El Parque de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires recibió a Mois Navon, uno de los referentes internacionales en inteligencia artificial y vehículos autónomos. Ingeniero y protagonista del desarrollo de Mobileye —la compañía especializada en conducción autónoma que Intel adquirió por U$S 15.300 millones—, actual director del Centro de Ética en Inteligencia Artificial de la Universidad Bar-Ilan y asesor de Anthropic, el Vaticano y el Ministerio de Ciencias y Tecnología de Israel, Navon visitó la Ciudad para debatir sobre innovación, regulación y el futuro de la IA.

El encuentro, titulado “Autos Autónomos, Innovación y Propósito”, reunió a autoridades, empresarios, universidades, startups y representantes del ecosistema tecnológico y se produjo en momentos en que Buenos Aires comienza a preparar el terreno para incorporar vehículos autónomos a sus calles. Hace dos semanas, la Ciudad publicó su primer marco normativo para realizar pruebas de vehículos autónomos sin intervención humana en el espacio público bajo condiciones controladas.

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En ese contexto, Navon mantuvo una mesa de trabajo con el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, para analizar experiencias internacionales, modelos de implementación y las condiciones necesarias para avanzar con esta tecnología.

“Muchas de las transformaciones de las que hablábamos hace algunos años ya están pasando. Hoy en la Ciudad tenemos el primer marco normativo para vehículos autónomos que permite realizar pruebas piloto en el espacio público. La Ciudad tiene todo para liderar esta revolución”, sostuvo Macri durante la exposición.

Mois Navon y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri

Buenos Aires abre la puerta a las pruebas de autos autónomos

El nuevo marco establece que empresas, universidades, centros de innovación y otras organizaciones podrán solicitar autorización para desarrollar experiencias piloto con vehículos autónomos destinados a prestar servicios en la vía pública.

Las pruebas deberán cumplir requisitos técnicos, operativos y de seguridad y solo podrán realizarse en zonas, horarios y condiciones previamente autorizadas. Quienes las lleven adelante también deberán informar incidentes, presentar informes y asumir la responsabilidad por eventuales daños, mientras que el Gobierno porteño realizará auditorías y controles.

La regulación prepara así el terreno para una tecnología que Navon conoce desde sus primeras etapas. El especialista fue uno de los ingenieros fundadores de Mobileye y participó del desarrollo de un chip clave para los sistemas de conducción autónoma de la compañía. La tecnológica israelí fue posteriormente adquirida por Intel por unos U$S 15.300 millones.

Durante su paso por Buenos Aires, Navon consideró que la infraestructura de la Ciudad presenta condiciones favorables para comenzar a incorporar esta tecnología.

“En Buenos Aires veo que tienen buen demarcamiento vial, buenas calles y señalamientos. No debería ser un problema la convivencia de autos autónomos con otros actores del ecosistema”, explicó.

El desafío puede ser mayor en otras ciudades latinoamericanas donde el tránsito y la infraestructura son más desordenados. Sin embargo, el objetivo de los vehículos autónomos de nivel 5 —una tecnología todavía en desarrollo— es precisamente alcanzar la capacidad de circular bajo prácticamente cualquier condición.

“La meta final es que los autos autónomos puedan ir conduciendo a cualquier lugar”, sostuvo Navon.

Para llegar a ese escenario, el avance tecnológico deberá estar acompañado por decisiones regulatorias. “El Gobierno debe asegurarse de que la infraestructura esté bien para los autos autónomos y trabajar también en los niveles de seguros y responsabilidad”, agregó.

Este último punto coincide con uno de los aspectos centrales del nuevo marco porteño: establecer obligaciones para quienes realicen las pruebas y determinar responsabilidades frente a eventuales incidentes.

El desafío ético detrás de la inteligencia artificial

Más allá de la movilidad, la visita de Navon abrió una discusión más amplia sobre los límites que deberían acompañar el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial cada vez más capaces.

“Creo que la regulación es muy importante en la aplicación de la tecnología, pero no en su desarrollo”, sostuvo. Para el especialista, imponer restricciones excesivas durante la etapa de creación puede terminar frenando la innovación, mientras que los gobiernos deberían concentrarse en establecer límites sobre sus usos.

Como ejemplo mencionó los sistemas de procesamiento de imágenes que también pueden utilizarse para generar deepfakes. El problema, desde su perspectiva, no está necesariamente en desarrollar esa tecnología sino en las aplicaciones que se permitan. Por eso, consideró que deben existir “restricciones, consecuencias y un marco ético” sobre su utilización.

El desafío, sin embargo, no depende únicamente de los gobiernos y las compañías. Navon advirtió que las personas también tendrán que decidir cuánto están dispuestas a delegar en sistemas capaces de realizar una cantidad creciente de tareas.

“La tecnología siempre ha sido una herramienta para ayudarnos y no un reemplazo. Pero hoy la IA sí puede reemplazarnos: puede escribir un trabajo, realizar un análisis financiero y hacer muchas otras cosas”, advirtió.

“¿En qué momento dices ‘quiero seguir siendo un ser humano y quiero seguir haciendo mi trabajo’? Todos tenemos que aprender a poner ese límite”, planteó.

Él mismo aplica ese criterio cuando escribe. Aunque podría pedirle a una herramienta de inteligencia artificial que produzca un artículo completo, aseguró que prefiere utilizarla como editora. “Yo pienso por mí mismo y escribo. Solo quiero que la IA lo edite y ayude a que se lea mejor”.

Navon también trazó un paralelismo con las redes sociales, cuya regulación, consideró, llegó demasiado tarde frente a algunos de sus efectos. Con la inteligencia artificial, sostiene, existe la oportunidad de anticiparse.

“Definitivamente necesitamos regular la inteligencia artificial. La pregunta es si vamos a conseguir hacerlo lo suficientemente rápido”, sentenció.

Startups: talento, ideas y financiamiento

Durante su visita, Navon también destacó el papel de las startups como motor de innovación. “Necesitamos startups porque están formadas por personas con hambre de crear y de llevar nuevas ideas al mercado”, sostuvo en conversación con El Observador.

Para desarrollar un ecosistema tecnológico sólido identificó tres elementos fundamentales: talento humano, creatividad y financiamiento.

La visión se vincula con el trabajo del Parque de Innovación, que actualmente reúne a 82 startups y más de 200 entidades asociadas y desarrolla programas de incubación, aceleración, internacionalización y vinculación con fondos de inversión.

“Uno de los desafíos del Parque es conectar el ecosistema argentino con las personas, las ideas y las experiencias que están transformando el mundo”, explicó su director ejecutivo, Yamil Santoro.

Para Santoro, la visita de Navon forma parte de esa estrategia: acercar a Buenos Aires referentes internacionales y generar vínculos con quienes están desarrollando las tecnologías que marcarán los próximos años.

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