La invasión rusa de Ucrania en 2022 forzó una redefinición de la seguridad energética en la Unión Europea, priorizando la confiabilidad sobre el costo. Al cierre de 2025, los datos de los organismos oficiales de la Unión Europea confirman una transformación estructural e irreversible en su seguridad energética: la participación del gas natural transportado por gasoducto procedente de Rusia en las importaciones comunitarias cayó al 6%, frente al 41% registrado en 2021.
Este vacío fue cubierto principalmente por el Gas Natural Licuado (GNL), que pasó a representar el 46% del suministro total importado por el continente, consolidándose como el puente hacia la seguridad de abastecimiento.
En este nuevo paradigma, un reciente trabajo de la Fundación Libertad (julio de 2026) plantea que el principal desafío de Argentina dejó de ser la disponibilidad del recurso y pasó a ser la capacidad de transformarlo en exportaciones sostenibles.
El potencial productivo de Vaca Muerta y el salto exportador
Argentina posee la segunda reserva mundial de shale gas, estimada en 22,6 billones de m³ técnicamente recuperables.
Durante 2025, el país consolidó un cambio histórico en su balanza comercial energética, alcanzando un superávit de USD 7.815 millones, el valor más alto de la serie analizada.
Este resultado fue impulsado por la expansión de Vaca Muerta, donde el gas no convencional ya explica el 74% de la producción total nacional.
Sin embargo, la ventaja geológica no garantiza el éxito comercial.
Informes de la consultora McKinsey (junio de 2026) advierten que el desarrollo integral de la cuenca requerirá inversiones de entre USD 125.000 y 170.000 millones en la próxima década para duplicar la actividad hacia los 900 pozos anuales.
La brecha de eficiencia y el costo de la infraestructura
A pesar de la calidad del recurso, Argentina enfrenta desafíos críticos de competitividad frente a cuencas como el Permian en Estados Unidos.
Según datos de Chevron y McKinsey, perforar un pozo en Vaca Muerta cuesta hoy entre USD 12 y 16 millones, lo que representa un sobrecosto de hasta el 40% respecto a EE. UU.
Esta ineficiencia se explica en un 30% por carencias logísticas y falta de infraestructura física, como la transición pendiente del transporte en camión al ferrocarril y la ampliación de redes eléctricas en Neuquén y Río Negro.
Proyectos estratégicos y la ventana de mercado global
La viabilidad de los proyectos de GNL depende hoy de herramientas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece estabilidad por 30 años y es visto como condición de "bancabilidad" por los inversores.
El proyecto SESA, liderado por PAE e YPF, ya cuenta con aprobación bajo el RIGI y un contrato marco con la alemana SEFE para exportar 2 millones de toneladas anuales (MTPA) a partir de finales de 2027.
No obstante, Argentina tiene una ventana de tiempo limitada. Informes de SolAbility (febrero de 2026) advierten sobre un posible escenario de sobreoferta estructural hacia 2030, donde el excedente mundial de GNL dejaría un 48% de la capacidad instalada ociosa.
En este contexto, el GNL enfrenta la competencia de las energías renovables en economías en desarrollo, que están "saltando" directamente a soluciones de solar y baterías a costos de USD 30-40/MWh, muy por debajo de la generación con gas.
Hacia una ventaja institucional y ambiental sostenible
Asimismo, el acceso al mercado europeo exige cumplir con estándares estrictos, como el Reglamento de Metano de la UE, que a partir de 2027 exigirá trazabilidad de emisiones; en este nuevo modelo, la intensidad de carbono pesará tanto como el precio para cerrar contratos.
Como concluye el Baker Institute (mayo de 2026), Argentina puede ser un proveedor complementario estratégico, pero su éxito dependerá de transformar su ventaja natural en una ventaja institucional que garantice que el gas de la roca se convierta efectivamente en cargamentos confiables para el mundo.
GNL: Southern Energy adjudica el gasoducto y LNG del Plata avanza con Vitol
Southern Energy y LNG del Plata avanzan con definiciones de obra y acuerdos comerciales: el primero con la adjudicación del gasoducto Tratayén–Golfo San Matías y el segundo con un MoU entre Camuzzi y Vitol para estructurar la terminal en La Plata.