Rosario volvió a ser hoy el punto de encuentro entre el mundo empresario y la dirigencia política con una nueva edición de Experiencia IDEA, el evento que reúne a referentes de la Región Centro para debatir el futuro productivo del país. En la Bolsa de Comercio de Rosario, y ante un auditorio colmado, se pusieron sobre la mesa los principales desafíos y oportunidades para sectores estratégicos como la agroindustria, la energía, la minería y la industria automotriz, en un contexto global que exige visión, adaptabilidad y cooperación.
La jornada, que se desarrolló este martes, sirvió como antesala del tradicional coloquio nacional de IDEA. Empresarios, economistas, funcionarios y especialistas analizaron cómo potenciar la competitividad de la región a partir de la productividad multisectorial, políticas públicas eficaces y un trabajo conjunto entre el sector privado y el Estado. El cierre estuvo a cargo de los gobernadores Martín Llaryora (Córdoba) y Maximiliano Pullaro (Santa Fe), mientras que economistas como Pablo Knopoff y Fernando Marengo aportaron claves para entender el panorama económico y el rol del empresariado en los próximos años.
Megatendencias globales que también impactan en Argentina
Para Pablo Knopoff, cofundador de Isonomía, uno de los principales errores de los argentinos es pensar que lo que ocurre en el país es único. "Somos muy especiales, sí, pero muchas veces lo que pasa acá también pasa en otras partes del mundo", planteó en su exposición "Atrapando tendencias: claves sociales para entender el mundo y la Argentina". El analista propuso identificar megatendencias globales que también se reflejan en el país, no solo para describirlas, sino para anticipar escenarios y detectar oportunidades.
Uno de los puntos centrales que marcó es la tensión creciente entre la democracia y sus resultados, algo que, según los datos de Latinobarómetro, no es exclusivo de Argentina. Señaló que crece la desconfianza en las instituciones, en los partidos políticos y en los sistemas electorales, mientras se fortalece la personalización de la política. "Eso puede doler, preocupar o enojar, pero también es una oportunidad: tenemos margen para hacer cosas frente a una ciudadanía que tiene reclamos, pero también tiene sueños", sostuvo.
Knopoff subrayó que los cambios políticos no son exclusivos de la Argentina y que tendencias similares se ven en Europa, Estados Unidos y el resto de América Latina. Mencionó la baja participación electoral y el creciente número de personas que sienten que su voto "no cambia tanto" como señales de un vínculo más tenso entre ciudadanía y sistema político. Usó una metáfora para describir el escenario actual: "En la última elección, la Argentina empezó a caminar por pasto, sin camino marcado, algo que solo hacen las sociedades cuando quieren dar un mensaje muy claro".
La "pulsión de cambio" como tendencia regional
Identificó además una "pulsión de cambio" como tendencia dominante en la región. Explicó que la mayoría de las elecciones recientes en América Latina derivaron en interrupciones de continuidad política. "Las sociedades no están diciendo solo 'me gusta o no me gusta un presidente', están exigiendo mucho más", afirmó. En este sentido, consideró que el interés por mejorar la productividad y la eficiencia en espacios como Experiencia IDEA es parte de la respuesta a esa demanda social.
También puso el foco en cómo la desconfianza, lejos de ser solo un problema, puede convertirse en motor de innovación política. Según los datos que presentó, casi la mitad de los argentinos evita las noticias con frecuencia, lo que obliga a repensar la manera en que se construye y transmite la información pública. "El ciudadano actual es más autodidacta, más selectivo y más difícil de interpelar. Pero si encontramos la forma de dialogar con él, tenemos la oportunidad de construir mejores democracias", remarcó.
Otra característica que destacó es la polarización, fenómeno que en Argentina se bautizó como "grieta" antes que en otros países, pero que hoy se observa en todo el mundo. Muchas sociedades, dijo, se ordenan más por lo que rechazan que por lo que apoyan. A esto se suma la irrupción de lo que definió como el "Homo streamer": un ciudadano con acceso directo a la información, que elige cuándo y cómo consumirla, y que incluso puede evitar las noticias de forma deliberada.
Para cerrar, Knopoff resumió su mirada en tres ideas: "Un hecho: el mundo está girando y lo hace a gran velocidad, y Argentina es parte de ese movimiento. Una duda: los resultados políticos son muy dispares y todavía no está claro hacia dónde vamos. Y una certeza: tenemos una sociedad superpoderosa, capaz de decidir el rumbo, aunque muchas veces no la veamos en la tele".
El desafío de la transición: de la inflación a la productividad
Fernando Marengo, jefe de Economía de BlackTORO, abordó el crucial tema de la productividad y la eficiencia en la economía argentina, destacando la importancia de superar la inflación como parte de un proceso más amplio de estabilización económica. En sus palabras, la clave para entender el futuro de la economía reside en cómo el país maneja la transición de un contexto inflacionario a uno en el que la productividad se convierte en el factor determinante. En un análisis conciso, explicó cómo las empresas se enfrentan a la inflación y cómo este proceso marcó la historia económica del país.
Usó un ejemplo teórico para ilustrar su punto. Imaginemos una compañía que, en un escenario inflacionario, ajusta sus precios y costos a la velocidad de la inflación y la brecha cambiaria. Como resultado, la empresa pasa de una situación de pérdida a una de ganancia. Según Marengo, este tipo de "economía financiera", donde los ajustes inflacionarios permiten a las empresas obtener beneficios sin mejorar necesariamente la productividad, es una realidad común en Argentina. Sin embargo, cuando la inflación empieza a disminuir, este tipo de "mágicas" ganancias desaparecerían, dejando en evidencia la necesidad de mejorar la productividad.
Marengo fue claro al señalar que, cuando la inflación y la brecha cambiaria se reducen, el único camino posible para las empresas será mejorar la productividad real. Esto se debe a que el "negocio financiero", que antes dependía de la licuación de salarios, devaluación de la moneda, y la manipulación de tasas de interés y tipos de cambio, se desvanece, y lo que queda es un escenario más desafiante pero sustentable: "Cuando todo este beneficio de la licuación desaparece, lo único que nos queda es la productividad".
El contexto global también juega un papel fundamental en la discusión sobre la productividad. Marengo señaló que la incertidumbre mundial alcanzó niveles históricos, incluso superiores a los registrados durante la pandemia. Esta incertidumbre global, influenciada por factores como la guerra comercial entre Estados Unidos y China, el comportamiento fiscal de los países desarrollados y la situación económica interna de grandes economías, afecta las decisiones económicas a nivel mundial. En este entorno, la competitividad de Argentina no solo depende de sus políticas internas, sino también de su relación con el resto del mundo y de cómo enfrenta los desafíos globales.
Uno de los puntos cruciales del discurso fue la relación de Argentina con sus socios comerciales y el impacto de los términos de intercambio, es decir, la relación entre los precios de exportación e importación. Marengo destacó cómo el deterioro de estos términos puede afectar directamente el poder adquisitivo del país, mientras que una mejora de los mismos puede generar un aumento de ingresos. "Si a mis socios comerciales les va bien, yo les vendo más; si les va mal, vendo menos", explicó, subrayando la interdependencia global que influye tanto en los términos de intercambio como en el movimiento de capitales.
El déficit fiscal como causa principal de la volatilidad
Volviendo a la realidad local, Marengo trazó un paralelo entre las crisis económicas pasadas de Argentina y los ciclos de crecimiento y recesión que experimentó el país. En su análisis de la volatilidad histórica del Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina, destacó que el país estuvo marcado por un ciclo constante de crecimiento y contracción económica. En los últimos 125 años, la volatilidad fue la característica predominante, con momentos de crecimiento seguidos por fuertes caídas. Esta volatilidad, según él, tiene una causa principal: el déficit fiscal.
"Lo único que se debe en Argentina es el déficit fiscal", afirmó. Señaló que el país experimentó un déficit fiscal estructural desde la mitad del siglo pasado, con solo breves períodos de superávit. Este déficit se convierte en un problema central, ya que obliga al gobierno a buscar financiamiento mediante la emisión de deuda o el aumento de la inflación. "En los últimos 40 años, Argentina fue el sexto país con mayor tasa de inflación en el mundo", recordó, haciendo énfasis en cómo esta inflación recurrente fue una de las principales consecuencias del déficit fiscal.
Entonces, el desafío para Argentina, según Fernando Marengo, es dejar atrás esta dependencia de los ciclos inflacionarios y comenzar a centrarse en la productividad como motor del crecimiento económico. "Argentina tiene que dejar de pensar en términos de inflación y empezar a pensar en términos de productividad", concluyó. A medida que el país enfrenta la necesidad de ajustar sus políticas fiscales y monetarias, el crecimiento a largo plazo solo será posible si se mejora la eficiencia en todos los sectores de la economía.