El gas natural del Cono Sur podría convertirse en el insumo para desarrollar una nueva industria regional de fertilizantes y reducir una de las principales dependencias del sector agropecuario: la importación de urea.

Los recursos disponibles en Vaca Muerta y el presal brasileño permitirían sustituir el 100% de las importaciones regionales de urea con producción competitiva, según los resultados de la Fase VI del Proyecto Regional de Integración Gasífera del MERCOSUR y Chile, presentado esta semana en Montevideo por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) y CAF, con el apoyo de ALADI e IICA.

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El diagnóstico muestra la dimensión de la oportunidad. En 2025, los países del MERCOSUR y Chile consumieron 21,4 millones de toneladas de fertilizantes nitrogenados, pero produjeron apenas 1,8 millones. El 92% de la demanda fue cubierta mediante importaciones, por un valor de US$6.513 millones.

En el caso de la urea, principal fuente de nitrógeno utilizada por la agricultura regional, las compras externas rondan las 10 millones de toneladas anuales, por aproximadamente US$4.000 millones.

Para sustituir completamente ese volumen mediante producción regional se requerirían inversiones cercanas a US$15.000 millones y una demanda incremental de gas natural de unos 12 millones de metros cúbicos diarios.

El gas, la llave para competir con las importaciones

La oportunidad surge de la relación directa entre el precio del gas y el costo de producir fertilizantes nitrogenados. El gas natural aporta el hidrógeno necesario para fabricar amoníaco y representa entre 70% y 75% del costo de producción de la urea.

El estudio concluye que la producción regional podría competir con la urea importada incluso con valores de abastecimiento de gas en planta de hasta US$14 por MMBTU.

Como referencia, una planta con capacidad para producir un millón de toneladas anuales de urea requiere aproximadamente 1,7 millones de metros cúbicos diarios de gas.

En este escenario, la disponibilidad creciente de gas en el Cono Sur se convierte en un factor determinante.

Vaca Muerta en Argentina y el presal en Brasil concentran buena parte del potencial para ampliar la producción regional, aunque las condiciones de competitividad y la infraestructura disponible difieren entre ambos países.

Argentina parte con una ventaja asociada al costo del gas de Vaca Muerta. Bajo los supuestos analizados, el gas puede llegar a Bahía Blanca a unos US$3,70 por MMBTU, lo que permitiría alcanzar costos de producción de urea cercanos a US$150 por tonelada en una planta competitiva.

Argentina podría sumar 3,5 millones de toneladas

El desarrollo de Vaca Muerta ya comenzó a traducirse en proyectos concretos de industrialización del gas.

En Argentina, dos proyectos podrían incorporar alrededor de 3,5 millones de toneladas anuales de capacidad de producción de urea, un volumen suficiente para sustituir las actuales importaciones del país y generar excedentes para otros mercados regionales.

Uno de los principales proyectos es el de Pampa Energía en Bahía Blanca. La compañía anunció una inversión de US$2.700 millones para construir una planta de urea granulada con capacidad de 2,1 millones de toneladas anuales, equivalentes a unas 6.000 toneladas diarias.

El proyecto, denominado Project Seed, ya se encuentra en su etapa inicial de construcción y prevé comenzar a producir hacia fines de 2029. La iniciativa cuenta además con los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

El proyecto representa una nueva etapa de industrialización del gas de Vaca Muerta. Pampa Energía podrá integrar parte de la cadena de valor a partir de su actividad como productor de gas y generador de electricidad, mientras que el desarrollo de la planta también incrementará la demanda de metano y, con ello, la necesidad de infraestructura para procesar el gas.

Esto adquiere relevancia por las características del shale gas argentino. El gas de Vaca Muerta presenta un contenido de líquidos —etano, propano y butano— de entre 25% y 30%, por encima del aproximadamente 10% registrado en un gas convencional.

El crecimiento de la producción de urea, por lo tanto, se vincula también con nuevas inversiones en infraestructura de midstream para separar esos líquidos. El excedente de etano podría alcanzar unos 5 millones de toneladas anuales hacia 2030, generando además condiciones para futuros desarrollos petroquímicos asociados a la producción de etileno y polietileno.

El otro proyecto relevante en el país es la ampliación de Profertil, que cuenta con una planta de 1,2 millones de toneladas de capacidad en Bahía Blanca y ya obtuvo la licencia ambiental para avanzar con una expansión en el mismo predio.

Brasil concentra el mercado

La otra pieza central del mercado regional es Brasil. El país concentra cerca del 80% del consumo de fertilizantes nitrogenados del bloque y representa el principal mercado potencial para la nueva producción.

Brasil también cuenta con una importante disponibilidad de gas en el presal, aunque enfrenta mayores costos de transporte y distribución. Actualmente, el gas puede superar los US$10 por MMBTU, mientras que el Gobierno brasileño busca reducir ese valor a alrededor de US$6 mediante políticas destinadas a aumentar la disponibilidad del recurso para la industria.

En paralelo, Petrobras avanza en la recuperación de capacidad productiva de fertilizantes. La empresa reactivó sus plantas de Sergipe y Bahía y proyecta retomar la producción de urea en ANSA, Paraná. También prevé invertir US$1.000 millones para completar la planta de Tres Lagoas, en Mato Grosso do Sul, que podría comenzar a operar en 2029.

Con estas cuatro plantas en funcionamiento, Petrobras estima que podría cubrir aproximadamente 35% del mercado brasileño de urea.

La cercanía entre Argentina y Brasil también puede convertirse en una ventaja para el comercio regional. Un cargamento de urea desde Bahía Blanca puede llegar a Brasil en aproximadamente 4 o 5 días, frente a los 20 o 25 días que pueden demandar los proveedores extrarregionales.

Bolivia ya tiene un caso de integración

El caso de Bolivia muestra que la transformación del gas en fertilizantes puede convertirse también en una herramienta de integración regional.

Desde la puesta en marcha de la planta de Bulo Bulo, el país prácticamente sustituyó sus importaciones de urea y pasó a exportar entre 200.000 y 500.000 toneladas anuales, principalmente hacia países vecinos.

En 2025, la planta boliviana abasteció aproximadamente 85% de la urea consumida por Paraguay.

El antecedente aparece como una referencia para el potencial de una mayor integración entre los países productores de gas y los principales mercados agrícolas de la región.

Una oportunidad que también pasa por los suelos

El problema que busca resolver el desarrollo de nueva capacidad industrial no es solamente comercial.

MERCOSUR y Chile constituyen uno de los principales polos productores y exportadores de alimentos del mundo, con más de US$250.000 millones anuales en exportaciones de productos de base agraria. A la vez, las proyecciones internacionales apuntan a una expansión sostenida de la demanda mundial de alimentos durante las próximas décadas.

Con una disponibilidad limitada de nuevas tierras agrícolas, el aumento de la producción deberá apoyarse cada vez más en la mejora de los rendimientos.

Sin embargo, los estudios presentados durante el encuentro muestran que los principales cultivos de la región todavía se encuentran por debajo de su potencial productivo. En Argentina y Brasil, la brecha estimada para maíz y soja se ubica entre 37% y 51%.

Uno de los factores asociados es la nutrición de los suelos. La extracción de nutrientes que generan las cosechas no siempre es compensada mediante fertilización, y el costo de los insumos puede llevar a una menor aplicación.

En Argentina, las estimaciones presentadas señalan que se repone solamente entre 40% y 65% de los nutrientes que se extraen con las cosechas.

La disponibilidad de urea producida regionalmente podría, por lo tanto, tener un impacto que exceda la sustitución de importaciones y alcance directamente a la productividad agrícola y a la conservación de los suelos.

El desafío: convertir el gas en una cadena regional

El estudio plantea que la expansión de la industria no necesariamente debe concentrarse en un único país o corredor. Una alternativa consiste en transportar el gas hacia plantas próximas a los grandes centros consumidores; otra, en transformar el gas en urea cerca de las cuencas productoras y trasladar posteriormente el fertilizante.

La conclusión apunta a diversificar la localización de las nuevas plantas, evitando la saturación de corredores logísticos y buscando un equilibrio entre la proximidad a los yacimientos y a los mercados.

La región ya cuenta con 4,5 millones de toneladas de capacidad instalada, aunque durante 2025 utilizó solamente el 39%. A esto podrían sumarse unos 5 millones de toneladas anuales de nueva capacidad a partir de cuatro proyectos en curso o en estudio.

Incluso si todos ellos se concretaran, el estudio estima que la demanda regional permitiría absorber el doble de esa nueva capacidad.

El desafío, entonces, no pasa solamente por disponer de gas barato. También requiere infraestructura, inversiones, logística y mecanismos que faciliten el comercio intrarregional.

En ese sentido, los participantes del encuentro plantearon avanzar durante los próximos 6 a 12 meses en una propuesta de integración energética y de fertilizantes para el Mercosur, además de mejorar los mecanismos aduaneros y logísticos.

La discusión podría llegar a la agenda de la próxima cumbre de presidentes del Mercosur, prevista para diciembre de 2026 en Uruguay.

El objetivo de fondo es transformar una dependencia de aproximadamente US$4.000 millones anuales en importaciones de urea en una nueva cadena industrial regional.

Para Argentina, el desarrollo de Vaca Muerta la coloca en una posición privilegiada: el mismo gas que impulsa las exportaciones energéticas puede convertirse también en el insumo para producir fertilizantes, abastecer al campo regional y agregar valor antes de salir del país.

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