La historia correntina tiene un nuevo hito. Sucedió hace 19 días, cuando Loan Danilo Peña despareció. Las crónicas que cuentan la tragedia aún se están escribiendo y cambian minuto a minuto. El final es incierto y el panorama desolador. Pero, la historia de una sociedad que descree de su Justicia y mira al poder político local con recelo se empezó a escribir hace 23 años, cuando el radicalismo se quedó con el Gobierno provincial.
El feudo radical que siempre gozó de la indiferencia de los medios porteños hoy está en el centro de la escena y a tope de la agenda. La búsqueda de Loan monopoliza los canales de noticias y marca picos de rating.
La UCR gobierna hace 23 años la provincia. Ningún editorialista de pluma pesada se atrevió a hablar de nepotismo, feudalismo o a deslizar que Corrientes sigue siendo una tierra donde las instituciones bailan al son de los caudillos. Goza de los beneficios de no ser gobernada por el peronismo. Una carta de indulgencia a la mirada sagaz de los grandes medios argentinos. Sin embrago, eso parece estar por cambiar.
La mano del tres veces ex gobernador Ricardo Colombi parece empezar a mecer la cuna de su hijo político, el actual mandatario provincial Gustavo Valdés. Ambos tienen los ojos puestos en el proceso electoral para que se llevará adelante el año que viene y que definirá quién será el próximo gobernador.
Represión, muerte e intervención: el comienzo de la hegemonía radical
Cuando asumió Fernando de la Rúa, Corrientes estaba sitiada. Los cortes de ruta marcaban el pulso de la provincia. Docentes y estatales acumulaban cinco meses sin cobrar. Los movimientos de desocupados crecían a la vera de la ruta. Una de las principales protestas se situaba en el puente Chaco-Corrientes.
Habían pasado tan sólo seis días de la asunción, cuando desde la Casa Rosada se decidió intervenir la provincia y reprimir los cortes de ruta. Ese combo de decisiones que definió al cordobés Ramón Mestre como autoridad provincial comenzó con una feroz avanzada de Gendarmería que concluyó con dos manifestantes asesinados, más de cuarenta heridos -siete de bala- y casi treinta detenidos. A partir de ese momento hasta hoy el radicalismo es oficialismo en Corrientes. No sería la última vez que la política terminara salpicada de sangre.
La intervención de Mestre se extendió hasta marzo de 2001. Después de seis meses le dejó el lugar a otro radical cordobés, Oscar Aguad. La gestión del segundo interventor provincial, que concluyó días antes de la caída de Fernando de la Rúa, quedó signada por causas de corrupción.
El 10 de diciembre de 2001, elegido en las urnas, asumió Ricardo Colombi como Gobernador y comenzó a construir una dinastía que sigue en pie hasta hoy.
El reinado de Colombi y la rebelión de Valdés
Ricardo Colombi, sin posibilidad de reelección, impulsa a su primo Arturo Colombi para sucederlo en el cargo en las elecciones que se llevaron a cabo en el año 2005. El radicalismo se impone por amplio margen.
El peso de Ricardo Colombi fuera del poder crece y se extiende a todos los estamentos provinciales y a todos los empresarios de peso de la provincia. El plan de Colombi siempre fue volver al poder y reformar la constitución. Para cumplir sus objetivos tuvo que sofocar la rebelión de su primo, que lo enfrentó en las urnas en una de las campañas más tensas de las que tenga memoria la provincia.
En medio de la disputa de los Colombi por el poder apareció muerto un empresario de medios de la provincia, Hernán González Moreno, de 28 años.
El joven empresario, de estrecha relación con el entonces gobernador Arturo Colombi, apareció sin vida pocos días antes de las elecciones. Había denunciado a Ricardo Colombi por distintos hechos de corrupción. La noticia, como es obvio, tiñó el clima de esa elección, pero no pudo detener el regreso del Ricardo al poder.
La hipótesis sobre el suicidio o el asesinato fueron parte de la investigación. Hubo denuncias por entorpecimiento de la causa. Nada se aclaró. Nada parce haber cambiado.
El empoderamiento de Valdés y la interna a cielo abierto
Colombi terminó su mandato, fue reelegido y después ungió a su delfín, Gustavo Valdés. El actual gobernador correntino va por su segundo mandato y quiere más.
Valdés, que es gobernador desde 2017, construyó una imagen que parece impermeable a los vaivenes de sociales y económicos, por lo menos hasta ahora. Pese al crecimiento de la pobreza en la provincia y la desocupación, las encuestas locales le otorgaban hasta antes del estallido del caso Loan una imagen positiva de entre el 60% y 80%.
La imagen de Valdés sobrevivió a casi todo. A los incendios del 2023, a la pandemia, a funcionarios de su gobierno rompiendo el protocolo de la cuarentena, y denuncias de traslado irregular de vacunas contra el coronavirus. Pero todo puede cambiar.
El caso Loan estalla poco después de que el actual gobernador y su mentor rompieran su relación política públicamente. Colombi quiere ser gobernador por cuarta vez, Valés quiere poner a su propio delfín.
La ruptura dentro de la UCR de cara a las elecciones para gobernador que se llevarán a cabo el año próximo cambian el mapa político de la provincia, cambia la relación de fuerza dentro de la justicia y la relación con los medios. Ahora, Valdés es más vulnerable que antes. Colombi sigue siendo un hombre fuerte en la política litoraleña. Y eso se siente en la calle.
En el medio hay un caso que conmueve al país, pero la mezquindad política no entiende duelos. La sucesión del poder en Corrientes otra vez está salpicada por sangre.