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Mauricio Macri encarna hoy la trágica figura del padre que devora a sus hijos para preservar un poder que se le escapa entre los dedos. Pablo Avelluto, biógrafo del expresidente y exministro de Cultura de Cambiemos, define esta etapa con una sentencia de precisión quirúrgica: "Macri es Rey de un territorio que no gobierna".

El fundador del PRO habita una contradicción destructiva que lo deja sin rumbo. Sus discursos claman por la supervivencia del partido, pero sus actos alimentan el fuego que sostiene el poder de Javier Milei. Se sabe, la política está en los hechos y no en las palabras.

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La obsesión del expresidente parece girar solo en torno al control de sus herederos. No hay lugar en ese camino para la construcción de una alternativa que tenga como mascarón de proa al PRO. Las circunstancias se imponen y lo evidente forja condiciones que determinan en el análisis. A tres años del comienzo de la gestión libertaria, la incapacidad de Macri para marcarle la cancha a Javier Milei es obvia. En ese marco, el expresidente parece volcar su frustración política contra las figuras de su propio espacio.

Las esquirlas del juego de Macri recaen sobre Jorge Macri (Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), Rogelio Frigerio (Gobernador de Entre Ríos) e Ignacio Torres (Gobernador de Chubut). No hay novedad. La táctica es conocida en el universo PRO. María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta, sólo por citar dos ejemplos, ya estuvieron ahí.

En ese marco, el silencio respecto a la gestión de Axel Kicilof, principal referente opositor, en la provincia de Buenos Aires es parte del asunto. O por lo menos eso parece. Elegir los enemigos, aunque sólo sea en lo discursivo, es lo que termina por definir el tablero. En política no hay inocencias ni olvidos, tan sólo decisiones.

En ese marco, mientras el Gobernador de Buenos Aires consolida su posición para una posible confrontación con Milei, Macri prefiere limar el poder de quienes podrían ser sus espadas electorales en el 2027.

El PRO como cantera de cuadros

Así las cosas, el PRO agoniza como estructura autónoma. El partido mutó en una simple cantera de cuadros para la administración libertaria. La ausencia de la vocación de poder es el salto al olvido de cualquier fuerza política. Ahí está la UCR para dar cuenta de eso.

La llegada de Diego Santilli al gabinete nacional ilustra el despojo con nitidez. La fuerza amarilla entrega su capital humano a cambio de nada. El combo sombrío para las aspiraciones del PRO se termina por consolidar con la decisión del propio Mauricio Macri, que entrega un apoyo parlamentario casi irrestricto y al mismo tiempo desprotege a sus mandatarios provinciales.

Está claro que, por ejemplo, Ignacio Torres en Chubut, Rogelio Frigerio en Entre Ríos y Jorge Macri en la Ciudad enfrentan la gestión diaria sin el respaldo real del fundador del PRO. Todos ellos son víctimas de un doble juego que solo beneficia al gobierno nacional. En ese marco, sin guantes ni casco, suben al ring en inferioridad de condiciones para defender la gestión e intentar construir un proyecto a futuro.

La ambigüedad política, por lo general, no es el camino que recorren los partidos para edificar triunfos. El PRO está encerrado dentro de esa lógica, que impulsa su fundador. Recorre el camino a una zona gris que lo aleja de la gestión y de la competitividad electoral.

El dilema que dejó Macri

El expresidente sacrifica la identidad que construyó durante veinte años a cambio de una relevancia efímera. En ese marco, los riesgos son evidentes. Si el plan económico de Javier Milei triunfa, el éxito pertenecerá exclusivamente a los libertarios. Si el experimento fracasa, el PRO cargará con el costo del colapso por su sumisión legislativa y su representación en el Gabinete.

Macri ya no ordena con la autoridad de la última década. Su pérdida de influencia real dispersa el poder hacia estrategias individuales de gobernadores e intendentes.

¿A qué juega Mauricio Macri? Esa es la pregunta. La especulación le gana la información. ¿Macri quiere preservar al PRO o decidió que el partido desaparezca para evitar que alguien más brille sin su tutela? ¿Alguien imagina un PRO sin Macri?

Sus movimientos, sincronizados con las mejoras en las encuestas del gobierno nacional, sugieren que prefiere la demolición de su propio hogar político antes que la autonomía de sus pupilos.

El fundador del cambio amenaza con convertirse en el principal obstáculo para cualquier renovación posible.

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Mauricio Macri Propuesta Republicana Javier Milei

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