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La vicejefa de Gobierno de la Ciudad, Clara Muzzio, presentó un programa de inserción laboral para personas con discapacidad que ya incorporó a 37 trabajadores como guías en el Ecoparque porteño, tras un proceso de selección y capacitación que se extendió durante cuatro meses.

“Es el primer mes que los jóvenes adultos con discapacidad están trabajando en el Ecoparque”, señaló la funcionaria, y explicó que la iniciativa surgió de una necesidad concreta del predio, que recibe cerca de 2 millones de visitantes al año y hasta 15.000 personas por fin de semana.

La iniciativa se inspiró en el proyecto Alamesa, donde el pediatra Fernando Polack armó un equipo conformado por personas con capacidades diferentes. Usando el mismo esquema y el mismo plan que Polack, lograron extender la idea a otras dependencias públicas, aunque también con la idea de que llegue a los privados.

Un modelo que apunta a la autonomía

El programa forma parte de un plan más amplio de discapacidad de la Ciudad, centrado en la autonomía y la vida independiente. En ese marco, Muzzio remarcó un dato crítico: “El 85% de las personas con discapacidad están desempleadas”.

La situación es aún más compleja en el caso de las discapacidades intelectuales, donde solo el 5% accede a un empleo, en muchos casos de carácter informal o temporario. Frente a ese escenario, el proyecto buscó generar puestos de trabajo reales, con exigencias y responsabilidades equivalentes a cualquier empleo.

“Esto no es un ‘como si’. Es un empleo real: tenés que venir, cumplir y sostenerlo”, subrayaron desde el proyecto, al destacar que la iniciativa también apunta a romper con la lógica asistencial.

El proceso incluyó la convocatoria de más de 100 postulantes, de los cuales 40 iniciaron la capacitación y finalmente 37 quedaron trabajando en distintas “postas” de atención al visitante. La selección se realizó con el apoyo de ocho organizaciones especializadas.

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Foco en neurodivergencias y formación adaptada

El programa se enfocó principalmente en personas con discapacidad intelectual y dentro del espectro autista, es decir, en perfiles neurodivergentes. Según explicaron, esto responde a una mayor dificultad de inserción laboral en ese grupo: “Hay un desafío mayor en las personas que tienen discapacidad intelectual que en las que no lo tienen”.

En la práctica, el equipo adaptó contenidos, materiales y dinámicas de trabajo. Por ejemplo, los manuales fueron reformulados en lenguaje claro y se dispusieron espacios de descanso y contención dentro del predio.

Además, el esquema contempla rotación de tareas y acompañamiento de coordinadores especializados, lo que permitió mejorar habilidades sociales y laborales de los participantes. “Muchos de ellos es la primera vez que tienen un trabajo”, destacó la funcionaria.

Impacto social y próximos pasos

Más allá de los resultados operativos, el programa mostró efectos en la vida cotidiana de los trabajadores. “Este trabajo me mostró que yo puedo hacer cosas sola”, relató una de las participantes, según se compartió durante la presentación.

También se registraron cambios en la autonomía económica y social, desde la posibilidad de colaborar con gastos familiares hasta organizar salidas o viajes de manera independiente.

El modelo se apoya en una ley de prácticas formativas que prevé incentivos económicos durante seis meses y la obligación de contratación de al menos el 20% de los participantes por parte de empleadores.

De cara al futuro, la Ciudad evalúa replicar la experiencia en otros espacios públicos. “Estamos pensando en el Botánico”, anticipó Muzzio, en referencia al Jardín Botánico, como próximo ámbito de implementación.

El objetivo, según planteó, es que el esquema pueda escalar tanto en el sector público como en el privado: “Que sirva como inspiración y como ejercicio de que es posible”.

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