Uno de los rasgos más destacados de la campaña de Javier Milei y su gobierno ha sido, sin lugar a dudas, su capacidad de comunicación. Los libertarios han demostrado tener una impresionante habilidad para instalar en la agenda pública los temas que ellos desean tratar, y hacerlo de la manera que más les conviene. A lo largo de la campaña y durante los primeros meses de gobierno, esta estrategia fue muy exitosa. Hasta septiembre y octubre del año pasado, la agenda se movía conforme a los intereses de su equipo de comunicación, que, de manera eficiente, lograba posicionar los temas y generar reacciones del público de acuerdo a lo que buscaban.
Desde el inicio, los libertarios mostraron gran destreza para dirigir la conversación pública. Sabían cómo poner sobre la mesa los temas que más les convenían, lo que les permitió mantener un control absoluto sobre el debate político. En especial, destacaron por su capacidad para manejar el discurso en torno a cuestiones económicas como la inflación, la deuda externa y la relación con el Fondo Monetario Internacional, temas que rápidamente se transformaron en bandera de campaña. Durante ese tiempo, el mensaje era claro: el ajuste económico y la relación con el FMI eran imprescindibles para enderezar el rumbo del país.
El nuevo acuerdo con el FMI se convirtió en un tema central de su discurso, y la imagen de Milei como un líder que iba a transformar la economía argentina comenzó a calar hondo en una gran parte de la población. Santiago Caputo fue clave para esta estrategia. Él y su equipo sabían cómo utilizar los medios para crear un relato que generara el impacto esperado: la economía estaba en crisis, y sólo un gobierno como el de Milei podía resolverlo.
La pérdida de control comunicacional: el FMI y el acuerdo fallido
Sin embargo, en los últimos meses, esa capacidad comunicacional ha comenzado a mostrar grietas. El tema del FMI, uno de los pilares de la campaña, ha dejado de ser una herramienta eficaz y ha comenzado a convertirse en un desafío para el Gobierno. Lo que antes era un mensaje claro y contundente ahora se ve empañado por las incertidumbres económicas y las contradicciones internas en el equipo de gobierno.
El acuerdo con el FMI, que inicialmente parecía ser la llave para el futuro económico del país, se ha convertido en un terreno pantanoso. En lugar de ofrecer certezas sobre los pasos a seguir, el Gobierno ha enredado el discurso en desmentidas, aclaraciones y especulaciones. Se habla de un acuerdo que está "por cerrarse", pero en los hechos, no hay detalles concretos sobre cómo será el impacto de este acuerdo en las reservas del país, ni qué ocurrirá con la deuda externa. El mensaje de que el acuerdo con el FMI estaba "casi cerrado" se diluyó rápidamente debido a la falta de precisión y la inconsistencia en las declaraciones de los distintos actores del Gobierno.
En lugar de mostrar un mensaje contundente y claro, se han visto atrapados en un mar de confusión, generando desconfianza entre los ciudadanos. Esto es especialmente preocupante en un contexto en el que la confianza es uno de los pilares fundamentales para cualquier gestión política y económica. La comunicación que hasta entonces había sido una de sus grandes fortalezas, hoy parece ser su talón de Aquiles.
El manejo de la situación judicial de Cristina Kirchner
Otro tema que ha puesto a prueba la capacidad comunicacional del gobierno es la situación judicial de Cristina Kirchner. Este asunto ha tenido un impacto muy sensible, sobre todo porque se trata de la figura más relevante de la oposición en la actualidad. Sin embargo, en lugar de manejarlo con la prudencia necesaria, el gobierno ha generado más ruido que certezas.
El juicio por la Causa Vialidad y la condena de la ex presidenta generaron un gran revuelo, y el gobierno, en lugar de explicar de manera clara que se trata de una cuestión judicial y no política, permitió que se instalara la idea de que había una persecución política detrás de todo el proceso. La intervención pública de figuras del oficialismo, como el propio presidente Milei, que se ha referido al tema en términos ambiguos, ha hecho aún más difícil separar la Justicia de la política.
Si el Gobierno hubiera manejado este tema de manera estratégica y mostrando que la condena a Cristina Kirchner no es un ataque político, sino una decisión judicial respaldada por la Corte Suprema, las cosas habrían sido diferentes. Sin embargo, la falta de estrategia comunicacional ha permitido que la situación se convierta en un tema político más, sumando confusión en lugar de claridad.
El presidente Milei cometió el error de politizar un tema judicial que, en principio, no debería ser abordado desde esa perspectiva. Su declaración sobre la posibilidad de que Cristina Kirchner vaya presa generó más dudas sobre la imparcialidad de la Justicia y sobre su propio rol como presidente. Si bien es cierto que el tema de la prisión de la ex presidenta tiene repercusiones políticas, el gobierno debería haberse centrado en comunicar de manera coherente que esto es una cuestión judicial, no política.
La falta de capacidad para manejar los tiempos y los discursos
Lo que realmente ha sorprendido a muchos es cómo el gobierno de Milei, que ha demostrado gran habilidad para instalar temas en la agenda pública, ha fallado en momentos clave. En temas tan graves como el acuerdo con el FMI o la situación judicial de Cristina Kirchner, la falta de una estrategia clara de comunicación está dejando al gobierno en una posición débil.
Milei parece haber perdido el control de la narrativa, y con ello, la oportunidad de liderar los temas más sensibles del país. En vez de generar certezas, su gobierno está sumido en un constante juego de desmentidas y clarificaciones que solo han servido para alimentar la desconfianza. El presidente parece más preocupado por hacer declaraciones personales que por generar un mensaje institucional coherente y estratégico. La falta de responsabilidad política y comunicacional está comenzando a pasar factura.
La comunicación es uno de los pilares de cualquier gobierno, especialmente en momentos de crisis. Lo que antes era una fortaleza de este gobierno, hoy se ha transformado en una de sus debilidades más marcadas. Si Milei no logra recuperar el control de la narrativa y ofrecer claridad en sus mensajes, podría enfrentar serios problemas en el futuro, tanto en términos de credibilidad como de legitimidad política.