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El conflicto y las tensiones solapadas entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel han sumado un nuevo capítulo en los últimos días. El viernes pasado, Villarruel no asistió a la ceremonia de entrega de sables a los jefes de las Fuerzas Armadas en el edificio Libertador. Tampoco participó en los actos de homenaje a José de San Martín en Mendoza al día siguiente. Las explicaciones ofrecidas por ambas partes sólo han generado más confusión. En el primer caso, se mencionó la falta de una invitación esperada; en el segundo, se alegó un problema de salud.

“Quiero pedirle disculpas a Mendoza, a sus autoridades y a los mendocinos por no poder asistir hoy al acto en conmemoración del Paso a la Inmortalidad del General José de San Martín. Lamentablemente me descompuse y en el aeropuerto me recomendaron no viajar. Los acompaño a la distancia en una fecha tan importante para los argentinos y los mantengo en mi corazón”, escribió Villarruel en su cuenta de X (ex Twitter) para explicar su ausencia al evento encabezado por el gobernador Alfredo Cornejo.

En los próximos días, un nuevo viaje al exterior de Milei obligará a Villarruel a asumir nuevamente su reemplazo temporal al frente del Ejecutivo. Milei partirá este jueves 22 de agosto hacia México para participar en una nueva edición de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), el principal foro de movimientos de la denominada “nueva derecha” mundial, que se llevará a cabo entre el viernes y el sábado. Además, Milei se reunirá con empresarios interesados en invertir en Argentina.

Debido al viaje del presidente Javier Milei, la vicepresidenta Victoria Villarruel asumirá el cargo de jefe del Poder Ejecutivo hasta su regreso. En medio de las tensiones entre ambos, es muy probable que Villarruel presida el acto conmemorativo del 212° aniversario del Éxodo Jujeño.

Como presidenta del Senado, Villarruel también enfrentará una semana intensa en el Congreso, donde se están abordando temas clave para el Gobierno. Entre los asuntos destacados se encuentran la audiencia para la candidatura de Ariel Lijo a la Corte Suprema, la reforma previsional y la presidencia de la comisión bicameral de Inteligencia.

A pesar de que Milei y Villarruel se mostraron juntos y sonrientes durante el desfile del 9 de julio en la avenida del Libertador, donde subieron a un tanque militar, la relación entre ellos ha sido tensa. Unos días después, en La Rural, el saludo entre ambos fue frío y el entorno de Villarruel se quejó de que sus fotógrafos no pudieron acercarse al palco oficial. Aunque Villarruel volvió a las reuniones de Gabinete en la Casa Rosada, el clima de desconfianza y tensión, especialmente con la secretaria de la Presidencia Karina Milei, continúa siendo un tema central.

Una sucesión de relaciones conflictivas

Lo cierto es que las relaciones conflictivas entre un presidente y su vice no son en absoluto una novedad en la historia argentina reciente. Al contrario, la ausencia de conflictos entre quienes han encabezado las fórmulas presidenciales han sido más una excepción que una regla.

De hecho, desde los años '90 hasta el presente se puede hacer el repaso de al menos cinco conflictos entre los presidentes y sus vices: Carlos Menem y Eduardo Duhalde (1989-1995), Fernando De la Rúa y Carlos Álvarez (2000-2001), Néstor Kirchner y Daniel Scioli (2003-2007), Cristina Kirchner y Julio Cobos (2007-2011) y, finalmente, Alberto Fernández y Cristina Kirchner (2019-2023).

Carlos Menem - Eduardo Duhalde

El conflicto entre el presidente Carlos Menem y el vicepresidente Eduardo Duhalde fue uno de los episodios más destacados y turbulentos en la política argentina de finales del siglo XX. Este enfrentamiento estuvo marcado por diferencias ideológicas y estratégicas dentro del Partido Justicialista (PJ). Menem, con un enfoque neoliberal en lo económico y una política exterior orientada hacia la apertura y la integración regional, asumió la presidencia en 1989.

Por su parte, Duhalde representaba una facción más tradicional del peronismo, con fuertes raíces en el movimiento obrero y una visión económica más nacionalista y proteccionista. El conflicto se intensificó cuando Duhalde decidió presentarse como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, lo que agravó la tensión durante el segundo mandato presidencial de Menem.

Duhalde comenzó a manifestar su desacuerdo con algunas políticas del gobierno, particularmente en relación con la privatización de empresas estatales y las políticas de ajuste estructural promovidas por organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este desacuerdo se transformó en un enfrentamiento abierto cuando Duhalde anunció su intención de postularse para la presidencia en las elecciones de 1999. En respuesta, Menem acordó con la oposición y facilitó el camino para la candidatura de Fernando De la Rúa.

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Fernando De la Rúa - Carlos Álvarez

El conflicto entre el presidente Fernando De la Rúa y su vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez marcó profundamente la gestión de la Alianza, la coalición que ambos lideraban y que llegó al poder en 1999 con la promesa de un cambio frente al agotado modelo menemista. De la Rúa, un político conservador de la Unión Cívica Radical (UCR), y Álvarez, un líder progresista del Frente País Solidario (FREPASO), representaban un matrimonio político basado más en la conveniencia electoral que en una visión compartida. Las diferencias entre ambos surgieron rápidamente, sobre todo en relación con la gestión económica, donde De la Rúa impulsaba políticas de ajuste para enfrentar la crisis, mientras que Álvarez demandaba un enfoque más social y crítico con las recetas neoliberales.

El punto de quiebre se produjo con el escándalo de los sobornos en el Senado en 2000, donde se denunció que funcionarios del gobierno pagaron coimas para asegurar la aprobación de una ley de reforma laboral. Álvarez, quien había construido su carrera política sobre la lucha contra la corrupción, exigió una investigación profunda y sanciones ejemplares, pero De la Rúa prefirió manejar el tema con cautela, evitando comprometer a figuras clave de su gobierno. Esta diferencia irreconciliable llevó a la renuncia de Álvarez en octubre de 2000, un hecho que debilitó gravemente a la Alianza y desató una crisis política interna. La salida de Álvarez marcó el comienzo del fin para el gobierno de De la Rúa, que enfrentaría un creciente aislamiento y el colapso final en diciembre de 2001, cuando el presidente renunció en medio de una devastadora crisis económica y social.

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Néstor Kirchner - Daniel Scioli

El conflicto entre Néstor Kirchner y Daniel Scioli tuvo múltiples facetas, centradas en diferencias ideológicas y estratégicas, así como en disputas de poder dentro del oficialismo. Kirchner asumió la presidencia en 2003, en un contexto de profunda crisis económica y social, y su mandato se distinguió por políticas progresistas orientadas a reducir la desigualdad y promover la justicia social. Scioli, proveniente del menemismo y con un perfil más centrista, fue elegido como vicepresidente en la fórmula.

Kirchner promovía un enfoque más confrontativo con los sectores económicos dominantes y una mayor intervención estatal en la economía. En contraste, Scioli adoptaba una postura más conciliadora y pragmática, buscando equilibrar el crecimiento económico con la estabilidad. El primer conflicto significativo surgió después de que la Cámara de Diputados aprobara la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Scioli expresó su descontento con esta medida, considerándola una "clara señal de inseguridad jurídica". Pocos días después, durante el Coloquio de IDEA, dirigido a los empresarios más influyentes, Scioli anunció que habría aumentos en las tarifas en 90 días, mientras que Kirchner permanecía en silencio. Menos de una semana después, Scioli sufrió las consecuencias: fue desplazado el equipo de su gente en la Secretaría de Turismo.

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Cristina Kirchner - Julio Cobos

El conflicto entre Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina desde 2007, y su vicepresidente Julio Cobos surgió en 2008, durante la intensa disputa por la Resolución 125, que imponía retenciones móviles a las exportaciones agropecuarias. Cobos, un radical que se unió al kirchnerismo como gesto de amplitud política, comenzó su mandato alineado con el gobierno. Sin embargo, la crisis del campo reveló profundas diferencias ideológicas y políticas. Mientras Cristina Kirchner defendía las retenciones como una medida clave para redistribuir la riqueza y sostener las finanzas públicas, Cobos empezó a cuestionar la rigidez del gobierno frente al conflicto con los sectores rurales, que se oponían ferozmente a la medida.

El punto culminante del conflicto ocurrió la madrugada del 17 de julio de 2008, cuando el Senado votó la Resolución 125 en una sesión histórica que terminó empatada en 36 votos. Como presidente del Senado, Cobos debía desempatar, y en un gesto inesperado, votó en contra de la medida. Su famoso "voto no positivo" representó un quiebre definitivo en su relación con Cristina Kirchner y selló su destino político como opositor dentro del gobierno. Este acto no solo bloqueó la medida, sino que debilitó la autoridad de la presidenta y tensó las relaciones dentro del kirchnerismo. A partir de ese momento, Cobos quedó aislado políticamente dentro del gobierno y fue percibido como un traidor por el oficialismo, aunque su acción lo catapultó como un referente para sectores de la oposición.

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Alberto Fernández - Cristina Kirchner

El conflicto entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, que emergió durante el segundo mandato de Cristina y se profundizó tras la elección de Fernández como presidente en 2019, ha sido un elemento central de la política argentina en los últimos años. Aunque Cristina fue quien impulsó la candidatura de Fernández, quien había sido su jefe de gabinete, las diferencias entre ambos se hicieron evidentes desde el inicio de la gestión. Mientras Alberto Fernández intentaba adoptar un enfoque moderado para gobernar en un contexto de crisis económica y social, Cristina, desde su rol como vicepresidenta, presionaba por políticas más radicales, alineadas con su visión kirchnerista y un enfoque más confrontativo.

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Las tensiones se intensificaron con la gestión de la economía y la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Fernández buscaba un acuerdo que evitara un default, lo que implicaba ajustes que no contaban con el respaldo de Cristina y su sector. Las disputas también se extendieron a la política judicial, donde Cristina exigía reformas profundas para enfrentar las causas de corrupción en su contra, mientras que Alberto adoptaba una postura más ambigua. Estas diferencias culminaron en la renuncia masiva de ministros cercanos a Cristina tras la derrota electoral en las PASO de 2021, lo que debilitó aún más la cohesión del gobierno.

Las recientes revelaciones acerca de corrupción con la contratación de seguros por parte del Estado y la violencia de género contra Fabiola Yáñez que afecta en estos días a Alberto Fernández puede resultar una fuente de conflictos retroactivos en términos de cuánto sabía la ex vicepresidenta de las actividades de su presidente, toda vez el férreo control que ejerció sobre sus decisiones de gobierno.

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