Cuando Javier Milei aterrice en Buenos Aires tras su viaje a Israel, se va a encontrar atrapado en una situación que él mismo desprecia y que, por ahora, no puede detener: una interna feroz dentro de La Libertad Avanza que no para de escalar y que le hace tanto daño al presidente como al país.
El viernes pasado esa interna tocó su pico de mal gusto. Durante la emisión de La trinchera, un programa del streaming Carajo, un oyente se preguntó públicamente si Sebastián Pareja tenía relaciones íntimas con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
El trasfondo del episodio no es menor: los referentes de Carajo, comandados por Daniel Parisini —más conocido como el Gordo Dan—, estaban enfurecidos porque once tuiteros de su órbita fueron imputados y citados a declaración indagatoria por amenazas contra el diputado nacional Pareja. Los acusan no solo de haberlo amenazado sino también de haber publicado el número de su celular.
Los tuiteros de Santiago Caputo creen que Celsa Ramírez, la fiscal de delitos complejos que los imputó, responde al ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques, es decir, a Karina Milei. Casi al mismo tiempo, Pareja terminaba de desplazar a Agustín Romo de la presidencia del bloque de diputados de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires.
En el medio, el Gordo Dan y Lilian Lemoine se agarraron fuerte en una batalla digital. En las últimas horas, Parisini intentó poner paños fríos desde su programa La misa: "Las trompadas nos las tenemos que meter ahora, no en el año electoral". Pero Lemoine lo volvió a sacudir: "Che, la injusticia fue decirle a una señora que, si de bancar a Pareja no se vuelve, entonces deje de seguir a Milei. Armaron todo un escándalo diciendo pelotudeces al estilo Rial. Pero prefiero que lo hagan ahora y no en época electoral. Ya sé que no les caigo bien. Me soban bien la quena".
Como se ve, todo muy productivo y enriquecedor.
¿Cómo se resuelve una interna que daña al presidente y al país?
La pregunta que flota en el ambiente es cómo terminará resolviéndose esta pelea interna. Y sobre todo: ¿cómo se supone que este nivel de conflictividad interna ayudaría a aumentar la confianza en el plan económico?
De hecho, el ministro Luis Caputo dejó en claro que él jamás le pidió a la mesa política que sellara una alianza inmediata con los gobernadores afines para terminar de bajar el riesgo país. Lo que sí pone sobre la mesa cada vez que puede es que preferiría que no hubiese ninguna duda sobre la posibilidad de que regrese lo peor del populismo. La última vez que lo dijo fue en La cornisa, hace un par de semanas: "Nos vamos a recibir de país serio cuando el mundo vea que vamos por la misma autopista, por el mismo camino, no un camino poceado que nos lleva a la destrucción".
Caputo acaba de conseguir algo que, en otro contexto, hubiese sido presentado como un gran éxito: un suculento préstamo de organismos internacionales a tasas más bajas de las que refleja el riesgo país. Por eso llegó tan contento. Sin embargo, no ignora el riesgo que implica la sospecha de que el peronismo, el kirchnerismo o el populismo —a través de Axel Kicillof o cualquier otro candidato— puedan volver a tomar el poder.
Entonces el debate se pone más interesante. Porque aparecen, por un lado, Karina Milei y los hermanos Menem, Martín y Lule, planteando que La Libertad Avanza no necesita acuerdos con nadie y que ganará sin alianzas, como lo hizo en octubre del año pasado. Y por el otro, Santiago Caputo e incluso otros, como la senadora nacional Patricia Bullrich, sosteniendo que para ganarle al peronismo supuestamente unido —o en proceso de unidad— hay que sellar acuerdos en los principales distritos, empezando por la provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires.
Por eso vale seguir la línea fina que bajó Mauricio Macri este fin de semana en el Chaco: Pro jamás va a cuestionar el rumbo ni transformarse en oposición, pero tampoco se va a quedar callado cuando vea cosas que no le gustan del gobierno.
Otra cosa que hay que desmentir de entrada es que Macri tenga el más mínimo interés en volver a presentarse como candidato a presidente. En cambio, sigue trabajando para encontrar un postulante bajo el paraguas de Pro. Parece que los dos outsiders que tenía en mente no quieren saber nada: ni Marcos Galperín, principal accionista de Mercado Libre, ni Jorge Brito, principal accionista de Banco Macro. Y figuras como Rogelio Frigerio, Maximiliano Pullaro o Ignacio Torres preferirían ir a lo seguro: la reelección en cada una de sus provincias.
Mientras tanto, Kicillof se pasea por Europa para estrenar su precandidatura presidencial, aunque lo niegue con el mate en la mano y una media sonrisa que no se le termina de abrir.
Las medidas económicas para dar vuelta el humor social
Pero a Milei no le preocupa Kicillof, sino la desaceleración de la baja de la inflación y el parate de la actividad económica. Por eso, antes de viajar a Israel, hizo dos cosas.
La primera fue enfatizar el rumbo económico basado en el superávit fiscal, la no emisión monetaria y el pago de la deuda externa. Lo hizo a través de una imagen generada por inteligencia artificial donde aparece amarrado al mástil de un barco, en medio de una tormenta perfecta, rodeado de sirenas que le susurran: "Emití", "Subí el gasto", "Dale a la maquinita".
La segunda fue una declaración más al límite todavía, en la AmCham Summit: advirtió que, si su plan no es acompañado, estaría dispuesto a volver a su casa. Las interpretaciones que se ensayaron alrededor de semejante frase fueron, a mi entender, demasiado apocalípticas.
De hecho, el presidente y el ministro de Economía están trabajando en un conjunto de medidas para recuperar la tendencia a la baja de la inflación e impulsar la actividad económica. Entre ellas: la flexibilización de las normas para los encajes, que impulsaría mayor oferta de créditos para empresas y particulares; el fin del cepo para enviar dividendos de las casas matrices de empresas multinacionales; la vuelta a las 12 cuotas sin interés; la autorización a los bancos para ofrecer créditos en dólares; y la decisión de estabilizar el precio de los combustibles por parte de YPF y las demás petroleras que operan en la Argentina.
Ninguna de estas medidas pondría en riesgo los fundamentos del plan. Pero su puesta en marcha, junto al pedido de paciencia y el mensaje de empatía para quienes la están pasando mal, revela que el Gobierno pretende dar vuelta el humor social.
Un humor social que sigue atravesado, además, por la indignación que provoca el caso Adorni. ¿Ignora el jefe de Gabinete que, usando su cuenta de X con la misma ironía con que antes domaba kukas, el efecto que produce ahora es el de más indignación, porque a la vez sigue sin responder las preguntas concretas que se hace todo el mundo?
Por eso, por ahora, Milei está en el peor de los mundos: en el medio de una interna tóxica y bajo la sospecha de que los dos pilares que determinaron su victoria electoral —la baja de la inflación con crecimiento y "la moral como política de Estado"— se estarían poniendo en cuestión como nunca antes desde que asumió.