Un relevamiento probabilístico de alcance nacional realizado por el Observatorio de las Creencias en Argentina de la Universidad de Buenos Aires (OCREAR-CBC/UBA) reveló que el campo religioso argentino atraviesa una rápida transformación estructural. El estudio, denominado Barómetro de las religiones y las creencias en Argentina 2026, se realizó entre febrero y marzo sobre una muestra de 904 casos con representación geográfica en todo el territorio nacional y un margen de error de ±3,3 puntos porcentuales. Es el primero de una serie de cuatro informes temáticos que el observatorio publicará a lo largo del año.
El dato más contundente del relevamiento es también el más elocuente en perspectiva histórica: el catolicismo pasó de representar al 90% de los argentinos —cifra registrada en el Censo Nacional de Población de 1960, la última vez que esa pregunta integró un censo— a identificar hoy al 57,7% de la población. La caída es sostenida y aparece con claridad en todas las mediciones disponibles: 76,5% en 2008, 71% en 2014, 62,9% en 2019, 58% en 2024 y 57,7% en 2026. Treinta puntos porcentuales perdidos en seis décadas.
La contracara de ese descenso no es un único fenómeno sino dos. Por un lado, el campo evangélico —que agrupa a múltiples denominaciones— alcanzó el 17,4% de la población y se consolidó como la segunda identidad religiosa organizada del país, con un crecimiento gradual pero constante desde 2008, cuando representaba el 11,3%. Por otro, el segmento sin filiación religiosa llegó al 22,4% y desplazó al evangelismo como segundo grupo en magnitud. Este último dato merece una precisión: la categoría no equivale a irreligiosidad. El informe distingue entre quienes se declaran ateos (4,4%) o agnósticos (4,8%) y quienes simplemente responden "ninguna" ante la pregunta por su religión (13,2%), pero que en proporciones significativas mantienen creencias y prácticas espirituales. Es lo que la sociología de la religión denomina "creer sin pertenecer": una religiosidad que persiste pero se desvincula de instituciones formales.
La fractura es generacional
La variable que mejor explica el cambio no es el territorio ni el género sino la edad. El informe describe una fractura generacional que, según sus autores, anticipa transformaciones aún más profundas en la composición religiosa de la sociedad argentina.
Entre los jóvenes de 16 a 29 años, solo el 44,6% se identifica como católico. En el mismo grupo etario, el 31% no adscribe a ninguna religión y el 23,6% se identifica con el campo evangélico. El contraste con los mayores de 50 años es notable: entre ellos, el catolicismo conserva una posición dominante con el 69%, la no filiación religiosa alcanza apenas el 12,6% y los evangélicos representan el 13,6%.
El informe subraya que estas diferencias entre cohortes no responden a una variación coyuntural. No se trata de que los jóvenes sean menos religiosos por ser jóvenes —como podría sugerir una lectura más superficial— sino de que cada nueva generación ingresa al campo religioso con pautas distintas a las de la anterior. El fenómeno tiene un nombre técnico: reemplazo generacional. A medida que las cohortes más jóvenes ganen peso demográfico, la composición religiosa del país continuará desplazándose en la dirección que los datos ya señalan.
Religión, clase social y nivel educativo
Uno de los aportes más relevantes del Barómetro es la dimensión socioeconómica del mapa religioso. Los datos muestran que las distintas formas de religiosidad no se distribuyen de manera aleatoria en la estructura social sino que se organizan según clivajes educativos con una coherencia que merece atención.
Entre quienes tienen hasta secundario incompleto, el 22,5% se identifica con el campo evangélico, más del doble que entre quienes cuentan con educación terciaria o universitaria (8,6%). El informe interpreta este dato señalando que las comunidades evangélicas cumplen, en sectores populares, funciones que van más allá de lo estrictamente religioso: operan como redes de contención social, comunitaria y material en contextos de alta vulnerabilidad.
El movimiento inverso aparece en el segmento sin filiación religiosa. Entre quienes completaron el secundario, ese grupo alcanza el 28,5%; entre los que accedieron a la educación superior, el 27,9%. En contraste, solo representa el 15% entre quienes no terminaron la secundaria. El informe asocia esta distribución con mayores niveles de autonomía cultural en los sectores de mayor escolaridad, lo que facilita la construcción de espiritualidades individualizadas por fuera de marcos institucionales.
El catolicismo, por su parte, presenta una distribución más homogénea a través de los niveles educativos —60,1% tanto en el nivel más bajo como en el universitario— aunque pierde terreno en el segmento de secundario completo, donde cae al 50,9%.
El AMBA y el interior: dos velocidades
La dimensión territorial confirma una dinámica que se repite en otros países de la región: los grandes centros urbanos funcionan como laboratorios del cambio religioso, mientras que el interior del país mantiene con mayor fuerza las pertenencias tradicionales.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires, la población sin filiación religiosa alcanza el 26,1% y el catolicismo representa el 54,2%. En el resto del país, esa relación se invierte: el catolicismo sube al 59,4% y la no filiación cae al 20,1%. Los evangélicos, en cambio, presentan una distribución llamativamente homogénea: 17,6% en el AMBA y 17,2% en el interior, lo que sugiere que su expansión no depende de la urbanización sino de otros factores —redes comunitarias, estrategias de implantación territorial, respuesta a necesidades sociales— que operan con igual eficacia en distintos contextos.
El informe también registra diferencias por género. Las mujeres muestran mayor vinculación institucional con la religión —especialmente con el evangelismo, donde representan el 19,3% frente al 15,2% de los hombres— mientras que los varones se declaran sin filiación religiosa en mayor proporción (25,7% contra 18,8%). El documento describe este patrón como la "feminización de la religiosidad", un fenómeno que la sociología de la religión viene identificando de manera consistente en distintos contextos culturales.
El Barómetro de las religiones y las creencias en Argentina es una iniciativa del OCREAR, el Observatorio de las Creencias en Argentina del Ciclo Básico Común de la UBA, dirigida por Juan Cruz Esquivel e integrada por Marcos Carbonelli, Gabriela Irrazábal y Mariela Mosqueira. El organismo prevé publicar tres informes adicionales a lo largo de 2026, dedicados a cómo creen los argentinos hoy, al papel de los templos en la vida social y a los perfiles de los creyentes en el país.