20 de agosto 2026 - 21:34hs

Un multimillonario tecnológico, un fondo soberano del golfo Pérsico y una gestora escocesa con más de un siglo de historia compraron acciones de la misma compañía durante el segundo trimestre de 2026. La empresa es Vista Energy, la petrolera fundada por Miguel Galuccio que lidera la explotación de Vaca Muerta, y la coincidencia entre tres perfiles de inversión tan distintos —uno apostado en tecnología disruptiva, otro en la gestión de reservas soberanas, el tercero especializado en compañías de alto crecimiento— no responde al azar.

El primero en aparecer fue Peter Thiel. La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) hizo público el 14 de agosto que su fondo, Thiel Macro LLC, compró casi 76 millones de dólares en acciones de Vista durante el trimestre: 1.189.792 ADS, equivalentes a cerca del 1% del capital de la petrolera. Más que el porcentaje, importa el lugar que ocupa dentro de su cartera declarada: Vista quedó como la segunda posición del fondo, apenas detrás de Amazon, y es la única compañía no estadounidense entre las ocho que Thiel Macro reportó ante la SEC. Las otras siete están casi todas ligadas al negocio eléctrico y energético de Estados Unidos —Vistra, American Electric Power, DTE Energy, FirstEnergy, CMS Energy, X-Energy—, lo que deja ver una tesis de fondo: apostar a quien tenga capacidad de generar la energía que va a demandar el crecimiento de la inteligencia artificial. La inversión llegó, además, meses después de que Thiel se reuniera con Javier Milei en la Casa Rosada y se instalara con su familia en Buenos Aires, donde compró una propiedad en Barrio Parque.

Casi al mismo tiempo, los balances trimestrales revelaron que Baillie Gifford —la gestora escocesa fundada en Edimburgo en 1908, que supo entrar temprano en Tesla y en SpaceX— sumó 1,2 millones de acciones de Vista, un incremento del 74% sobre la posición que ya tenía, y llevó su participación al 2,4% de la compañía. A diferencia de Thiel, Baillie Gifford no llega a Vista por una apuesta puntual sino como parte de su estrategia habitual de identificar compañías de alto crecimiento con años de anticipación, algo que ya había hecho con otras firmas que hoy son gigantes tecnológicos.

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El tercer movimiento es el más intrincado. El Abu Dhabi Investment Council (ADIC), brazo inversor del gobierno de Abu Dabi y parte de Mubadala, es accionista de Vista desde 2019, cuando llegó a controlar más del 16% de la compañía. A comienzos de 2026 circularon versiones de que el fondo estaba por desprenderse de buena parte de esa tenencia, y su participación cayó a menos del 3%. Los datos del segundo trimestre muestran el movimiento inverso: ADIC aumentó su posición un 18% y volvió a subir hasta el 2,6% del capital. Entre un inversor tecnológico que llega por primera vez, una gestora de crecimiento que profundiza una apuesta ya conocida y un fondo soberano que retoma posiciones después de haber recortado, Vista terminó reuniendo en un mismo trimestre tres lógicas de inversión distintas, y eso fue lo que la transformó en el vehículo preferido del capital internacional para apostar a Vaca Muerta.

Antecedentes de una escalada

Vista nació en 2017 como una sociedad armada por Galuccio, que había sido CEO de YPF entre 2012 y 2016, con un objetivo puntual: consolidar activos petroleros en la formación neuquina. Desde entonces creció a fuerza de compras. Absorbió bloques de Vaca Muerta que antes operaban otras firmas y, más recientemente, se quedó con los activos que Equinor tenía en la cuenca —Bandurria Sur y Bajo del Toro—, una operación que sumó unos 22.000 barriles diarios a su producción.

Según estimaciones de la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos, Vaca Muerta alberga la segunda reserva de gas no convencional más grande del mundo y la cuarta de petróleo. Durante años funcionó como una promesa de largo plazo, un activo geológico enorme pero con poca capacidad de traducir ese subsuelo en dólares genuinos. Esa ecuación empezó a cambiar con la llegada del oleoducto Oldelval Duplicar, que redujo drásticamente los costos de transporte, y con el impulso del RIGI —el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones que impulsó el gobierno de Javier Milei—, que garantiza a los proyectos adheridos estabilidad fiscal y aduanera por treinta años.

Fue en ese contexto de maduración de Vaca Muerta como negocio que Vista pasó de ser una apuesta de nicho para especialistas en energía a figurar en las carteras de los fondos más grandes del planeta.

Los números detrás de la suba

Los resultados del segundo trimestre explican el interés de los fondos. Vista reportó ingresos por 1.150 millones de dólares, un 89% más que un año atrás, con una producción que alcanzó los 156.100 barriles equivalentes de petróleo por día, cerca de un 30% arriba respecto del trimestre anterior. El EBITDA ajustado casi se duplicó y la ganancia por acción se cuadruplicó interanualmente hasta 2,38 dólares. Con todo eso, la acción cotiza a un múltiplo de apenas siete veces sus ganancias proyectadas, un nivel bastante por debajo del promedio de sus pares internacionales.

Entre las razones que explican el apetito institucional aparece, en primer lugar, la condición de Vista como pure play: a diferencia de otras petroleras de la región, que combinan participación estatal con negocios diversificados, la compañía de Galuccio ofrece exposición directa a la curva de crecimiento de Vaca Muerta. Se suma su perfil exportador —cerca del 70% de su producción de crudo se coloca en el mercado externo— y un costo de extracción que ronda los 4,5 a 5 dólares por barril, uno de los más bajos de la industria a nivel global. Ese dato le da a la compañía un colchón considerable frente a eventuales caídas en el precio internacional del petróleo.

Cuentas pendientes

El desafío más citado por los analistas que siguen de cerca a la compañía tiene que ver con la infraestructura. A medida que la producción de Vaca Muerta crece, el cuello de botella dejó de estar en la extracción y pasó a la logística de evacuación del crudo. La construcción del proyecto VMOS —Vaca Muerta Oil Sur, el sistema de oleoducto y terminal portuaria pensado para multiplicar la capacidad exportadora de la cuenca— todavía tiene que terminar de ejecutarse en los plazos previstos.

Pesa también el riesgo propio de cualquier productor de commodities: la rentabilidad de Vista está atada a las oscilaciones del petróleo Brent y al contexto geopolítico energético internacional. Y aunque el RIGI le da a la compañía una capa de protección regulatoria que otras firmas argentinas no tienen, Vista sigue operando dentro de un país cuya economía atraviesa un proceso de estabilización todavía en marcha, con un tipo de cambio que los inversores siguen de cerca.

Con todo, el consenso de Wall Street mantiene una mirada favorable. Casas como JPMorgan y UBS ubican el precio objetivo promedio de la acción en un rango de entre 89 y 98 dólares por ADR, lo que implica un margen de suba superior al 25% respecto de los valores actuales de cotización. La consultora GuruFocus, por su parte, calcula que el papel cotiza con un descuento cercano al 24% frente a lo que considera su valor intrínseco.

Para los próximos trimestres, la atención del mercado va a estar puesta en la integración plena de los activos que la empresa le compró a Equinor y en el avance de las obras de evacuación. En un horizonte más largo, Vista se propuso llegar a 250.000 barriles equivalentes de petróleo por día para 2030 y a un EBITDA anual de 3.000 millones de dólares durante 2026, metas que, de cumplirse, terminarían de consolidarla como la principal exportadora independiente de energía de América Latina.

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