11 de agosto 2025 - 18:50hs

Cuando María Elena puso la pava al fuego para el mate de la mañana, no imaginó que detrás de esa simple rutina había un ejército de trabajadores que ella nunca vio. El que sembró la yerba en Misiones, el que la cosechó, el que manejó el camión hasta el molino, el operario que la procesó, el que diseñó el envase, el camionero que la llevó al supermercado y el repositor que la puso en la góndola. Y eso fue solo el mate.

Si María Elena desayunó tostadas con mermelada, otros cientos de trabajadores invisibles participaron de esa escena cotidiana: desde el productor de trigo en Buenos Aires hasta el que cultivó las frutas en Mendoza, pasando por molineros, transportistas, operarios de la fábrica de mermelada, vendedores y cajeros.

Este país paralelo y silencioso tuvo nombre y apellido en las estadísticas: 4.200.283 trabajadores que durante 2023 sostuvieron las cadenas agroindustriales argentinas. Una cifra que equivale al 22,4% de todos los puestos de trabajo privados del país, según reveló un exhaustivo relevamiento de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) presentado hace pocos días.

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"Es casi imposible mirar a nuestro alrededor y no toparnos con productos que provienen del campo y que también generan empleos en las ciudades", explicó Antonella Semadeni, economista de FADA. "La rueda de empleo que está en nuestra mesa es inmensa y continua."

El mapa de los trabajadores que no vemos

Esta Argentina laboral invisible se extendió desde las estancias patagónicas hasta los ingenios del norte, pero su distribución reveló la diversidad productiva del país. Los granos y forrajes lideraron el empleo agroindustrial con el 31% del total: 1.299.184 puestos de trabajo concentrados principalmente en la región pampeana.

El trigo se posicionó como el principal generador individual de empleo dentro del sector agrícola, con 413.730 trabajadores (9,9% del total agroindustrial), seguido por la soja con 368.002 empleos (8,8%) y el maíz con 271.977 puestos (6,5%).

Pero la Argentina agroindustrial fue mucho más allá de la pampa húmeda. Las economías regionales aportaron el 29,1% del empleo total, con 1.223.874 puestos que fueron desde los viñedos mendocinos hasta los yerbatales misioneros. Aquí, la cadena de frutas, verduras, hortalizas y legumbres se posicionó como la principal empleadora con 457.571 trabajadores.

Las cadenas pecuarias completaron el podio del empleo con 1.000.101 puestos de trabajo (23,8% del total), lideradas por la ganadería bovina que dio trabajo a 512.570 personas, equivalente al 12,2% de todo el empleo agroindustrial nacional.

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Desde el sembrador hasta el cajero

El relevamiento de FADA, que utilizó datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, desagregó por primera vez el empleo en 252 actividades económicas específicas para mapear con precisión el alcance real de estas cadenas productivas.

Los resultados mostraron que el eslabón primario concentró la mayor proporción del empleo agroindustrial, con 1.371.524 puestos de trabajo que representaron el 32,7% del total. Allí se incluyeron no solo los productores agropecuarios, sino también los contratistas que manejaron las sembradoras, cosechadoras y pulverizadoras que recorrieron los campos argentinos.

En la cadena del trigo, por ejemplo, el 69,9% del empleo primario correspondió directamente al cultivo, mientras que el resto se dividió entre servicios de labranza y siembra (14,7%), cosecha mecánica (11,2%) y pulverización (4,2%).

Le siguió en importancia la comercialización, con 1.145.313 empleos (27,3% del total), que incluyó desde los acopiadores de granos hasta los vendedores de fiambres y verduras en comercios barriales. El 59,7% de estos trabajos correspondió a ventas minoristas, mientras que el 40,3% restante operó en el mercado mayorista.

La industria generó 935.629 empleos, concentrando el 22,3% del total agroindustrial. La elaboración de alimentos absorbió el 80,7% de los puestos industriales, mientras que el resto se distribuyó entre la producción de bebidas, productos de tabaco, biocombustibles y manufacturas de madera.

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Los hilos invisibles del sistema

"Para que tengas ese corte de carne en tu mesa, fue necesario que se construyan máquinas para sembrar los granos y cosecharlos para luego usarlos como alimento para las vacas", explicó Fiorella Savarino, economista de FADA. "Hay que esperar años a que el animal esté listo, faenarlo, transportarlo, trozarlo y comercializarlo. Es increíble cuando te pones a pensar en la cantidad de gente que intervino para que lleguen los alimentos a la mesa."

Estos hilos invisibles incluyeron a 216.859 personas que trabajaron en transporte y logística durante 2023, moviendo la producción por rutas, ferrocarriles y vías fluviales. El 59% de estos empleos correspondió al transporte automotor de cargas, mientras que el ferrocarril aportó el 5,9%.

Los servicios conexos emplearon a otras 216.859 personas en actividades de apoyo como seguros, créditos, servicios contables y asesorías jurídicas especializadas en el sector. Los servicios jurídicos, contables y de consultoría concentraron el 41,1% de este empleo.

La cadena de bienes de capital, con 75.725 empleos, incluyó la fabricación y comercialización de maquinaria agrícola, equipos para la industria alimentaria y carrocerías especializadas para el transporte de productos del campo.

El informe reveló que el empleo agroindustrial creció 2,1% en 2023 respecto al año anterior, aunque su participación en el empleo privado total se redujo levemente debido a que el empleo general creció a un ritmo mayor (3%).

Esta Argentina silenciosa, que operó desde las sombras del debate público, tuvo presencia federal: desde la producción de lana y ovinos en la Patagonia, los vinos en Cuyo, el maíz en la región Pampeana, la caña de azúcar en el NOA hasta la yerba mate en el NEA.

"Es por esto que es necesario, más que nunca, que haya políticas públicas estables en el tiempo que generen crecimiento y desarrollo en todas las regiones", enfatizaron las especialistas de FADA. "Políticas que logren dinamizar la cantidad y calidad del empleo, que repercuta en la calidad de vida de la población y en la salud económica de nuestro país."

Cada vez que María Elena cebó su mate matutino, en realidad puso en marcha una cadena de valor que involucró a miles de trabajadores dispersos por todo el país. Una red invisible de empleo que, lejos de los reflectores mediáticos, sostuvo la mesa de los argentinos y la economía nacional.

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