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Adrián Pignatelli, historiador y periodista, reflexionó en una entrevista con Horacio Cabak en Radio El Observador 107.9 sobre la posibilidad de demoler el histórico edificio del Ministerio de Desarrollo Social, ubicado en la Avenida 9 de Julio. El futuro de esta construcción, que lleva décadas en el centro del debate, vuelve a ser tema de conversación por su estado actual, su impacto urbano y su significado simbólico.

Pignatelli explicó que el edificio fue inaugurado como parte de un ambicioso plan de obra pública impulsado por el gobierno de Agustín P. Justo para paliar los efectos de la crisis económica tras el crack de 1929. “Era parte de un proyecto mayor que buscaba crear una especie de ‘ciudad cívica’, concentrando todos los edificios gubernamentales a lo largo de la Avenida 9 de Julio, desde Plaza de Mayo hasta Constitución”, detalló. Sin embargo, el plan no se completó, y el Ministerio de Obras Públicas quedó como un ejemplo aislado de esa visión.

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Se rompió con toda la armonía urbana”, señaló Pignatelli al referirse al impacto estético del edificio en su época. “Por ejemplo, en la Diagonal Norte, todos los edificios respetan una misma altura y estilo arquitectónico. Pero esta construcción, con sus más de 90 metros, estaba completamente fuera de contexto”. A pesar de su singularidad, destacó que en su momento fue considerado un hito arquitectónico, con avances como modernos ascensores y espacios funcionales.

Intentos de demolición y resistencia política

El historiador recordó que la idea de demoler el edificio no es nueva. “En 1995, durante la intendencia de Jorge Domínguez, bajo la presidencia de Carlos Menem, se planteó la demolición con el argumento de que interfería con el tránsito de la 9 de Julio”, relató. Según Pignatelli, incluso se llegó a considerar una solución insólita: “Menem dijo que le pondrían rodillos a los cimientos para moverlo y liberar el espacio”.

A pesar de estas iniciativas, el edificio sigue en pie. “Resiste porque nunca hubo una voluntad política efectiva para avanzar en su demolición”, afirmó Pignatelli. Además, subrayó que está profundamente vinculado a la historia del peronismo, especialmente por el Cabildo Abierto de 1951, donde se ofreció la candidatura a la vicepresidencia a Eva Perón. “Es un lugar cargado de simbolismo. No es solo un edificio más en la 9 de Julio; tiene un peso histórico que lo convierte en un espacio emblemático para muchos sectores políticos”.

Debate sobre su simbolismo y futuro

Una de las cuestiones centrales es el significado actual del edificio, adornado con las icónicas figuras de Eva Perón en sus fachadas. Pignatelli mencionó la posibilidad de que, incluso si no se demuele, se avance en un proceso de despolitización de los edificios públicos. “Así como se le quitó el nombre al Centro Cultural Kirchner, podría retirarse la imagen de Evita. Se podría optar por figuras como San Martín, Belgrano o incluso referentes científicos como Luis Agote, quien descubrió el método para conservar la sangre”.

Sin embargo, no todo el debate es simbólico. Pignatelli también abordó las cuestiones prácticas relacionadas con el estado del edificio. “El mantenimiento deficiente es un problema recurrente en las propiedades estatales. Este edificio, con más de 80 años de historia, no ha sido la excepción”, señaló. Comparó su situación con la de construcciones privadas de la misma antigüedad que, al recibir cuidados constantes, se mantienen en perfecto estado. “En su momento, fue considerado una maravilla arquitectónica, pero no sé cuál es su grado de deterioro actual”.

La 9 de Julio y las pérdidas arquitectónicas

La historia del edificio del Ministerio de Desarrollo Social está profundamente ligada al proceso de apertura de la Avenida 9 de Julio, que implicó la pérdida de varias joyas arquitectónicas. “Donde hoy está el Obelisco, antes estaba la Iglesia de San Nicolás de Bari. También se demolieron otras construcciones importantes, como la famosa Jabonería de Vieytes, donde los criollos conspiraban en mayo de 1810”, recordó Pignatelli. “La creación de la avenida arrasó con casas y edificios coloniales para generar la amplitud que vemos hoy”.

Pignatelli concluyó que el debate sobre la demolición del edificio no es solo una cuestión de urbanismo, sino también de memoria histórica. “Es un edificio que, para bien o para mal, forma parte del tejido cultural y simbólico de Buenos Aires. Decidir su futuro no será fácil, porque representa tanto un obstáculo práctico como un ícono político”.

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Ministerio de Desarrollo Social

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