El mascotismo -tener animales salvajes de mascotas (como monos, loros o pumas)- podría pasar como una moda o una extravagancia si no implicara terribles consecuencias para los animales, sus dueños y sus hábitats.
Los animales salvajes están adaptados a vivir en su entorno natural, donde desarrollan comportamientos y habilidades específicas para sobrevivir.
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Tienen necesidades ecológicas complejas: requieren espacios amplios para moverse, cazar y reproducirse.
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Viven en condiciones específicas: la temperatura, la humedad y otros factores ambientales de su hábitat natural son difíciles de replicar en un entorno doméstico.
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Desarrollan comportamientos naturales: incluyen la búsqueda de alimentos, la socialización con otros miembros de su especie y la evitación de depredadores.
Cuando se vuelven mascotas, estas necesidades y comportamientos no pueden ser satisfechos adecuadamente, lo que lleva a problemas de salud física y mental. Uno de ellos es el estrés, que puede manifestarse de varias formas:
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Condiciones estereotipadas: movimientos repetitivos y sin propósito, como caminar en círculos o balancearse.
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Agresividad: la frustración y la falta de estímulos adecuados pueden hacer que los animales se vuelvan agresivos.
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Letargo y depresión: La falta de estimulación y el aislamiento pueden llevar a la depresión y la inactividad.
El estrés crónico afecta negativamente el sistema inmunológico, haciendo a los animales más susceptibles a enfermedades.
El mascotismo repercute también en la salud física, debido a la incapacidad de proporcionar una dieta adecuada y el ejercicio necesario, que puede llevar a problemas serios como:
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Desnutrición: muchos propietarios no comprenden las complejas necesidades dietéticas de los animales salvajes, lo que puede resultar en deficiencias nutricionales.
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Obesidad: la falta de ejercicio y una dieta inadecuada pueden llevar a la obesidad, que a su vez causa problemas cardiovasculares y articulares.
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Enfermedades zoonóticas: el contacto cercano entre humanos y animales salvajes puede facilitar la transmisión de enfermedades infecciosas, tanto a los animales como a las personas.
Además, el manejo inadecuado puede causar lesiones físicas. Los animales salvajes no están acostumbrados al manejo humano, lo que puede resultar en accidentes y heridas.
El comercio de animales salvajes para el mascotismo tiene un impacto significativo en las poblaciones naturales, como la reducción de poblaciones, ya que la extracción de animales de sus hábitats naturales reduce las poblaciones salvajes, lo que puede llevar a la disminución de la biodiversidad.
Cada especie tiene su función dentro de sus respectivos nichos ecológicos y esto contribuye a la estabilidad de la cadena alimenticia; si extraemos de sus hábitats a animales que han evolucionado para vivir en el mundo salvaje estaramos perjudicando el orden de la vida salvaje, y como los especímenes no se logran adaptar bien al medio ambiente humano van perdiendo su escencia. En consecuencia, el equilibrio que estas especies brindan a sus territorios originarios tambalea.
Esto no solo repercute en la fauna, sino también en la flora y en los propios seres humanos, ya que nosotros formamos parte también de ese ciclo, con la extracción le hacemos daño al ambiente y a nosotros mismos. La remoción de ciertos individuos puede alterar las dinámicas de los ecosistemas, afectando las cadenas alimenticias y las relaciones ecológicas.
Si lo vemos desde la perspectiva ética, el mascotismo de animales salvajes plantea serias preocupaciones respecto del bienestar animal, ya que los animales están sujetos a condiciones de vida artificial y a menudo inadecuada. Además, los animales salvajes tienen el derecho intríseco a una vida libre en su hábitat natural y desarrollar sus comportamientos naturales sin la interferencia humana.
Para resolver esta situación muchos países han implementado leyes para regular o prohibir el comercio de animales salvajes como mascotas. Estas leyes son cruciales para la conservación de las especies y la protección del bienestar animal. La Convención sobre el Comercio internacional de Fauna y Flora Silvestres (CITES) regula el comercio internacional de especies de fauna y flora salvajes mediante un sistema de permisos y certificados que busca aasegurar que el comercio no amenace la supervivencia de animales y plantas. También, muchos países tienen leyes específicas que prohíben el comercio y la posesión de animales salvajes.
En Argentina, la Ley Nacional de Fauna (22.421, de 1981) tiene como función la resolución de los problemas derivados que sufre la fauna: prohíbe la caza ilegal, captura, comercialización y exportación de la fauna, con el objetivo de preservar y fortalecer la biodiversidad, además de regular el uso de los recursos naturales. Además, la Ley Nacional de Conservación de la Fauna 23.582 (1998), modifica la ley 22.421 para reforzar la protección de la fauna silvestre y establece sanciones para la comercialización ilegal de especias salvajes. Además, el país es parte de la CITES.
Del otro lado del Atlántico, el Reglamento de la Unión Europea sobre el Comercio de Especies de Fauna y Flora Silvestres (Reglamento CE N° 338/97) implementa el CITES en la Unión Europea y regula la importación, exportación y comercialización de especies dentro de la Unión, protegiendo así la biodiversidad.
La Lacey Act (Estados Unidos) prohíbe el comercio de fauna, flora y productos silvestres que han sido adquiridos, poseídos, transportados o vendidos en violación de cualquier ley, tratado o reglamento nacional o internacional, con el fin de prevenir la explotación ilegal de la fauna y flora asegurando la conservación de las especies.
Cuáles son las opciones para evitar el mascotismo de animales salvajes
Existen alternativas para disfrutar de la compañía de animales sin recurrir al mascotismo de animales salvajes. Una es la adopción de animales domésticos como gatos, perros y otras mascotas domésticas, que están adaptadas para vivir con los humanos y pueden ofrecer la compañía deseada sin los problemas asociados con los animales salvajes.
También las visitas a santuarios y al hábitat natural de los animales salvajes nos permite observar y aprender sobre ellos en su entorno del cual son oriundos y que cuenta con sus necesidades biológicas cubiertas.
Fomentar la conciencia sobre los riesgos del mascotismo
El mascotismo de animales salvajes es una práctica que tiene profundas implicaciones negativas para la salud y el bienestar de los animales y personas involucrados. Desde problemas de estrés y enfermedades físicas hasta el impacto de las poblaciones naturales y los ecosistemas, los perjuicios son múltiples y significativos. Es crucial fomentar la conciencia sobre estas cuestiones y promover alternativas éticas y sostenibles para interactuar con la fauna. Solo a través de un enfoque informado y compasivo podremos asegurar el bienestar de los animales salvajes y la conservación de la biodiversidad.