La iniciativa contempla el intercambio de experiencias en fiscalización, geología y políticas públicas mineras, la formación de capital humano especializado y la promoción de inversiones responsables. También prevé la búsqueda coordinada de apoyo técnico y financiero ante organismos multilaterales y la realización de convocatorias conjuntas para proyectos de investigación e innovación entre actores públicos y privados.
Pero el acuerdo tiene límites precisos: no establece cuotas de producción, precios comunes ni mecanismos de comercialización conjunta. Tampoco crea un organismo supranacional ni un cartel de productores. Cada país conserva sus propias políticas mineras, prioridades industriales y regímenes de inversión.
Una región con recursos estratégicos
La alianza parte de una posición particular de los cuatro países en el mapa mundial de los minerales críticos.
Chile y Perú son actores centrales del mercado global del cobre, mientras que Argentina, Bolivia y Chile concentran las mayores reservas y recursos mundiales de litio y forman parte del denominado Triángulo del Litio.
A escala regional, América Latina concentra aproximadamente el 49% de los recursos mundiales de cobre y representa alrededor del 41% del cobre extraído a nivel global. También reúne cerca de un tercio de los recursos mundiales de litio y el 19% de su producción.
La posición de la región también se refleja en los nuevos proyectos de cobre: América Latina concentra el 45% de los proyectos greenfield y el 56% de los brownfield a nivel mundial.
Sin embargo, existe una diferencia entre la magnitud de los recursos y la capacidad de procesamiento. En cobre, Chile refina aproximadamente 1,7 millones de toneladas, frente a unos 14 millones de toneladas de China.
La brecha muestra uno de los desafíos que enfrenta la región: transformar su dotación de recursos y su cartera de proyectos en una posición más fuerte dentro de las cadenas globales de suministro.
En ese contexto, América Latina puede pasar de ser únicamente un centro de recursos a convertirse en un “puente para las redes globales de suministro”.
El desafío de una demanda creciente
La iniciativa también responde a la presión que generan la transición energética y el avance de la inteligencia artificial sobre las cadenas de suministro.
Según proyectó el biministro chileno Daniel Mas, ambos procesos generarán durante la próxima década una demanda que requerirá entre 400% y 600% más de minerales críticos.
Los cuatro países buscan, frente a ese escenario, construir una posición regional coordinada sin conformar un bloque comercial rígido.
La propuesta apunta a aprovechar la complementariedad de sus perfiles mineros y a fortalecer las cadenas de suministro frente a la creciente demanda mundial.
Para Mas, el objetivo es posicionar al Cono Sur como el proveedor “más confiable, sostenible y competitivo”. El funcionario también destacó la integración existente en los servicios vinculados a la minería: las exportaciones chilenas de bienes y servicios para la minería hacia Argentina, Bolivia y Perú sextuplican a sus propias exportaciones de minerales.
La meta planteada es avanzar en una mayor integración para que tecnólogos, proveedores y especialistas puedan transitar libremente por la región.
Argentina busca jugar un papel central
Para Argentina, la alianza se inserta en un proceso de expansión de sus proyectos de cobre y litio.
Luis Lucero destacó el potencial geológico y la estabilidad de la región como ventajas y sostuvo que la combinación de recursos y transición energética coloca al Cono Sur ante una oportunidad histórica.
El secretario de Minería señaló además que los proyectos de cobre pueden tener una duración de 50 a 70 años y afirmó: “Argentina formará parte de la región que generará más de la mitad del cobre del mundo”.
El dinamismo inversor también aparece en los proyectos argentinos. Bajo el RIGI, el sector minero ya presentó propuestas de inversión por U$S 39.000 millones para proyectos de cobre y litio.
Entre los avances recientes se encuentra Los Azules, en San Juan, operado por McEwen Copper, que obtuvo un financiamiento de U$S 240 millones para avanzar en su desarrollo.
A esto se suma la inversión estratégica de U$S 15 millones de Rio Tinto en Mogotes Metals para incorporarse al proyecto Filo Sur, dentro del distrito fronterizo de Vicuña.
El mapa de recursos argentino también incluye 33.650 toneladas de uranio distribuidas en siete proyectos, ampliando la disponibilidad de recursos vinculados a la transición energética.
La integración ya comenzó en la Cordillera
La declaración regional no parte de cero. Los cuatro países ya cuentan con esquemas de integración previos, entre ellos el Memorando de Entendimiento Chile-Perú de 2025 y, especialmente, el Tratado de Integración y Complementación Minera entre Argentina y Chile.
La integración bilateral dio un nuevo paso un día antes de la declaración regional, cuando Argentina y Chile aprobaron los marcos operativos para tres megaproyectos de cobre fronterizos ubicados en la Cordillera de los Andes, entre San Juan y la Región de Atacama.
Uno de ellos es Vicuña, que integra el yacimiento Josemaría, en San Juan, con Tamberías, en Chile, junto al depósito de exploración Filo del Sol, compartido a ambos lados de la frontera.
El segundo es NexoAndino, que comprende el yacimiento Lunahuasi, en San Juan, y Los Helados, en Chile.
El tercero es Filo Sur, que unifica y consolida los trabajos de exploración operativa dentro del Distrito Vicuña.
Este esquema permite que proyectos ubicados a ambos lados de la Cordillera puedan compartir infraestructura, servicios y accesos, un modelo cooperativo que Chile busca replicar con Perú y Bolivia.
De exportar recursos a construir una posición regional
La declaración firmada en Santiago busca articular recursos que ya tienen peso individualmente, pero que adquieren otra dimensión al ser considerados en conjunto.
Chile y Perú aportan su posición en el cobre; Argentina, Bolivia y Chile concentran recursos de litio; y los cuatro países cuentan con proyectos, capacidades y esquemas de integración que pueden complementar sus respectivas fortalezas.
El desafío planteado por Bolivia apunta precisamente a que la cooperación no quede limitada a la extracción. Walter Landívar sostuvo que el objetivo debe ser transformar los recursos en oportunidades de valor agregado, desarrollo productivo y bienestar social.
Desde Perú, Guillermo Shinno defendió que el aprovechamiento de los recursos debe estar al servicio de un desarrollo “inclusivo, competitivo y del bienestar de toda la población”, con una minería moderna basada en relaciones de confianza con las comunidades.
La apuesta regional, entonces, no consiste solamente en producir más minerales. Busca construir una posición conjunta frente a una demanda mundial creciente, atraer inversiones y fortalecer las cadenas de suministro desde el Cono Sur.
La declaración no crea un cartel ni un mercado común de minerales. Pero formaliza un mecanismo político para que cuatro países con perfiles mineros complementarios coordinen parte de sus capacidades y busquen mayor peso en la nueva competencia global por el cobre, el litio y otros recursos críticos.