Las stablecoins llevan años creciendo como una de las aplicaciones más concretas del ecosistema cripto. Pero la próxima etapa de su adopción podría ser bastante menos visible: dejar de ser un producto que el usuario decide utilizar para convertirse en la infraestructura que funciona por detrás de pagos, transferencias internacionales, crédito y otros servicios financieros.
Esa fue una de las ideas que atravesó la LATAM Digital Assets Conf, realizada el 20 y 21 de agosto, y organizada por Crecimiento, donde referentes de fintech, banca y activos digitales debatieron sobre el futuro de los pagos y la infraestructura financiera en América Latina. La agenda reunió discusiones sobre adopción de stablecoins, banca, pagos, transferencias B2B internacionales y monedas digitales vinculadas al peso y al real.
El cambio ya empieza a observarse entre algunos de los gigantes de las finanzas tradicionales. Visa, Mastercard, Western Union y MoneyGram están desarrollando productos o infraestructura vinculada con stablecoins, mientras algunas de ellas recurren a compañías especializadas para resolver las conexiones con bancos, monedas y sistemas de pagos locales.
“Están usando stablecoins para resolver problemas en su backend, como las liquidaciones durante los fines de semana o mover dinero fácilmente entre bancos”, explicó Hugo Moraes Rodrigues da Silva, vicepresidente y Head of Latin America de Yellow Card, durante el panel sobre adopción de stablecoins.
Para el ejecutivo, que esas compañías trabajen con actores locales en lugar de construir toda la infraestructura desde cero valida un modelo en el que ambos mundos pueden convivir.
Lucas Posada, CEO de Takenos, llevó el argumento un paso más allá. Según detalló, una proporción reducida de sus clientes utiliza stablecoins siendo plenamente consciente de que esa tecnología está detrás de la operación. “No me veo como un evangelista de las stablecoins. Quiero que la gente pueda hacer las cosas que necesita con el menor impacto posible de las complejidades”, sostuvo.
La infraestructura se vuelve invisible
La misma idea apareció en el panel dedicado a las stablecoins vinculadas con monedas latinoamericanas. Para Jean Everson Martina, cofundador de la brasileña NORA, la industria debería abandonar incluso la idea de que es necesario enseñar al usuario a “usar cripto”.
“Creo que el éxito de las stablecoins locales, o de los tokens cripto, es que la persona promedio no sepa que los está usando”, afirmó. El objetivo, explicó, es que las personas utilicen esa infraestructura porque resulta eficiente y está disponible, mientras blockchain permanece detrás de la experiencia.
La discusión también alcanzó al sistema financiero tradicional argentino. Durante el panel “The Future of Payments”, Rafael Soto, CEO de MODO, planteó que si el Banco Central habilitara a los bancos a ofrecer productos cripto podrían aparecer oportunidades para facilitar el movimiento de esos activos entre clientes bancarios.
Sin embargo, Soto puso en duda que el futuro pase necesariamente por pagar directamente con diferentes criptomonedas. “No vemos un problema con pesos hoy”, señaló al analizar los pagos cotidianos, y planteó como una alternativa que diferentes activos puedan convertirse automáticamente a pesos al momento de realizar una compra.
Victoria Minassian, Chief Product Officer de Naranja X, puso el foco en otro punto: partir de las necesidades y no de la tecnología. “Para nosotros la innovación, en realidad, está más en encontrar problemas que otros no están resolviendo”, afirmó.
Transferencias casi instantáneas y el desafío de encontrar un nuevo negocio
Uno de los terrenos donde esta infraestructura está avanzando con mayor claridad son los pagos internacionales. En el panel “Cross-Border Money: The New B2B Rails”, representantes de Bitso, Reap e Interlace coincidieron en que el sistema tradicional todavía arrastra múltiples intermediarios, procesos de compliance, conversiones de moneda y conexiones bancarias que encarecen y ralentizan las operaciones.
“Puede tomar hasta cinco días y puede tener entre 3% y 5% de comisiones”, explicó uno de los participantes al describir algunos de los problemas que todavía enfrentan las transferencias internacionales tradicionales. Las stablecoins buscan eliminar parte de esas capas, aunque los participantes advirtieron que siguen existiendo desafíos vinculados con compliance, regulación y conexiones con el sistema bancario.
Julián Colombo, Country Manager de Bitso en Argentina, planteó hacia dónde podría llevar esa competencia: “Enviar dinero desde Argentina a Australia, Francia o donde sea debería ser gratis e instantáneo”. Si ese escenario se consolida, agregó, el negocio estará en los servicios construidos sobre esos rieles: “compliance, custodia, rendimiento, inversión” y otros productos financieros.
La consecuencia sería un cambio profundo: mover dinero podría convertirse en un commodity, mientras las compañías competirían por los servicios que construyen encima.
Del dólar digital al peso y al real
Pero América Latina plantea otra pregunta: si las stablecoins funcionan como infraestructura financiera, ¿por qué necesariamente deberían estar denominadas en dólares?
Hoy el dólar concentra gran parte de este mercado, pero las economías de la región siguen funcionando principalmente en monedas locales. “Si mirás tus transacciones, probablemente el 99% estén liquidadas en moneda fiat local”, señaló Alfredo Roisenzvit, fundador de DIPE, una stablecoin vinculada al peso argentino.
La posibilidad abre casos de uso que van mucho más allá de pagar con una moneda digital. Durante el panel se discutieron préstamos, colateral, FX y tokenización de activos locales. En economías dolarizadas como la argentina, por ejemplo, una empresa podría mantener ahorros en stablecoins vinculadas al dólar y utilizarlos como garantía para obtener financiamiento denominado en pesos.
Martina anticipó incluso un escenario en el que cambiar entre monedas podría volverse prácticamente imperceptible. “En un par de años nadie va a pensar en FX porque va a ser transparente”, sostuvo.
La próxima etapa de adopción blockchain podría parecerse cada vez menos a “usar cripto”. Si esa infraestructura consigue abaratar y acelerar pagos, crédito y transferencias sin obligar al usuario a entender qué ocurre detrás, el mayor triunfo de las stablecoins podría ser, precisamente, volverse invisibles.