El vino argentino bajo presión: exportaciones en caída, precios contenidos y una apuesta por nuevos mercados
La industria cerró 2025 con caídas en ventas internas y externas, pero detecta oportunidades en derivados de la uva y el consumo mundial de blancos.
La industria vitivinícola argentina cerró 2025 con números que encendieron las alarmas: las exportaciones de vino fraccionado cayeron un 6,3% en facturación en dólares, el mercado interno retrocedió un 2,3% y las ventas externas totales acumularon una baja del 30% respecto de 2022. En ese contexto, la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) transita además un cambio de conducción: el 7 de marzo, en el marco del tradicional Desayuno de la Vendimia, Fabián Ruggeri —ingeniero agrónomo y presidente de Acovi, la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas— asumirá la presidencia de la entidad en reemplazo de Mario González, dirigente riojano que lideró el organismo durante el último período. El relevo marca el regreso de Mendoza a la conducción de Coviar tras diez años y consolida el peso del sector cooperativo en la estrategia nacional.
Un año "complejo" que dejó marcas
El balance que dejó 2025 es, en palabras del propio González, el de un año "particularmente difícil". "Hemos transitado un año complejo, muy difícil, con caídas en las ventas en el exterior y una pequeña caída en los despachos del mercado interno. La industria tuvo que ajustarse y trabajar mucho para ver cómo remontar esta situación", describió el dirigente saliente.
Los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) confirman ese diagnóstico. La caída del consumo interno fue sensiblemente menor a la de otros rubros de consumo masivo, pero el esfuerzo tuvo un costo: la industria optó por absorber la presión inflacionaria antes que trasladarla a precios. Según Ruggeri, el vino prácticamente no registró aumentos en góndola en los últimos dos años. "Hace aproximadamente 24 meses que no aumentamos el vino en góndola. Eso lo ha hecho más accesible y es lo que ha sostenido las ventas que existen en el mercado", explicó. Sin embargo, advirtió que esa estrategia tiene límites: "En tiempos en los que el poder adquisitivo es complicado, no se pueden trasladar los incrementos que la industria viene sufriendo. Pero es algo que no se puede sostener cinco años".
La carga impositiva, el problema más difícil
Detrás de las dificultades competitivas del sector asoma un problema estructural que los propios dirigentes definen como el más urgente: la presión fiscal. Un informe de la Universidad Nacional de Cuyo revela que la carga impositiva en Argentina oscila entre el 58% y el 62% del excedente de una bodega. La comparación con Chile —principal competidor en los mercados internacionales— resulta reveladora: "Si nos comparamos con Chile, ellos tienen un 32% o 34%; nosotros los duplicamos y competimos con ellos en las mismas góndolas", señaló González.
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A eso se suma el costo logístico. Trasladar vino desde Cuyo hacia los puertos o los centros de consumo implica, según el sector, una desventaja que puede quintuplicar los costos de exportación respecto de algunos países competidores. "No tenemos disponibilidad hoy de medios de movilización que sean económicos y los aranceles marítimos son elevados", agregó González. Esta combinación de factores alimenta el riesgo concreto de abandono de viñedos, especialmente en variedades de menor rentabilidad.
Frente a la agenda de desregulación del gobierno nacional, Coviar mantiene una postura matizada. Celebra la eliminación de trabas burocráticas y el fin del SIRA, pero defiende la continuidad del rol de contralor del INV. "Estamos a favor de agilizar trámites, pero el consumidor debe seguir confiando en lo que dice la etiqueta", sostuvo Ruggeri.
Exportaciones: la estrella inesperada viene del mosto
En medio del panorama adverso, los derivados de la uva emergen como la principal oportunidad de recuperación exportadora. El jugo concentrado de uva —utilizado como endulzante natural— creció en volumen un 3,5% en 2025, aunque su facturación retrocedió un 3,6% por la evolución de los precios internacionales. Las pasas de uva, por su parte, marcaron un récord histórico en 2024 con 43.515 toneladas exportadas, y el sector espera que esa tendencia continúe.
El escenario internacional abre una ventana concreta. "Hoy hay una oportunidad enorme en el mosto y el blanco a granel porque España e Italia no tuvieron buenas cosechas y están pidiendo producto a la Argentina", explicó Ruggeri, proyectando un 2026 de recuperación en el frente externo. El vino blanco, además, registra un crecimiento sostenido del consumo a nivel mundial, lo que abre una vía de diversificación para una industria históricamente asociada al Malbec tinto.
En cuanto a los mercados de destino, Estados Unidos continúa liderando las exportaciones argentinas, seguido por Brasil, Reino Unido y Canadá. El sector sigue con atención la evolución de posibles acuerdos comerciales que reduzcan aranceles y amplíen el acceso a esos mercados.
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El "efecto Messi" y la búsqueda de nuevos consumidores
Uno de los temas que recorre los pasillos del sector con más entusiasmo que cualquier estadística es lo que los propios dirigentes denominan el "efecto Messi". Lionel Messi declaró públicamente su gusto por el vino mezclado con una conocida gaseosa de lima-limón: "Me gusta el vino, tomo así vino... si no es la misma de siempre: vino y Sprite para que pegue rápido y pasa bien". La frase, lejos de escandalizar a la industria, fue recibida como una oportunidad. "Necesitamos que el vino vuelva a la mesa diaria sin miedo; si el mejor del mundo lo toma con soda, el mensaje es que se disfruta como cada uno quiere", coincidieron González y Ruggeri.
La anécdota ilustra un cambio más profundo de estrategia: la industria reconoce que el lenguaje solemne y los rituales de la alta enología alejaron a las nuevas generaciones. En esa línea, el sector invierte en versiones "light" y en opciones sin alcohol para mitigar el impacto de la Ley de Alcohol Cero al volante, que consideran perjudicial para el consumo responsable en restaurantes.
Con casi 200.000 hectáreas cultivadas, más de 22.000 viñedos, 380.000 empleos en 19 provincias y exportaciones totales por US$933 millones en 2024, la vitivinicultura sigue siendo una de las diez principales cadenas agroexportadoras del país y un pilar de las economías regionales del oeste argentino. Argentina es el 7° productor y el 11° exportador mundial de vino. El enoturismo, con 486 bodegas abiertas al público en 18 provincias, creció un 144% desde 2013 y se perfila como otro eje de desarrollo. La nueva conducción de Coviar hereda un sector que acumula fortalezas genuinas y urgencias igualmente reales.