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Patricia Bullrich empezó a hacer política de muy joven. Se exilió con Julieta, su hermana, y Rodolfo Galimberti, con quien empezó a militar. Se instalaron en París. Allí fue donde Julieta perdió la vida en un accidente de tránsito. Patricia y "Galimba" les tocó la amarga tarea de ir a reconocer el cuerpo en una morgue parisina. Al poco tiempo, encontramos a la protagonista de esta nota en Brasil, con su hijo y en pareja con Marcelo Langieri. Ya en Argentina, participó activamente en la conformación de una Juventud Peronista democrática, compartiendo escenario con Juan Carlos Dante Gullo.

Cómo esa joven dirigente se convirtió en una líder libertaria, que hoy por hoy mide más que Javier Milei, es uno de los secretos mejor guardados de la política argentina. Porque a pesar de que su actividad siempre fue pública, los cambios de ropa que dominaron su trayectoria, en una escalera que todavía tiene varios escalones para ella, siempre la dejaron bien parada. ¿Cómo hizo?

En su historial político, los movimientos se repiten. Alcanza una posición a fuerza de consejos astutos que sus jefes valoran, luego busca desplazar a sus competidores, inmediatamente después compite directamente con su jefe que, como no la puede conducir, termina sin darse cuenta expulsándola del espacio. Sus jefes se caen. Y ella sigue. Así fue con el menemismo, luego en el radicalismo de Fernando De la Rúa, más tarde con la Coalición Cívica, y finalmente con el PRO. En todos los casos se vio a Bullrich enfrentando las condiciones más difíciles, resistiendo presiones, tolerando críticas y -casi siempre- manteniendo una relación con el periodismo de tipo personal, como en general con todas las personas, aún las que no la quieren o directamente las que están peleadas con ella.

A lo largo del tiempo se ve en ella un método de construcción propia. Sale parada de todas las alianzas y deja pagando a quienes fueron sus jefes, expresando incluso críticas despiadadas como las que hizo del PRO y de Mauricio Macri. Mientras, pone su cuerpo para resolver problemas concretos de la población, dando batallas públicas y privadas que la fueron consolidando como referente indiscutible de un electorado no peronista, incluso gorila.

¿Bullrich es casta o no?

Patricia nunca fue del sistema político. Siempre estuvo lejos de las estructuras y de dirigentes que ella considera "orgánicos" como Emilio Monzó o Miguel Pichetto. Aceptó su colaboración cuando le ganó las PASO a Horacio Rodríguez Larreta, a quien también incorporó a último momento, pero les tenía desconfianza.

Quedó fuera del ballotage y tardó unas pocas horas en pasarse del lado de Milei. De hecho, era la más ruda del PRO frente al kirchnerismo. Los amarillos que trabajaron en su campaña vieron con espanto cómo se fue alejando del partido que puso todo para que llegue a la Rosada, mientras ella se entregaba a Milei, su hermana y la troupe libertaria, sin dejar de crecer en la opinión pública.

Pero todo tiene un final en la vida política de la ahora senadora. En cada caso (notoriamente así se la vio con Lilita y con Macri), cuando sus jefes se alejaron de los sentimientos del electorado, pegó su primera pirueta. Y no una rápida y definitiva, sino un movimiento en cámara lenta, que va encerrando al que la llevó ahí hasta ese momento donde el líder de turno perdió su capacidad de movimiento. Allí sí, pega el salto. Y si te he visto, no me acuerdo. Cualquier semejanza con lo que empieza a vivir Milei no se debe a ninguna coincidencia.

"Es una angurrienta" le dijo a El Observador un diputado del PRO. "No tiene códigos", apuntó una dirigente cercana a Carrió. Ahora la que viene alertando sobre posibles traiciones es Karina. Se lo dijo muchas veces a su hermano, pero no es mucho lo que el Presidente puede hacer, luego de haber destacado -en infinidad de discursos- su trabajo bajo la consigna "el que las hace, las paga".

"¿Y qué puede hacer ahora? ¿Echarla de la conducción del bloque? ¿Quitarle la ficha de afiliación que obtuvo con firma de la mismísima Karina en mayo del año pasado, en plena campaña por las legislativas porteñas?", es el comentario de alguien del equipo Bullrich.

Lo concreto es que una noche, delante de todo el Gabinete libertario, se paró y saludó a un sorprendido Mauricio Macri. Y esta semana sorprendió a Manuel Adorni pidiéndole en público que presente los papeles que demuestren su inocencia ya, dejando en falsa escuadra a Milei, quien viene sosteniendo al Jefe de Gabinete a como de lugar, temeroso de que si lo aparta, luego "vayan por él". Pero ahora es todo el Gobierno el complicado, ya que Adorni necesitará entre 35 y 40 días antes de tener la documentación preparada para mostrar en público.

Fue una jugada inesperada, incluso, para su propio equipo. No la habló con nadie. Tiró la estocada y la disfrutó, luego seguramente bajará el tono. Antes se mostró en la primera fila de la Comisión de Libertad de Expresión del Senado a escuchar la experiencia que estamos viviendo los periodistas acreditados en la Casa Rosada. El daño ya está hecho. La masterclass de política quedó expuesta y a la vista de todos.

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