Satellogic es una empresa fundada en 2010 por los argentinos Emiliano Kargieman y Gerardo Richarte, dedicada a diseñar, fabricar y operar sus propios satélites de observación terrestre. En los últimos años pasó de ser una promesa incierta del sector espacial a uno de los nombres que más siguen los inversores de Wall Street. Y en lo que va de 2026, su acción trepó 180% y se convirtió en el papel del sector espacial de mejor desempeño del mundo, incluso después de haber perdido buena parte de ese envión desde su pico de mayo.

Detrás de esa suba hay un cambio de fondo en el negocio de la compañía, que hoy lidera Kargieman como CEO: el primer EBITDA positivo de su historia, un giro casi total hacia contratos de defensa e inteligencia, y una batería de anuncios que reacomodó las expectativas de los inversores. Todo esto mientras su fundador impulsaba, en paralelo, un debate legislativo en Argentina que la semana pasada retrocedió en uno de sus puntos centrales.

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El debate en el Senado

El 11 de agosto, Kargieman expuso ante la Comisión de Legislación General del Senado para defender un proyecto que él mismo ayudó a inspirar: la posibilidad de crear compañías gestionadas íntegramente por inteligencia artificial, sin empleados ni directores humanos. La iniciativa, impulsada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y elogiada públicamente por el presidente Javier Milei en una columna publicada en el Financial Times, buscaba reemplazar la Ley General de Sociedades vigente desde 1972 e incorporar la figura de las "sociedades automatizadas". Pero apenas unos días después de esa exposición, la senadora Patricia Bullrich anunció que el oficialismo debía ceder en uno de los puntos más resistidos del texto: las empresas manejadas por algoritmos tendrán que contar, de todos modos, con al menos un responsable humano o jurídico. La discusión en comisión, además, había estado marcada por cruces ríspidos entre legisladores y especialistas invitados a exponer, entre ellos el exdirector de la Inspección General de Justicia, Ricardo Nissen.

Kargieman lleva años pensando en ese marco regulatorio. Según contó en una extensa entrevista con Bloomberg Línea, la idea empezó a rondarle desde que fundó Satellogic, y terminó plasmada en un white paper que le acercó a Sturzenegger y a la diputada Sabrina Ajmechet. Su argumento central es que un país con una población económicamente activa relativamente chica —como Argentina, con entre 8 y 10 millones de personas en esa condición— podría "romper la barrera demográfica" si logra que millones de agentes de inteligencia artificial generen valor dentro de un marco regulatorio local, algo que compara con lo que hicieron en su momento Delaware con las sociedades de responsabilidad limitada o Estonia con la ciudadanía digital.

El giro hacia defensa

El otro gran cambio detrás del rally bursátil tiene que ver con el giro hacia el negocio de defensa e inteligencia, que hoy representa alrededor del 95% de la facturación de la empresa. Satellogic arrancó apuntando a clientes comerciales, pero entre 2018 y 2019 decidió virar hacia contratos con gobiernos, un proceso que llevó a Kargieman a sacar la compañía a la bolsa y reestructurar por completo su estructura de capital. Parte de esa reestructuración implicó desprenderse de inversores chinos: la empresa cerró sus operaciones en China y hoy el vínculo con ese país es, en palabras de su fundador, prácticamente nulo.

El segundo trimestre de 2026 fue, según Kargieman, la primera muestra clara en los números de ese "punto de inflexión": la facturación creció 259% interanual y llegó a 15,9 millones de dólares, con el primer EBITDA positivo de la historia de la compañía. Entre los clientes gubernamentales aparece la Fuerza Aérea de Brasil, aunque en Argentina, pese a conversaciones con distintos gobiernos, todavía no hay contratos firmados; Kargieman mencionó el monitoreo del Atlántico Sur y el control de la pesca ilegal como posibles áreas de interés local. La compañía tiene hoy alrededor de 200 empleados y, según su CEO, un pipeline de oportunidades que supera los 1.000 millones de dólares.

La corrección desde el pico de mayo —cuando la acción llegó a cotizar por encima de los 11 dólares y hoy ronda la mitad de ese valor— la explican tanto Kargieman como analistas del sector por factores ajenos al negocio: la salida del CFO Rick Dunn, la salida a bolsa de SpaceX y el consecuente rebalanceo de índices sectoriales, que empujó a varios fondos a vender posiciones en compañías espaciales más chicas para financiar sus nuevas tenencias en la empresa de Elon Musk. El consenso de analistas relevado por Bloomberg recomienda comprar la acción, con un precio objetivo promedio a 12 meses de 10,20 dólares.

El futuro con OpenAI

Por fuera de Satellogic, Kargieman también lidera Sur Energy, la compañía a través de la cual acordó con OpenAI el desarrollo de un data center de 25.000 millones de dólares en la provincia de Neuquén, en la zona de Vaca Muerta. Sur Energy la había fundado Matías Travizano, un amigo de Kargieman fallecido hace casi un año, y este último terminó liderándola por completo tras su muerte. Desde la firma de la carta de intención, en octubre del año pasado, avanzó la elección del terreno junto al gobierno provincial, pero el proyecto sigue sin pasar a la etapa de contrato definitivo, el paso necesario para arrancar la construcción.

Kargieman fue elocuente al respecto: "la pelota está en la cancha de OpenAI". En el medio, la compañía de Sam Altman redujo en varias oportunidades el capex global que había anunciado para centros de datos: primero habló de 1,3 billones de dólares, luego bajó la cifra a 600.000 millones y más tarde a 400.000 millones, mientras cerraba proyectos en distintos puntos del mundo, entre ellos Stargate, en el Reino Unido. Según Kargieman, OpenAI sigue viendo con interés la oportunidad argentina, aunque el proyecto permanece, por ahora, en pausa a la espera de esa señal definitiva. Para el empresario, el mayor potencial no está tanto en la inversión inicial —de la que buena parte se destinaría a la compra de placas de Nvidia— sino en la posibilidad de convertir a la Patagonia, gracias a su matriz energética renovable, en una nueva línea de exportación de cómputo capaz de generar decenas de miles de millones de dólares al año.

Satellogic, de todos modos, también tiene su propia apuesta a futuro: Merlin, la constelación que la compañía empezará a desplegar en octubre y que apunta a remapear la superficie completa del planeta todos los días con un metro de resolución, algo que hoy no existe en ningún otro operador. Kargieman precisó a Bloomberg Línea que el mercado de defensa e inteligencia satelital mueve unos 10.000 millones de dólares al año, pero que los mercados comerciales a los que Merlin le abriría la puerta —agricultura, forestación, seguros, monitoreo de infraestructura— podrían ser entre 10 y 15 veces más grandes. Cada satélite de la empresa sale hoy alrededor de 1,3 millones de dólares, frente a los 10 o 15 millones que cuestan equipos comparables de la competencia, y captura hasta diez veces más datos, según los números que maneja la compañía. El objetivo de alcanzar flujo de caja libre positivo está puesto en 2027.

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