Un estudio de la Universidad de Stanford le puso un número y un valor a algo que hasta ahora era difícil de medir: cuánto vale, en términos económicos concretos, la inteligencia artificial generativa para las personas que la usan todos los días. La respuesta sorprendió incluso a los especialistas.
El AI Index Report 2026, publicado por el Instituto de IA Centrada en el Ser Humano de Stanford, estimó que el valor que los usuarios estadounidenses obtienen de las herramientas de IA generativa llegó a los 172.000 millones de dólares anuales a principios de 2026. Y hay un dato que resulta todavía más llamativo: la enorme mayoría de esas herramientas es gratuita o casi gratuita.
El valor de lo que no se paga
Para calcular ese número, los investigadores recurrieron a un método específico: les preguntaron a los usuarios cuánto dinero deberían recibir como compensación para aceptar quedarse sin acceso a todas las herramientas de IA generativa durante un mes. Esta medida, que en economía se llama "superávit del consumidor", está diseñada precisamente para capturar el valor de bienes que no tienen precio de mercado o cuyo precio es muy bajo. Es la misma lógica que permite estimar cuánto vale el acceso gratuito a un parque público o a una biblioteca.
El resultado muestra que el valor mediano por usuario se triplicó entre 2025 y 2026, pasando de 3,40 a 11,40 dólares mensuales, mientras que el valor promedio creció un 27%, de 98 a 125 dólares anuales. La cifra total subió un 54% respecto a los 112.000 millones del año anterior. Dicho de otro modo: en promedio, un usuario estadounidense estaría dispuesto a recibir 125 dólares por año para renunciar a estas herramientas. La mayoría no paga nada por ellas.
El informe señala además que esta cifra supera ampliamente los ingresos reales que las empresas de IA generativa obtienen de sus usuarios, lo que implica que los beneficios sociales de la tecnología son sustancialmente mayores que los retornos privados que capturan quienes la desarrollan. Hay un antecedente conocido en la historia de la innovación: los innovadores tienden a capturar alrededor del 3% del valor social total generado por las grandes tecnologías. La IA parece seguir esa misma lógica, aunque a una escala y velocidad sin precedentes.
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No todos los usuarios obtienen el mismo beneficio. Quienes más valor extraen son los que usan estas herramientas con mayor frecuencia, las incorporan al trabajo, utilizan múltiples plataformas distintas y tienen suscripciones pagas. El uso para orientación práctica, ayuda técnica o búsqueda de información aparece asociado con un superávit significativamente mayor que el uso ocasional o recreativo.
Más rápido que la PC, más rápido que internet
La otra dimensión que el informe documenta con precisión es la velocidad a la que esta tecnología se difundió en la población. La IA generativa alcanzó el 53% de adopción en apenas tres años desde su lanzamiento masivo, convencionalmente datado en la llegada de ChatGPT a fines de 2022. Eso la ubica por encima de la trayectoria inicial tanto de la computadora personal como de internet en períodos comparables.
Los factores que explican esa velocidad son relativamente claros: costo de acceso bajo o nulo, interfaces conversacionales que no requieren ninguna capacitación técnica previa, y una utilidad inmediata que abarca desde tareas laborales complejas hasta consultas cotidianas. Datos de uso de la plataforma Claude, de la empresa Anthropic, muestran que las tareas de informática y matemáticas representaron consistentemente cerca del 40% de la actividad durante 2025, mientras que el uso educativo fue el de mayor crecimiento a lo largo del año, pasando del 9% al 14% del total.
Ese 53% promedio, sin embargo, encubre disparidades considerables. La adopción varía de manera significativa entre países y muestra una correlación positiva con el PBI per cápita: las economías más ricas tienden a registrar tasas más altas. Pero hay excepciones que el informe destaca. Emiratos Árabes Unidos alcanzó el 64% de adopción y Singapur el 60,9%, ambos muy por encima de lo que su nivel de ingreso per cápita predeciría, lo que sugiere que las políticas activas de infraestructura digital y promoción tecnológica tienen un peso propio en la difusión.
El caso más llamativo en el sentido contrario es el de Estados Unidos. Pese a concentrar la mayor inversión privada en IA del mundo —23 veces más que China en 2025— y a ser el origen de los modelos más avanzados, la adopción poblacional estadounidense alcanza apenas el 28,3%, lo que ubica al país en el puesto 24 del ranking global. El propio informe vincula este resultado con una actitud pública más cautelosa hacia la tecnología, documentada en otro capítulo dedicado específicamente a percepción social. Entre las economías europeas los promedios rondan el 27%, aunque con variaciones importantes: Francia llegó al 44%, España al 41,8% y el Reino Unido al 38,9%.
Quiénes capturan el valor
La combinación de estos dos fenómenos —un valor enorme generado por herramientas gratuitas y una adopción que avanza a velocidad histórica pero de manera desigual— define con bastante claridad quiénes están aprovechando mejor esta tecnología por ahora. Los datos del informe indican que los principales beneficiarios son usuarios con mayor nivel educativo, insertos en el mercado laboral formal y con acceso a dispositivos y conectividad de calidad. Las regiones de menores ingresos, donde la adopción es más baja, son también las que menos participan de ese superávit estimado en 172.000 millones de dólares.
El informe de Stanford no proyecta escenarios ni formula recomendaciones de política. Se limita a medir. Y lo que mide sugiere que la IA generativa ya genera un valor económico masivo y creciente para quienes la usan, distribuido de manera muy distinta a como se distribuye la inversión que la hace posible.