Las stablecoins dejaron de ser una herramienta reservada al universo cripto para convertirse en una infraestructura financiera que mueve cientos de miles de millones de dólares y que comienza a competir por negocios históricamente dominados por bancos, procesadores de pagos y compañías de remesas.

Los datos de Artemis muestran la dimensión del cambio. La oferta global de stablecoins supera los U$S 300.000 millones, después de crecer prácticamente sin interrupciones desde comienzos de 2024. USDT, emitida por Tether, concentra cerca de U$S 186.000 millones, mientras que USDC, de Circle, se acerca a los U$S 79.000 millones.

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Volúmenes de oferta, diarios y transaccionados de stablecoins a nivel mundial. Fuente: Artemis

Pero detrás del crecimiento de esos dólares digitales hay una transformación todavía más profunda: quién cobra por mover el dinero, quién controla la infraestructura y quién se queda con los márgenes.

“Hay un profundo proceso de redefinición del sistema financiero global, regional y especialmente en Argentina”, aseguró a El Observador Agustín Pesce, abogado especializado en regulación financiera y AML, director ejecutivo de Guardline y vicepresidente del Colegio Público de la Abogacía.

La pregunta, entonces, es quiénes están ganando con esa redefinición y quiénes comienzan a perder terreno.

Los primeros grandes ganadores

Una parte importante del negocio está hoy concentrada en los emisores de stablecoins. El modelo es sencillo: reciben dólares a cambio de los tokens que emiten y colocan buena parte de esas reservas en activos líquidos y seguros, como bonos del Tesoro estadounidense, cuyo rendimiento queda en manos del emisor.

“Cuando comprás un dólar digital, le entregás un dólar real a un emisor que lo coloca en bonos del Tesoro. Vos te quedás con la estabilidad y él con los intereses. Tether ganó 1.500 millones de dólares solo en el segundo trimestre.”, explicó a El Observador, Guillermo Goncalvez, fundador y CEO de El Dorado.

Sin embargo, según el ejecutivo, el mayor beneficiario de todo esto, no es ninguna empresa.

"Es el usuario y la pequeña empresa latinoamericana. Cada punto de comisión que se deja de cobrar dentro del sistema tradicional financiero es dinero que se queda en la región en vez de irse a una cámara de compensación en Nueva York o Londres. El mercado de pagos transfronterizos en América Latina se acerca al billón de dólares al año contando comercio, servicios y sueldos. Un punto de eso son diez mil millones anuales", defendió.

La participación del mercado según emisores, Tether y Circle llevan la delantera. Fuente: Artemis

El negocio se extiende mucho más allá de Tether o Circle. Exchanges, wallets, custodios, proveedores de infraestructura y compañías que permiten convertir stablecoins hacia monedas locales están capturando una parte creciente del valor.

Para Rafael De Ambrosi, CEO de Twin Finance, “el valor no está solamente en la emisión de la stablecoin, sino en todo el ecosistema que se construye alrededor de ella”.

"Hoy el valor se está capturando principalmente en los distintos eslabones que hacen posible que las stablecoins funcionen como una nueva infraestructura financiera: los emisores, los exchanges y las plataformas que aportan liquidez, custodia, conversión y acceso", compartió De Ambrosi a El Observador.

Alvin Kan, COO de Bitget Wallet, por su parte coincide y considera que la siguiente batalla estará en las compañías capaces de conectar estos activos con bancos, tarjetas, códigos QR y sistemas de pagos locales. "Los emisores capturan valor a partir del crecimiento de la oferta y el uso de stablecoins, mientras que los exchanges, las wallets y los proveedores de infraestructura se benefician del aumento del volumen de transacciones y de la actividad financiera que se mueve onchain", aseguró.

Los que empiezan a perder margen

Si existe un sector sobre el que coinciden prácticamente todos los especialistas consultados, es la banca corresponsal.

Durante décadas, enviar dinero entre dos países exigió conectar bancos que no necesariamente tenían relación directa entre sí. Cada institución incorporada a esa cadena sumaba costos, tiempos y procesos de conciliación.

Las stablecoins atacan precisamente esa intermediación.

“Hoy uno hace un pago cross-border en segundos y en centavos, versus SWIFT, que pasa por varios bancos intermediarios”, explicó Pesce. Para el especialista, frente a esa diferencia de infraestructura, “se acabó el partido”.

Cadenas blockchain sobre las que se construyen las diferentes soluciones de monedas estables. Fuente: Artemis

Goncalvez es todavía más categórico: “La banca corresponsal tenía como función ser el puente entre dos sistemas bancarios que no se hablaban y cobraba por esa desconexión”.

De Ambrosi coincide en que los segmentos más expuestos son precisamente aquellos construidos alrededor de múltiples capas de intermediación: bancos corresponsales, procesadores de pagos y determinados operadores de remesas.

Remesas y pagos cross-border: un negocio obligado a reinventarse

La presión también alcanza a compañías tradicionales de transferencias internacionales.

Según Goncalvez, el problema para estos jugadores es que buena parte de sus ingresos proviene precisamente de las fricciones que blockchain intenta eliminar: comisiones, spreads cambiarios y costos asociados a mover dinero entre distintas infraestructuras.

Su ingreso es exactamente lo que la nueva tecnología elimina”, resumió y agregó: "Las remesas son la punta del iceberg y rondan los 160.000 millones de dólares al año hacia América Latina, pero el volumen real de pagos entre países es varias veces mayor. El importador boliviano que le paga a un proveedor en Shenzhen, la empresa de software que cobra de un cliente en Miami, el exportador que necesita cobrar en dos días y no en dos semanas. Juniper Research proyecta que hacia 2035 el 85% del valor movido en stablecoins va a venir de pagos entre empresas, no de personas"

Eso no significa necesariamente su desaparición. Algunas compañías tradicionales ya comenzaron a incorporar infraestructura vinculada a stablecoins, una reconversión que podría terminar convirtiéndolas nuevamente en participantes de este mercado.

Pesce utiliza una comparación gráfica: el desafío es similar al que enfrentó Kodak frente a la cámara digital. La infraestructura anterior puede sobrevivir, pero necesita transformar su modelo de negocio.

Y allí aparece una de las grandes paradojas del avance de las stablecoins: los bancos pueden estar simultáneamente entre los principales amenazados y entre los grandes ganadores.

“Los bancos son grandes jugadores y creo que están entendiendo el ritmo y la dinámica del mercado”, sostuvo Pesce.

Kan comparte esa lectura. Para el ejecutivo de Bitget Wallet, bancos, compañías de pagos y fintechs pueden conectarse con la nueva infraestructura en lugar de limitarse a competir contra ella.

Transacciones de stablecoins por región. Fuente: Artemis

La transformación adquiere otra dimensión en América Latina porque las stablecoins no compiten únicamente contra un sistema financiero eficiente. En determinados mercados están llenando espacios que el sistema tradicional dejó vacíos.

“Las stablecoins están ocupando ese vacío”, aseguró Goncalvez al señalar el retroceso de determinadas relaciones de banca internacional con la región.

Los datos de Artemis muestran que América Latina representa aproximadamente el 8% del valor global de stablecoins recibido, con mercados como Brasil, Argentina, México y Colombia entre los principales focos regionales.

Los mayores beneficiarios, según los ejecutivos consultados, podrían terminar siendo las empresas y los propios usuarios. Freelancers que cobran desde el exterior, familias que reciben remesas, importadores que pagan proveedores y pymes que necesitan mover dinero entre distintos países pueden reducir tiempos y evitar algunos de los intermediarios tradicionales.

“El verdadero ganador de largo plazo debería ser quien logre ofrecer una mejor experiencia al usuario y a un menor costo”, sostuvo De Ambrosi.

En Argentina, dólares para ahorrar, pesos para gastar

Argentina representa además un laboratorio particular. La adopción de stablecoins es elevada, pero está concentrada fundamentalmente en activos denominados en dólares.

“El argentino quiere dólares para ahorrar y pesos para gastar”, sintetizó Goncalvez.

Kan coincide: actualmente “la demanda más fuerte en términos de uso real está concentrada en las stablecoins denominadas en dólares”.

Eso plantea un desafío para los proyectos que buscan llevar el peso argentino a blockchain. A diferencia de otros mercados, Argentina ya dispone de transferencias bancarias inmediatas y una infraestructura doméstica de pagos digitales ampliamente extendida. Un peso tokenizado necesita, por lo tanto, ofrecer algo adicional.

“No alcanza con replicar el peso existente sobre una blockchain. Tiene que ofrecer una utilidad concreta”, explicó De Ambrosi.

Esa utilidad podría aparecer en liquidaciones corporativas, pagos programables o en la posibilidad de conectar pesos y dólares digitales dentro de una misma infraestructura.

Pero los límites entre ganadores y perdedores todavía son móviles. Los bancos pueden integrar stablecoins; las compañías de remesas pueden reconstruir sus redes sobre blockchain; y los propios emisores pueden enfrentar una mayor competencia por el rendimiento que hoy obtienen de sus reservas.

Por eso, quizás la discusión no sea si las stablecoins reemplazarán a los bancos, sino qué jugadores conseguirán adaptarse antes de que mover dinero por blockchain deje de ser una alternativa y pase a formar parte de la infraestructura financiera cotidiana.

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