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Un equipo interdisciplinario de especialistas del Conicet hizo un descubrimiento crucial en la provincia de Santa Cruz, cerca de la localidad de El Calafate. Allí, los investigadores descubrieron gran parte del esqueleto de un cocodrilo prehistórico de 70 millones de años, incluidos el cráneo y las mandíbulas.

El fósil fue encontrado en rocas de la Formación Chorrillo, una zona que, según los expertos, era un ambiente húmedo con vegetación exuberante durante el Cretácico. Según la investigación, publicada en la revista científica PLoS ONE, el animal fue bautizado como Kostensuchus atrox, lo que significa "cocodrilo feroz que refiere al viento del sur".

Esqueleto cocodrilo Conicet (1)

Este reptil prehistórico pertenece a una familia extinguida de cocodrilos, los peirosaurios, que evolucionaron en América del Sur y África durante el Período Cretácico. Según los científicos, sus hábitos eran depredadores, a diferencia de los cocodrilos modernos.

Diego Pol, Investigador del Conicet en el Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia", explicó: “Esta nueva especie se distingue de todas las especies conocidas previamente por características como el gran tamaño de sus dientes y cráneo, la robustez de su mandíbula y el gran tamaño de las cavidades donde se alojaban los músculos responsables de la mordida. Estas características son las que nos hacen interpretarlo como un predador tope del ecosistema”.

Cómo era el cocodrilo prehistórico

El Kostensuchus atrox tenía una cabeza proporcionalmente grande, de 50 centímetros de largo, con más de 50 dientes aserrados, algunos de más de 5 centímetros de altura. La mandíbula robusta y los poderosos músculos de mordida le permitían tener una mordida rápida y extremadamente fuerte.

"Las mandíbulas eran accionadas por músculos poderosos que le otorgaban una mordida rápida y extremadamente fuerte", señaló Pol.

Esqueleto cocodrilo Conicet (2)

Estas adaptaciones anatómicas lo convertían en uno de los principales depredadores de su ecosistema, en el que compartía el territorio con dinosaurios carnívoros como el Maip macrothorax.

El paleontólogo Fernando Novas, investigador del Conicet en la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, señaló que es probable que ambos depredadores competían por la alimentación. “Es muy probable que Kostensuchus y Maip se debatieran por el alimento, de modo similar a los enfrentamientos que hoy ocurren en África entre hienas y leones”, aseguró.

Una zona rica en fósiles

El hallazgo se realizó el 10 de marzo de 2020, antes de que comenzara la pandemia de Covid-19, en el marco de una expedición encabezada por Novas y su colega Makoto Manabe, del Museo Nacional de Tokyo.

Novas destacó que “desde el primer momento pudimos apreciar el vasto potencial fosilífero que tiene esta zona de nuestro país”, y subrayó que la región proporcionó huesos de dinosaurios herbívoros y carnívoros, insectos, peces y hasta restos de plantas, lo que ofrece una visión del ecosistema patagónico prehistórico.

Esqueleto cocodrilo Conicet (4)

Marcelo Isasi y Fernando Novas, junto a los huesos del cocodrilo.

“Nos dio un marco general de cómo era el ambiente, de cómo eran los distintos componentes de un antiguo ecosistema que existía en el sur argentino inmediatamente antes de la extinción de los dinosaurios”, afirmó Federico Agnolín, investigador de Conicet y coautor del trabajo.

El hallazgo de Kostensuchus se suma a una serie de descubrimientos que incluyen fósiles de grandes dinosaurios como Maip macrothorax, un depredador de casi 6 metros de largo, y los herbívoros Nullotitan glaciaris e Isasicursor santacrucensis, de tamaños que iban desde los 25 metros hasta el de un guanaco, respectivamente. En cuanto al Kostensuchus, este cocodrilo de casi 3 metros de largo es considerado uno de los depredadores tope de su ecosistema.

Los científicos del Conicet y la colaboración de expertos internacionales

El descubrimiento se produjo gracias a un equipo de 25 argentinos, incluidos paleontólogos, técnicos y becarios, y cinco investigadores japoneses, quienes en su expedición enfrentaron condiciones extremas. “Pudimos verificar que esta secuencia de bloques atesoraba en su interior el esqueleto casi completo de un animal desconocido para la ciencia”, recordó Novas.

Marcelo Isasi, técnico del Conicet, fue quien encontró los restos del cráneo. El investigador, que dedicó casi seis meses de intenso trabajo durante la pandemia, explicó cómo fue el proceso. “Con ayuda de martillos neumáticos de alta precisión fui dejando el hueso expuesto y al ir asomando los dientes no lo podía creer: eran muy grandes y brillantes, y poseían los bordes aserrados. Me ganaba la curiosidad de saber cómo era el animal que estaba encerrado en la roca”, indicó.

El resultado: una nueva especie de cocodrilo que se sumará a la rica historia prehistórica de la Patagonia argentina.

El proyecto también contó con la colaboración de otros expertos internacionales, como Makoto Manabe y Takanobu Tsuijishi, de Japón, e Ismar de Sousa Carvalho, de Brasil, y recibió apoyo de organizaciones como National Geographic, la Fundación Carlos Chagas Filho de Apoyo a la Investigación del Estado de Río de Janeiro (FAPERJ) y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CMPQ) de Brasil.

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