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Según autoridades sanitarias, este septiembre hubo un aumento de cuadros respiratorios, tos que empeoraron los cuadros con la llegada de la primavera y los casos de rinitis típicos de esta época.

Este invierno, dejó secuelas evidentes en la salud respiratoria de la población, con un aumento de contagios que sigue afectando a muchas familias, dijeron los especialistas.

Así, en una época en la que usualmente predominan los cuadros de alergia, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) afectan a entre 400 y 600 millones de personas en todo el mundo, a causa de las bajas temperaturas que se extendieron durante meses, se intensificó la circulación de virus, particularmente, el virus sincicial respiratorio (VSR).

Según informó el último Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) difundido por el Ministerio de Salud correspondiente a la semana epidemiológica 37, “el 96% de los casos detectados hasta el momento en 2024 se registraron a partir de la semana epidemiológica 20 y hasta la actualidad, con el mayor número entre las semanas 23 y 30″.

“Si bien desde entonces disminuyó el número de casos aún se registraron más de 100 casos semanales hasta la semana 36″, destacaron las autoridades sanitarias, aunque reconocieron que, si bien la tendencia continua en descenso desde el pico, aún se registran más de 100 casos por semana.

Dónde fueron los focos con picos notables de virus

Desde la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) advirtieron en un comunicado que “desde mayo se registraron numerosos picos de infecciones respiratorias, especialmente de influenza A, virus sincicial respiratorio y otros virus respiratorios. Estos picos fueron notables en ciudades como Buenos Aires, Rosario, y Córdoba”.

Según los expertos, la mayoría de los casos son de origen viral, lo que resultó en un aumento notable de pacientes con síntomas prolongados, como tos y mucosidad persistente, que pueden extenderse hasta por un mes o más.

Así es que las bajas temperaturas, que se extendieron durante meses, no sólo intensificaron la circulación de virus, sino que combinaron otros factores como la polución y los cambios climáticos, creando un cóctel propicio para la proliferación de síntomas respiratorios, afectando en mayor medida a los sectores más vulnerables.

Asimismo, las condiciones de hacinamiento y el cierre de espacios ventilados por el frío generaron un ambiente ideal para la propagación de infecciones, acelerando la transmisión de virus entre familias y comunidades.

Lejos de traer alivio, el fin del invierno no eliminó los problemas respiratorios. Con el inicio temprano de los días primaverales, en los primeros días de septiembre, aparecieron nuevos elementos que complicaron aún más la situación.

A pesar de que las temperaturas comenzaron a subir con la llegada de la primavera, la transición de estación trajo consigo nuevos problemas respiratorios, principalmente ligados a las alergias estacionales. El aumento de las alergias respiratorias durante la primavera se debe principalmente al polen y los ácaros, que empeoran los síntomas de quienes padecen rinitis y asma. La alta concentración de polen y otros alérgenos en el aire ha provocado un aumento significativo de casos de polinosis, con síntomas como estornudos, congestión nasal y tos persistente.

Aunque el frío cedió, el aire ahora se vio cargado de otros irritantes que, sumados a las secuelas del invierno, agravaron los síntomas respiratorios en buena parte de la población.

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La tos persistente después de una infección viral es común y puede deberse a la irritación de las vías respiratorias o a la inflamación de los bronquios. En la mayoría de los casos, desaparece por sí sola con el tiempo, pero si persiste o se acompaña de otros síntomas como fiebre, dificultad para respirar o pérdida de peso, es importante consultar al médico.

Según Pulido, “la tos y la mucosidad prolongadas no suelen ser indicativas de una patología grave, sí es importante consultar a un médico para recibir tratamiento que pueda aliviar estos síntomas. La medicación adecuada puede ayudar a reducir la inflamación de las vías respiratorias y acelerar el proceso de recuperación, evitando un malestar prolongado que puede afectar la calidad de vida de los pacientes.”

En ese sentido, desde la AAMR señalaron que el tiempo para recuperarse completamente de una infección respiratoria varía: los resfríos y la gripe suelen mejorar en aproximadamente una semana, la neumonía puede tardar entre una semana y 10 días en mejorar en personas sanas, aunque las personas mayores o con otras enfermedades pueden tardar más.

La tos después de una infección (tos postinfecciosa) puede durar hasta ocho semanas. El panorama general de enfermedades respiratorias no habría sido tan grave de haberse mantenido altos los niveles de vacunación, según los especialistas.

Según el último informe de Unicef y la OMS, las tasas de inmunización están en descenso desde 2019, antes de la pandemia de coronavirus. Desde 2020, estas coberturas continuaron disminuyendo, y en 2023, ninguna de las tasas de inmunización alcanzó el 90% de la población objetivo. Cabe destacar que los niveles de cobertura de la inmunización deberían estar por encima del 95%.

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