regulatorio o posibles recortes de apoyo estatal podrían provocar retrocesos, incluso si las perspectivas de ganancias a largo plazo no cambian, lo que “puede crear oportunidades selectivas” cuando la reacción exceda el impacto real sobre los negocios.
Petróleo, inflación y el impacto en elecciones
La parálisis legislativa no borra el riesgo político. Las decisiones del Ejecutivo y de las agencias federales, así como las audiencias, investigaciones y propuestas en el Congreso, pueden mover las acciones aunque no lleguen a convertirse en ley.
La clave para el inversor, plantea Morgan Stanley, es discernir si un desarrollo político puede alterar los costos o las ganancias de una empresa o si solo genera volatilidad de corto plazo. Con todo, el estancamiento “limitaría materialmente” el alcance de grandes leyes sobre financiamiento público o costos corporativos y, por lo tanto, la posibilidad de cambios duraderos en los resultados de las compañías.
La creciente oposición a los centros de datos podría demorar algunos proyectos y generar oscilaciones de precios en las acciones vinculadas a la infraestructura de IA, pero no necesariamente debilitará sus perspectivas de largo plazo. Las pausas estatales o locales, señala el banco, pueden incluso derivar en acuerdos para mejorar la red eléctrica y otras inversiones que respondan a las preocupaciones de las comunidades por el costo de la electricidad.
Morgan Stanley considera “cada vez más improbable” que el conflicto con Irán termine rápido. Y aunque terminara, el alivio para los consumidores por los altos precios de la energía llegaría “demasiado tarde” para influir en el sentimiento del votante.
Según estimaciones de Morgan Stanley Research, una vez reabierto el estrecho de Ormuz podrían pasar unos cuatro meses hasta recuperar el 75% de la producción perdida en Medio Oriente, y la normalización total se extendería “bien entrado 2027”. Los cuellos de botella logísticos y técnicos mantendrían ajustada la oferta de petróleo y combustibles, limitando la velocidad con que bajarían los costos energéticos.
Tasas de interés en la mira
Las elecciones, por sí solas, difícilmente cambian de forma sustancial el panorama de largo plazo de las tasas o del déficit fiscal. El abultado endeudamiento y la emisión de bonos del Tesoro suelen presionar al alza los rendimientos, lo que a menudo afecta los precios de los activos. Los recortes de gasto podrían reducir algo el endeudamiento, pero achicar de manera significativa la brecha exigiría cambios tributarios y de gasto más amplios, difíciles bajo un gobierno dividido. “Un cambio en el Congreso no traerá necesariamente tasas sustancialmente más bajas ni un impulso duradero para los bonos”, resume el informe.
Una elección reñida o con resultados tardíos podría causar volatilidad de corto plazo, pero la demora, por sí sola, “difícilmente” cambiaría las fuerzas de fondo del mercado. Históricamente, advierte, las elecciones legislativas disputadas tuvieron impacto limitado. Una interrupción más amplia de la integridad electoral o del proceso, en cambio, podría generar mayor turbulencia.
El informe cierra con un mensaje de cautela: un cambio en el control del Congreso puede afectar el gasto, la supervisión regulatoria y las prioridades legislativas, pero “el ciclo económico importa más que el partido que controle el Congreso” para el desempeño general del mercado. Y recomienda a los inversores mantener el foco en sus objetivos de largo plazo y consultar con su asesor financiero antes de hacer cambios tácticos.