La expansión de la inteligencia artificial, la electrificación y la transición energética está disparando la demanda de cobre y litio. Pero la carrera por los minerales críticos enfrenta un desafío adicional: no alcanza con encontrar nuevos recursos, también hay que conseguir el capital necesario para convertirlos en producción.

Para satisfacer la demanda proyectada hacia 2035 se necesitarían aproximadamente U$S 1,65 billones en inversión de capital, de los cuales unos U$S 780.000 millones corresponderían al cobre y U$S 340.000 millones al litio.

La magnitud del requerimiento coincide, además, con otra ola de inversión de escala extraordinaria: la infraestructura necesaria para expandir la inteligencia artificial.

“El mundo ya está financiando cantidades extremas de capex para el despliegue de la IA, por lo que el capital es finito y el capital para la minería históricamente siempre ha sido difícil de conseguir”, explicó William Husband, director global de Metales y Minería de Citi.

El cobre, en el centro de la carrera

Entre los minerales críticos, el cobre concentra la mayor necesidad de inversión. La demanda de cobre refinado podría pasar de aproximadamente 28 millones de toneladas en 2025 a 40 millones en 2040, impulsada por sus usos tradicionales, la transición energética, los vehículos eléctricos, la IA y los centros de datos.

La escala de la demanda futura aparece todavía más clara en una de las estimaciones presentadas durante la exposición: en los próximos 25 años el mundo necesitaría una cantidad de cobre equivalente a todo lo consumido durante los 125 años anteriores.

A su vez, la demanda de cobre refinado podría aumentar desde aproximadamente 28 millones de toneladas en 2025 hasta 40 millones en 2040, impulsada por los usos tradicionales del metal, la electrificación, los vehículos eléctricos, la inteligencia artificial y los centros de datos.

La inteligencia artificial suma un nuevo componente a esa ecuación. Los centros de datos requieren mucho más que chips y semiconductores: su despliegue implica grandes cantidades de electricidad, cableado de cobre, estructuras de acero y sistemas de refrigeración.

El resultado es una combinación particular: la economía digital necesita cada vez más infraestructura física y esa infraestructura depende de una industria minera que requiere enormes inversiones y largos plazos de desarrollo.

La presión sobre la oferta se vuelve todavía mayor por las características de los nuevos yacimientos.

La caída de las leyes minerales implica que actualmente hace falta extraer más roca, con mayores requerimientos de energía, agua y capital, para obtener una cantidad equivalente de metal.

En ese contexto, la expansión de la oferta exige no solo nuevos descubrimientos, sino proyectos de una escala cada vez mayor.

El capital minero enfrenta un problema de escala

El desafío financiero aparece especialmente entre la exploración y la producción. Una compañía puede conseguir alrededor de U$S 50 millones para perforación y exploración, pero una vez que el proyecto demuestra potencial necesita miles de millones para construir la mina, las plantas de procesamiento, la logística, la infraestructura energética y el suministro de agua.

Ese salto genera lo que Husband define como el “puente de riesgo” de la minería: una etapa en la que el proyecto todavía no genera flujo de caja, pero ya necesita inversiones de una magnitud muy superior a las de la fase exploratoria. “Ahí es donde está el costo.”

Para cerrar esa brecha están apareciendo nuevas fuentes de financiamiento. A la banca y los mercados de capitales se suman crédito privado, capital privado minero y una participación cada vez mayor de los gobiernos, a través de subvenciones, capital o préstamos de menor costo.

El financiamiento de los proyectos también se vuelve más sofisticado: préstamos concesionales, garantías, acuerdos de compra de largo plazo u offtake y seguros contra riesgo político son algunas de las herramientas utilizadas para atravesar las distintas etapas del ciclo minero.

Argentina entra en el radar del capital global

En este escenario, Argentina aparece como uno de los mercados que está ganando mayor atención. La combinación de recursos de cobre, litio y oro y el nuevo marco de incentivos a la inversión modificó la posición del país frente al capital internacional.

La lectura de Husband es contundente: Argentina es actualmente uno de los lugares donde la actividad de inversión minera es la más alta en su historia, y una de las más altas del mundo.”

El ejecutivo señaló que hay una gran cantidad de grandes proyectos de cobre buscando financiamiento mediante inversiones estratégicas, agencias de crédito a la exportación, financiamiento de proyectos o combinaciones de esas alternativas. La geología de cobre Tier 1, litio y oro aparece como uno de los principales atractivos, junto con el RIGI.

Los datos distribuidos por Citi dimensionan el movimiento: el RIGI, vigente desde 2024, contempla estabilidad fiscal, aduanera y cambiaria durante 30 años para los proyectos que cumplen con sus requisitos. Hasta el momento, 13 proyectos mineros en Catamarca, Salta, San Juan, Jujuy y Mendoza fueron aprobados, con inversiones cercanas a U$S 25.000 millones, mientras que otros U$S 25.000 millones están en evaluación.

La importancia del cambio no pasa solamente por atraer proyectos, sino por hacerlos financiables. En minería, donde las inversiones son de largo plazo y el capital queda expuesto durante años antes de que aparezca el flujo de caja, la previsibilidad del marco de inversión es una variable central.

Rincón, el caso que muestra cómo se financia la nueva minería

El proyecto de litio Salar del Rincón, en Salta, ofrece un ejemplo concreto de la nueva arquitectura financiera que está tomando forma.

En marzo de 2026, Citi estructuró y cerró un préstamo multiagencia de aproximadamente U$S 1.175 millones a 11 años para el proyecto de Rio Tinto, con participación de JBIC, agencias de crédito a la exportación, BID, IFC y bancos comerciales. La iniciativa apunta a producir cerca de 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería y fue uno de los primeros grandes desarrollos estructurados bajo el RIGI.

El propio Husband presentó el caso como una señal de lo que podría ocurrir con otros proyectos: “Todas estas fuentes de capital se unieron para este financiamiento de más de mil millones de dólares a 11 años para un proyecto de litio argentino”.

La señal es relevante porque el desafío que enfrenta la minería no termina en encontrar un yacimiento económicamente viable.

La próxima etapa de la competencia será conseguir la estructura de capital capaz de llevar esos recursos hasta la producción.

Y en un mercado donde solo el cobre y el litio requieren más de U$S 1 billón de capex, Argentina busca posicionarse justamente en ese punto de encuentro entre recursos estratégicos, grandes proyectos y capital global.

Temas:

minerales energía Minería Argentina