Javier Milei no consigue salir del escándalo en torno a Manuel Adorni y persisten las dudas en el Gobierno
La Casa Rosada no consigue encontrar una vía para dejar en el espejo retrovisor la polémica. Por ahora sigue el operativo blindaje para el jefe de Gabinete.
La reunión de Gabinete fue eso: una puesta en escena para mostrar unidad donde empiezan a aparecer grietas. El mensaje fue claro y sin matices. Milei y Karina Milei no lo sueltan a Adorni. No hay plan B, al menos por ahora. Todo el esquema de poder libertario quedó alineado detrás de esa decisión, incluso los sectores que vienen acumulando diferencias desde hace meses.
Javier Milei continúa con el blindaje a Manuel Adorni
El contenido del encuentro fue irrelevante. Lo importante era la foto. La Casa Rosada necesitaba mostrar que no hay fisuras en el núcleo duro del poder mientras, en paralelo, crece el murmullo interno sobre si el jefe de Gabinete ya se convirtió en un problema más grande que su propia continuidad.
Por eso la disposición de los nombres no fue casual. Martín Menem pegado a Santiago Caputo, Patricia Bullrich orbitando cerca de Karina Milei. Todo calculado. Todo pensado para tapar lo evidente: la interna existe y el caso Adorni la está tensando al máximo.
Reunion Gabinete
Javier Milei no consigue salir del escándalo en torno a Manuel Adorni y persisten las dudas en el Gobierno.
La reacción del Gobierno y al apoyo al jefe de Gabinete
Esa fue la primera parte del operativo. La segunda fue más agresiva: correr la discusión del terreno político al de una supuesta operación internacional. En ese marco se inscribe la decisión de restringir el acceso a periodistas acreditados señalados por el oficialismo como parte de una estructura de desinformación vinculada a Rusia.
En el Gobierno hablan de “La Compañía”, una firma que habría pagado en 2024 para instalar notas contra Milei. La jugada no es menor. La Casa Rosada quiere llevar la discusión al terreno de la traición a la Patria. Es, en términos políticos, un intento de cambiar el eje: dejar de defender a Adorni para pasar a atacar a quienes cuestionan al Gobierno. El problema es que esa estrategia no ordena lo que pasa puertas adentro.
Milei Adorni
Javier Milei no consigue salir del escándalo en torno a Manuel Adorni y persisten las dudas en el Gobierno.
La decisión de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, de echar a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, por haber accedido a un crédito hipotecario de casi $420 millones sin avisarle, cayó como una bomba silenciosa en Balcarce 50. No por el caso en sí, sino por el contraste.
“No tiene nada que ver con lo de Adorni ”, intentan aclarar cerca de Pettovello. La explicación es lineal: ocultó información sensible y voló. Pero en el oficialismo nadie puede evitar la comparación. Mientras una ministra corta por lo sano ante un ruido, el Presidente decide sostener a su jefe de Gabinete aun cuando el costo escala día a día. Ese doble estándar empezó a incomodar incluso a sectores que hasta ahora defendían sin matices la estrategia de blindaje.
Javier Milei no consigue salir del escándalo en torno a Manuel Adorni y persisten las dudas en el Gobierno.
A eso se le suma otro dato que en la Casa Rosada ya no pueden maquillar: las encuestas empezaron a mostrar deterioro. Caída en la imagen de Milei, baja en la aprobación de gestión y dudas crecientes sobre la economía. No es un derrumbe, pero sí una tendencia. Y en política, las tendencias pesan.
El Gobierno no logra cambiar la agenda. Sigue atrapado en modo defensivo. Y cada intento por salir -la foto, la denuncia, el endurecimiento del discurso- termina girando otra vez alrededor del mismo problema: Adorni. Ese debilitamiento ya tiene impacto concreto en otro frente clave: las provincias.
Los gobernadores también aprovechan la situación de Manuel Adorni
Los gobernadores leen el momento. Saben que la Casa Rosada perdió margen de maniobra y ajustan sus demandas. Maximiliano Pullaro avanzó con fondos para la caja jubilatoria de Santa Fe y otros trece mandatarios ya están en fila pidiendo adelantos de coparticipación y asistencia financiera.
Traducido: la negociación cambió. Lo que hace un mes era una discusión condicionada por la fortaleza política de Milei, hoy es una pulseada donde los gobernadores sienten que pueden exigir más. En la Casa Rosada lo entienden. Por eso el sostén a Adorni ya no es sólo una cuestión de lealtad personal. Es una señal de poder. Si Adorni cae, la lectura interna es directa: Milei perdió el control del ritmo político de su propio Gobierno.
El problema es que el remedio empieza a parecerse a la enfermedad. Cuanto más se estira el blindaje, más se instala la idea de que el Gobierno no está resolviendo la crisis, sino postergando su desenlace. Y en política, cuando una crisis se estira demasiado, deja de ser control de daños y pasa a ser desgaste.