El año que terminó fue muy movilizante, laboralmente hablando, para Joaquín Furriel. En marzo pasado estrenó Descansar en paz, de Sebastián Borensztein, y en septiembre El aroma del pasto recién cortado, de Celina Murga, que lo llevó a recorrer distintas alfombras rojas desde Tribeca en Nueva York (en donde conoció y charló animadamente con Martín Scorsese, productor ejecutivo del filme de la directora entrerriana) hasta Biarritz y San Sebastián. Y este 2025 comienza con el primer gran estreno argentino en cines, Una muerte silenciosa, de Sebastián Schindel, un thriller patagónico filmado en la zona de Lago Hermoso. “El lugar de rodaje es un integrante más del elenco, porque forma parte de la historia”, cuenta Furriel en diálogo exclusivo con El Observador.
Joaquín Furriel en Una muerte silenciosa
Joaquín Furriel en Una muerte silenciosa
Es la tercera película que hacen juntos. “La sociedad artística con Sebastián nació con El Patrón, hace más de 10 años. No me acuerdo en que año fue. Fue un bautismo para los dos. Opera prima de él y mi primer protagónico en cine con ese grado de caracterización y de complejidad interpretativa. Tuvimos mucha novedad compartida”, recuerda Joaquín.
Joaquín Furriel en Una muerte silenciosa
Joaquín Furriel en Una muerte silenciosa
Aquel personaje era Hermógenes Saldívar, un peón santiagueño que llega a Buenos Aires buscando un futuro mejor y se ve envuelto en una asesinato. Cinco años más tarde, fue Lorenzo Roy en El hijo, también de Schindel. Y ahora es Octavio, un guía de caza taciturno que trabaja para Klaus (Alejandro Awada) y esconde secretos y dolores del pasado.
Joaquín Furriel en Una muerte silenciosa
Joaquín Furriel en Una muerte silenciosa
“Disfruté mucho este rodaje porque nos dimos cuenta que estábamos filmando algo excepcional. Hacerlo en la Patagonia, con estas características, esta producción. Me gusta mucho este personaje. Es un hombre que se ha ido aislando del mundo por las cosas que le fueron pasando, se fue analfabetizando los estímulos”, sostuvo el actor en diálogo con El Observador.
Furriel eligió una forma particular de meterse en la piel de Octavio. “El elenco se hospedó en San Martín de los Andes y hasta el set había 40 km de viaje, una hora en auto cada día. En pleno invierno, con frio, nieve, neblina, silencio. En cambio, yo opté por quedarme todo ese tiempo en una cabaña en la zona de Lago Hermoso. Solo, para entrar en clima. Aislado, no funcionaban los celulares. Llegué mucho antes para ir a cotos de caza, sin cazar, obvio. Pero necesitaba conocer esa labor que debía interpretar. Contar una historia así, un thriller psicológico es muy difícil de hacer y esta película va a ser impactante”.