El 1 de enero de 1872, la ciudad de Tandil, ubicada en la provincia de Buenos Aires, fue escenario de una brutal masacre que dejó un saldo de 36 muertos, en su mayoría inmigrantes europeos. Este episodio, que pasó a la historia como la "Masacre de Tandil", fue protagonizado por un grupo de gauchos liderados por Gerónimo G. Solané, conocido popularmente como "Tata Dios" o "Médico Dios". Los acontecimientos de esa trágica noche fueron el resultado de tensiones sociales y prejuicios antiextranjeros que se venían acumulando en la región desde hacía tiempo.
Los antecedentes de Gerónimo Solané, el "Tata Dios"
Gerónimo G. Solané, cuya nacionalidad sigue siendo un misterio, dado que se lo menciona como entrerriano, santiagueño, boliviano o chileno, era conocido en distintas localidades argentinas como un curandero y profeta. Se ganaba la vida como sanador, proclamando ser un "enviado de Dios", y en varios pueblos fue acusado de brujería y prácticas ilegales de medicina. En 1871, el estanciero Ramón Rufo Gómez lo llevó a Tandil con la esperanza de que curara a su esposa, que padecía fuertes dolores de cabeza. Como muestra de gratitud, Gómez le permitió asentarse en su propiedad, en un puesto llamado La Rufina, parte de la estancia La Argentina.
En la estancia de Gómez, Solané comenzó a acumular seguidores, muchos de ellos gauchos y paisanos descontentos con la creciente presencia de inmigrantes europeos en la región. Sus discursos, cada vez más radicales, culpaban a los extranjeros de "todos los males" que padecían los criollos. Según relatos recogidos por los descendientes de las víctimas, el Tata Dios afirmaba que tenía un "pacto con el Diablo", lo que explicaba sus supuestos poderes curativos. Para muchos, sus habilidades no eran más que superchería; para otros, Solané era una figura poderosa y carismática que proponía un futuro mejor para los criollos.
La noche de la masacre y la violencia desatada
Durante los días previos al Año Nuevo de 1872, la tensión en Tandil aumentó significativamente. En el último día de 1871, uno de los seguidores de Solané, Jacinto Pérez, conocido como "El Viejo" o "San Francisco", convocó a un grupo de gauchos a una "cruzada" contra los inmigrantes europeos. El ambiente era propicio para el estallido de la violencia. Tandil, que contaba entonces con unos 1500 habitantes, había visto crecer la cantidad de inmigrantes, en su mayoría italianos y vascos, lo que generaba fricciones con los habitantes locales.
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Los apóstoles del "Tata Dios"
Pocas horas después de la llegada del Año Nuevo, alrededor de las 3:30 de la madrugada del 1 de enero, el grupo liderado por Solané y Pérez avanzó hacia Tandil. Su primer objetivo fue el Juzgado de Paz, donde solo lograron robar algunas armas blancas. Luego, al grito de "¡Viva la Patria!", "¡Viva la Religión!" y "¡Mueran los gringos y los masones!", se dirigieron a la plaza central del pueblo. Allí, atacaron a Santiago Imberti, un organillero italiano que vivía en la plaza, y lo degollaron en plena vía pública.
La violencia se desató de manera indiscriminada. Los gauchos cruzaron al galope los campos aledaños en busca de inmigrantes. En la Plaza de las Carretas, hoy conocida como Plaza Martín Rodríguez, asesinaron a nueve vascos que viajaban en carretas. La masacre se extendió hasta el caserío De la Canal, a unos 25 kilómetros al norte de Tandil, donde atacaron el almacén y hospedaje de Juan Chapar, un comerciante de origen vasco. En este lugar fueron asesinadas 18 personas, incluyendo a toda la familia Chapar, entre ellas una niña de cinco años y un bebé de pocos meses. Según las investigaciones, los atacantes se llevaron el libro contable del almacén, lo que despertó sospechas sobre posibles intereses económicos detrás del crimen.
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La noticia salió en diarios nacionales y extranjeros
La captura de Solané y la justicia en tiempos de violencia
Tras la masacre, las autoridades locales iniciaron una rápida persecución de los atacantes. Jacinto Pérez y sus hombres se refugiaron en la estancia de Ramón Santamarina, un conocido terrateniente de la región. La respuesta de las milicias fue contundente: varios de los seguidores de Solané cayeron en un enfrentamiento, mientras que el propio "Tata Dios" fue capturado junto con siete de sus cómplices. Según los testimonios, Solané siempre negó haber participado en los asesinatos, afirmando que se encontraba en la estancia La Argentina realizando sus funciones de curandero.
El 6 de enero de 1872, apenas cinco días después de la masacre, Solané fue asesinado en su celda en el juzgado de Tandil. Se escuchó una única detonación, pero su cuerpo presentaba 13 heridas de bala, lo que llevó a especular que había sido ultimado con un trabuco o pistola Lafouché. En el Museo Histórico del Fuerte Independencia de Tandil se conserva una frazada con nueve agujeros de bala que pertenecía a Solané, así como el expediente del juicio, documentos que hoy son testigos de esa oscura noche de la historia argentina.
Los juicios que siguieron a la masacre estuvieron marcados por la controversia. Aunque varios de los gauchos fueron capturados, muchos de ellos afirmaban no conocerse entre sí y declaraban haber actuado bajo las órdenes de "Tata Dios". El abogado defensor de los gauchos, Martín Aguirre, expuso en su alegato las condiciones precarias y la injusticia social que vivían los habitantes criollos de la campaña bonaerense, argumentando que el conflicto tenía raíces más profundas, relacionadas con la marginalización y explotación que sufrían los trabajadores rurales frente a los grandes propietarios y la élite urbana.
Al final del proceso judicial, tres de los gauchos implicados —Cruz Gutiérrez, Esteban Lazarte y Juan Villalba— fueron condenados a muerte. Villalba falleció en prisión antes de la ejecución, mientras que Gutiérrez y Lazarte fueron fusilados el 13 de septiembre de 1872. Gutiérrez, antes de morir, exclamó "¡Viva la Patria!", mientras que Lazarte, en un último acto de rebeldía, pidió no ser tocado por ningún "gringo", término que utilizaban despectivamente para referirse a los inmigrantes europeos.