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En 2019, tras veinte años de negociaciones, se logró un acuerdo preliminar entre el Mercosur y la Unión Europea. Entre fines de 2025 y principios de 2026, se terminó de rubricar el acuerdo final que significaría para la región un acierto geoestratégico de inserción internacional y crecimiento económico.

Además, implica una positiva readaptación de normas (estándares) ambientales, laborales, económicas y sanitarias necesarias como contrapartida. Hablamos de un acuerdo comercial, pero que también es político y de cooperación, de gran oportunidad para diversos sectores, en especial la agroindustria, pero también los servicios, las pymes y otros.

Significa un gran acceso al mercado europeo por la fuerte reducción de aranceles que conlleva. Cuando hablamos de la Unión Europea, nos referimos mundialmente a la tercera economía, al 15% del PBI, al principal inversor y al segundo importador de bienes.

La unión de estos dos bloques, significa la creación de un espacio económico integrado por más de 750 millones de habitantes, alrededor del 25% del PBI mundial y el 35 % del comercio global.

El especialista Patricio Degiorgis, director de la Cátedra Unión Europea-UCES y miembro de la European Community Study Association, nos dice: “Para los países del Mercosur en particular, este acceso preferencial a uno de los mercados más exigentes del mundo, estoy convenido que se traducirá en mayores inversiones, desarrollo de capacidades productivas y encadenamientos tecnológicos, potenciando la inserción global y la resiliencia frente a tensiones comerciales con terceros países”.

Perspectivas para Argentina

Según la Delegation of the European Union to Argentina, el acuerdo favorecerá oportunidades en múltiples sectores, como también la recuperación de preferencias comerciales para exportaciones clave (biodiésel, aceites, langostinos y cítricos), ventajas inmediatas para productos competitivos (carne, soja, frutas, legumbres, mate, té, bebidas y productos pesqueros). La agroindustria y la cadena cárnica se fortalecerán, con la eliminación de la cuota Hilton y nuevas a conceder. Se valorarán productos regionales mediante el reconocimiento de 104 indicaciones geográficas argentinas, principalmente vinos y alimentos.

En contrapartida, habrá una reducción de costos industriales gracias a menores aranceles para maquinaria y bienes de capital. Esto generó que algunos sectores industriales entren en alerta, sobre todo las pymes. Vale aclarar, que el país obtiene “períodos de transición” extensos para sectores industriales sensibles (automotriz, metalmecánico, bienes de capital) y mantiene márgenes de política industrial que resultarán claves para evitar impactos desestabilizadores.

También se abren oportunidades para servicios basados en el conocimiento, permitiendo a empresas de tecnología y servicios profesionales acceder al mercado europeo, impulsando exportaciones de alto valor agregado y empleo calificado. Las diversas cámaras argentinas celebraron el acuerdo, en especial la Unión Industrial.

Otra vez la pausa

El optimismo chocó con el insoportable freno de algunas naciones europeas presionadas por sus sectores agrícolas. El acuerdo pasó al Parlamento Europeo para su aprobación (mientras los gobiernos de cada país del Mercosur inician sus procesos de ratificación nacionales), pero un contingente significativo de parlamentarios votó llevarlo al Tribunal de Justicia de la UE para que determine si no se violan tratados comunitarios, suspendiendo su entrada en vigor por tiempo indeterminado.

Desde 2018 Macron (Francia) declaró ciertas “líneas rojas”, como la importación de productos sudamericanos sin aranceles que no signifiquen ninguna reducción de los estándares de calidad medioambientales ni sanitarios (la carne con hormonas; por ejemplo). Algo parecido ocurrió con agricultores irlandeses y sectores primarios de Polonia, Austria y Hungría. A principios de este año, la situación se desbloquea cuando la Comisión Europea ofreció un paquete de compensaciones y salvaguardias agrícolas reforzadas por un compromiso medioambiental del Mercosur (en torno al Acuerdo de París y estándares fitosanitarios); pese a los vetos proteccionistas francés, polaco, austríaco, húngaro y la abstención belga. De todos modos, cuando el acuerdo se puso a consideración, el lobby proteccionista lo frenó.

La Comisión cuestionó la medida y el Consejo quiere impulsar la aplicación provisional del acuerdo antes de su entrada en vigor definitiva, mientras lo apruebe alguno de los parlamentos sudamericanos; aunque tense la relación entre el ejecutivo y el legislativo europeos.

Algunos temores en el sur

El sector agrícola del Mercosur, si bien celebra el acuerdo, teme por las “salvaguardas” para 24 productos agrícolas que son plausibles de investigaciones y sanciones si perjudican el mercado agrícola europeo.

En el plano local, las pymes industriales, advierten que el acuerdo puede llegar a ser "una bomba" para la producción y que podrían cerrar el 20% de las fábricas. Reclaman éstas, un plan de competitividad que iguale a las europeas a través de financiamiento antes de la apertura del mercado. De la misma manera, hay temor en las industrias enfocadas en el mercado interno, pymes sin capacidad de certificación y productores con déficits ambientales de poder estar a la altura.

“Ahora bien, si bien es legítimo que ciertos sectores industriales o agrícolas expresen inquietudes por la competencia o los efectos de la apertura que generará este acuerdo, esos temores no invalidan la importancia del mismo en el contexto geopolítico actual, donde la integración económica es una herramienta clave de cooperación y estabilidad”, comenta Degiorgis.

Tablero internacional

Degiorgis reflexiona: “Con este acuerdo se envía una señal política clara de compromiso con un orden multilateral abierto al comercio, fortalece las cadenas de valor regionales y contribuye a una mayor autonomía estratégica de ambos bloques frente a la competencia global de China y otros actores en expansión”.

El acuerdo significa para Europa no seguir quedando rezagada y aumentar considerablemente su presencia geopolítica en Latinoamérica en una coyuntura de guerras comerciales. Queda la pelota del lado europeo, si quiere tomar el rol protagónico o seguir quedando rezagado frente a las otras potencias.

Por Lic. Sebastián La Rosa (UBA)

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