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Durante 27 años, Cerro Vanguardia fue mucho más que un yacimiento: funcionó como motor económico, empleador central y punto de apoyo para el desarrollo de proveedores y servicios en Puerto San Julián. Ese impacto, medible en inversiones, exportaciones y crecimiento poblacional, hoy convive con una nueva etapa. Con un plan de cierre en marcha y la posibilidad de extender operaciones más allá de 2030, la discusión empieza a cambiar: no ya qué dejó la mina, sino qué queda cuando su peso empieza a disminuir.

De proyecto de 10 años a operación clave en Santa Cruz

Cerro Vanguardia es una de las operaciones mineras más longevas de la Argentina. En operación desde 1998, el yacimiento, controlado por AngloGold Ashanti (92,5%) y Fomicruz (7,5%), no solo superó ampliamente su vida útil original de 10 años, sino que se extendió hasta casi tres décadas de actividad continua.

Ubicada a 150 kilómetros de Puerto San Julián, la mina se consolidó como el principal empleador de la localidad, con una dotación actual de aproximadamente 1.220 empleados directos y 700 indirectos. El 76% del personal proviene de Santa Cruz, aunque no exclusivamente de San Julián, un punto clave para entender el alcance real del impacto local.

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A lo largo de su historia, Cerro Vanguardia generó U$S 2.100 millones en inversiones y U$S 7.300 millones en exportaciones. A la provincia le aportó más de U$S 454 millones en concepto de usufructo y más de U$S 55 millones en contribuciones a la comunidad. Se procesaron 25 millones de toneladas de roca para producir 6 millones de onzas de oro y 81 millones de onzas de plata a lo largo de la historia del proyecto.

Ese volumen económico se tradujo en un cambio estructural en Puerto San Julián: cuando comenzó la operación, la ciudad tenía unos 5.300 habitantes; hoy triplicó su población, en paralelo al desarrollo de la actividad minera.

Cierre aprobado, pero con una ventana abierta

En 2025, la Secretaría de Estado de Minería de Santa Cruz aprobó el plan de cierre progresivo de Cerro Vanguardia. La operación entra así en su etapa final, aunque con un margen de incertidumbre.

La posibilidad de extender la vida útil más allá de 2030 depende en gran parte del Proyecto Michelle, un área de exploración de 14.328 hectáreas que AngloGold Ashanti adquirió en diciembre de 2024 como parte de su estrategia de crecimiento regional.

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Ese dato es clave: el cierre está en marcha, pero no es necesariamente definitivo. Conviven dos procesos: un Plan de Cierre de Minas aprobado con un presupuesto de 114 millones de dólares y, en paralelo, la exploración del Proyecto Michelle para extender la operación más allá de 2028-2030.

Santa Cruz es la única provincia con una Ley de Cierre de Minas (N° 3.751) que exige actualizaciones cada dos años, lo que da un marco de previsibilidad técnica y social al proceso.

El rol de la FAD: entre la inversión social y la “licencia para operar”

Uno de los ejes centrales del modelo de Cerro Vanguardia es la Fundación Agencia de Desarrollo (FAD), creada en 2004/2006 como un esquema de articulación entre la empresa, el municipio, el Gobierno provincial, universidades y actores locales.

Desde la compañía la definen como un instrumento para “diversificar la matriz productiva y fortalecer el entramado social”. En la práctica, canaliza inversión hacia salud, educación, infraestructura, cultura, deporte y desarrollo emprendedor.

Entre las acciones concretas se incluyen:

También impulsa programas específicos como el monitoreo ambiental participativo, que involucra a vecinos en el control de la calidad del agua y el programa de “empresa abierta”, que permite visitas a la operación.

El salto presupuestario marca una aceleración en esta estrategia: en 2025 la FAD destinó más de U$S 270.000, mientras que para 2026 prevé alrededor de U$S 2,96 millones.

Detrás de esto hay un concepto conocido en la industria: la construcción de “licencia social para operar”. Es decir, no alcanza con producir: hay que sostener legitimidad en la comunidad.

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Dependencia, derrame y límites: la mirada desde la política local

El diputado por San Julián, Piero Boffi, pone el foco en el impacto económico real de la actividad más allá del empleo directo.

“La minería genera una considerable cadena de valor agregado, tal como sucede en Puerto San Julián, marcando una diferencia respecto a otras provincias”, sostiene. Según explica, la existencia de un registro de proveedores y el principio de “compre local” permitieron desarrollar capacidades en la ciudad.

Esa capacidad instalada hoy incluye servicios de ingeniería, catering y hotelería que ya operan también en otros sectores de Santa Cruz.

En paralelo, el desarrollo de proveedores y empleo local plantea un desafío de escala en términos de capital humano. Desde la propia empresa señalan que la expansión de la actividad requiere perfiles técnicos que hoy son difíciles de cubrir a nivel local.

Según explicó Agustín del Castillo, gerente de Relaciones Institucionales y Comunicación de Cerro Vanguardia, “no encontrás ingenieros de mina, no encontrás perforistas o fundidores”, y agregó que “hay una necesidad muy grande en capacitación y formación”.

En ese contexto, la compañía avanza en programas para desarrollar perfiles locales en el mediano plazo, aunque en la actualidad parte de la dotación se completa con trabajadores de otras provincias.

En la misma línea, el propio Boffi señala los desafíos pendientes: “Aún hoy es una deuda pendiente potenciar más la radicación de empresas, el compre local y la capacitación permanente”.

La transición: qué queda cuando se apaga la mina

El cierre progresivo de Cerro Vanguardia abre una pregunta inevitable: cómo se sostiene la economía local sin el motor minero.

Según Boffi, existe un esquema de transición basado en la Ley Provincial N° 3.751 que combina:

En paralelo, el plan “San Julián 2035”, trabajado junto a la consultora GDFE, busca diversificar la matriz productiva hacia sectores primarios y de servicios, buscando que la ciudad no dependa solo de la mina, transformándola en un hub regional de servicios mineros y potenciando distintos sectores.

Entre las líneas estratégicas aparecen:

Un proceso abierto

A casi tres décadas de operación, Cerro Vanguardia deja algo más que producción y exportaciones. Los datos disponibles muestran que, en paralelo al desarrollo de la mina, se construyó una red de capacidades locales, proveedores y herramientas orientadas a diversificar la economía de Puerto San Julián.

La creación de la Fundación Agencia de Desarrollo, el financiamiento a emprendimientos, el impulso a sectores como turismo, pesca y ganadería, y la consolidación de servicios asociados a la minería dan cuenta de un proceso en marcha, con instrumentos concretos y resultados parciales.

Sin embargo, la propia dirigencia local reconoce que persisten limitaciones en la radicación de empresas, el fortalecimiento del compre local y la capacitación de la mano de obra, factores clave para reducir la dependencia de la actividad minera.

En ese equilibrio se juega el escenario que viene. El cierre progresivo de la mina no sólo marca el final de una etapa productiva, sino que pone a prueba la profundidad real de ese proceso de diversificación.

Después de casi tres décadas, el interrogante ya no es el impacto que tuvo Cerro Vanguardia en Puerto San Julián, sino cuánto de ese desarrollo puede sostenerse cuando la actividad deje de ser el eje de la economía local.

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