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"Yo no compito contra otros espacios políticos, yo compito contra mí mismo haciendo cada día un gobierno mejor. Nosotros nos tenemos que dedicar a gobernar. Si hacemos un buen gobierno, vamos a lograr la reelección. Y si no hacemos un gobierno que merezca ser reelecto, no seremos reelectos". Esta frase salió de la boca del presidente Javier Milei. Dice lo obvio, pero no lo dice todo. Más allá de todas las interpretaciones, lo que hizo Javier Milei fue dar la señal de largada para la carrera electoral. ¿Es un modo de ordenar a la tropa que juega su interna en las redes sociales o la simple búsqueda de un golpe de efecto para cambiar una agenda que le resulta esquiva desde que estalló el "Adorni-Gate"?

La sentencia, esa frase que marca de lleno el comienzo de la carrera rumbo a la reelección, emergió en un fragmento de un reportaje que el primer mandatario concedió pocas horas después de haber enfrentado la "suelta de verdades" del arzobispo porteño, Jorge García Cuerva, en el marco del tradicional Tedeum del 25 de mayo. Allí, en la Plaza de Mayo y en la Catedral de Buenos Aires, tampoco hubo novedad. El arzobispo hizo lo suyo y marcó, siempre anclado en los Santos Evangelios, la tortuosidad que resiste el pueblo argentino hace ya tiempo. Fue crítico, pero también respetuoso.

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Lo del oficialismo, durante la celebración de la Revolución de Mayo, también fue obvio y premeditado: un álbum de fotos plagado de simbolismo que no le resuelve la vida a nadie, pero que pesa en la política interna. Allí estuvo Santiago Caputo, quien prefirió homenajear a Thomas Shelby —el protagonista de la serie Peaky Blinders— antes que a los próceres patrios. Hubo abrazos sentidos y otros de protocolo. Hubo una ausencia: la de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien no fue invitada al evento. Hubo llegadas tardías, como la de "Pato" Bullrich, y caminatas tensas como las de los Menem (Lule y Martín) desde la Casa Rosada a la Catedral. Todo fue montado para la escena.

El día después, el lunes, hubo declaraciones del presidente y también una reunión de la mesa política con la selfie de rigor. El teléfono en la mano de Manuel Adorni, así como su cara en primer plano, también son parte de la composición final del cuadro que se montó durante 48 horas y que habla más de lo que se quiere mostrar que de lo que realmente pasa puertas adentro del Gobierno. Es una simulación de unidad que, por ahora, convence a pocos.

Milei contra Milei y los librepensadores

Esta vez, el presidente eligió no confrontar, al menos en el plano de los medios tradicionales. Consultado sobre si la homilía de García Cuerva lo había incomodado, no dudó: "No tengo nada de qué quejarme. Abre un diálogo y un debate; me parece súper valioso. Lo hace desde su posición y es entendible. Me parece interesante que una autoridad religiosa trate de mediar en esta situación. La discusión entre quienes queremos el cambio y los que no es fuerte". Bajo la misma lógica, Milei planteó: "Ha dado una opinión válida dentro de un encuadre de las Sagradas Escrituras. Entiendo que uno enfrenta restricciones a la hora de estar en la 'silla eléctrica' que otros no conocen. La Argentina tiene una lógica destructiva en algunos aspectos".

Así, una vez más, Milei abraza la lógica del presidente y, como sucedió con el papa Francisco, deja atrás la furia del candidato. Sin embargo, más allá del tono calmo que decidió utilizar para marcar la posición del Gobierno respecto a los cuestionamientos de la Iglesia —que en este caso se amplificaron por tratarse del Tedeum, pero siguen los mismos lineamientos que sostiene desde hace un tiempo la Pastoral Social—, se permitió discrepar respecto a la batalla cultural y las redes sociales.

En uno de los pasajes más duros de la homilía, García Cuerva clamó por dejar de "arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo". En ese camino, también llamó a "refundar el vínculo social y político entre los argentinos" y cuestionó a quienes hacen "terrorismo de las redes, descalificando y difamando". En este caso, Milei no lo dejó pasar: "Si pasea por Twitter y ve la lógica, notará que no es la forma en la que la gente se vincula. Uno tiene que entenderla y asimilarla; si no le gusta, se baja de la red. No es tan problemático", sentenció el presidente. Agregó además: "No me parece que personas en Twitter diciendo lo que piensan sea terrorismo; el terrorismo es gente poniendo bombas o cuando el Estado persigue a las personas. La palabra es un poco fuerte, me parece que la palabra es un poco exagerada, pero es expresar una opinión. Lo más complicado son las cosas que se hacen desde el Estado y no en las redes".

Más allá de esa diferencia, la línea fue clara. Así lo reprodujo el entorno del Gabinete de la forma habitual: fuera de micrófono y a través de un circuito cuidado. Las frases que soltaron los funcionarios que todavía hoy se mantienen cerca del presidente reprodujeron la lógica: "Fue un discurso crítico, pero sin segundas intenciones. Con la Iglesia estamos bien". Tan solo unos pocos alfiles de las huestes libertarias se animaron a levantar la voz contra García Cuerva. ¿Librepensadores o propaladores de lo que el presidente no puede decir? La duda quedará flotando.

Uno de los que se animó fue el diputado libertario Alberto Benegas Lynch, quien disparó en redes: "El mensaje de García Cuerva fue lamentable e injusto con los logros del Gobierno. Algunos militan con sotana el regreso del peronismo que nos dejó un 57% de pobres. La permanente demonización del individuo, la riqueza y la romantización de la pobreza los deja siempre en un mal lugar". Con la misma dureza, Nicolás Márquez también imprimió su parecer en X: "Técnicamente no tiene el menor rigor académico la opinión de un obispillo embrutecido, inmoral y anticristiano. A tal punto esto es así, que el militante García Cuerva se junta jocosamente no con católicos de estricta observancia, sino con malvivientes que militan con él en un partido fundado por un masón que encarceló sacerdotes, quemó iglesias, prohibió las procesiones religiosas, exilió obispos y, como consecuencia de sus herejías, fue formalmente excomulgado en 1955 por Pío XII: me refiero al tirano Juan Perón, de quien el bocón que hoy encabezó el Tedeum es acólito", disparó el biógrafo de Milei.

Los proyectos, la agenda y la vuelta de página

En ese marco, los que transitan los pasillos de la Casa Rosada con frecuencia le bajaron el precio a las declaraciones, asegurando que no se trata de un desafío al presidente, sino de la expresión de "representantes de las ideas de la libertad". El Gobierno no se rinde y da pelea en los lugares donde sabe que puede ganar. Hay en cada gesto del Gobierno una renuncia explícita a la discusión pública por una imagen de gestión que sigue sin mostrar números alentadores, pese a que mostró una leve recuperación en los últimos quince días. Al mismo tiempo, hay una decisión de ir al Congreso a sostener la impronta de la gestión; una mezcla entre la necesidad de mostrar un Gobierno activo, de avanzar todo lo que se pueda antes de la parálisis electoral del Congreso y de ir en busca de lo que queda de la batalla cultural prometida.

Desde la oposición advierten que también hay una búsqueda para dar vuelta la página y dejar atrás el escándalo de Adorni. Como siempre, todo explica una parte, pero nada explica todo. Envuelto en sus propias internas, con el daño de los casos de corrupción todavía sobre su imagen pública y una economía que no da señales de mejorar (el consumo masivo volvió a caer), el Gobierno apuesta al Congreso. Por más raro que parezca, ese lugar que fue su talón de Aquiles hoy es su mayor fortaleza. Después de haberle dado media sanción a la "Ley Hojarasca" y avanzar con "Zona Fría", Milei va por más.

El nuevo paquete de leyes incluye, entre otras normas, el proyecto de ley denominado "Súper RIGI", una normativa a la que la política ya le puso nombre y apellido: la "Ley Peter Thiel". Bajo esa lógica prometen dar la discusión en el recinto. Los objetores del texto dicen que es un proyecto a medida de las inversiones que pueda hacer el magnate tecnológico. El tiempo dirá. Además, el Ejecutivo envió tres proyectos más: la Ley de Ludopatía, la norma que regula el lobby y la modificación del etiquetado frontal. Todos y cada uno de los expedientes que ya se encuentran en el Congreso recibieron críticas prematuras de la oposición. Pese a ello, el Gobierno avanza y busca una nueva victoria parlamentaria. Las paradojas de la política hacen que hoy Javier Milei, y la imagen de su gestión, dependan en buena medida de ese edificio al que decidió darle la espalda al asumir. Congreso o nada.

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