El gobierno del presidente Javier Milei está frente a una última encrucijada y esta vez depende de él y solo de él salir o sucumbir.
No hay equipo económico o desregulador a bordo de la motosierra ni salvaciones del Tesoro de Estados Unidos que resuelvan el problema autoinfligido que llevó al presidente a los índices de aprobación más bajos de toda su gestión.
El problema se llama Manuel Adorni. Pero se pronuncia "la moral como política de Estado".
Todo el esquema del modelo anarcocapitalista libertario se basó siempre en tres pilares: bajar la inflación, déficit cero innegociable y volver a los valores de transparencia, honradez, integridad de los hombres y mujeres que sirven al pueblo en sus distintas funciones. Valores que a su entender dinamitó el peronismo y particularmente en su manifestación kirchnerista.
Esto lo manifestó durante toda su campaña. En el foro de Davos. En entrevistas, él y sus funcionarios mantenían el dedo firme y limpio para señalar a los chorros. El corrupto es el otro.
Ni los escándalos de $LIBRA ni los audios de Andis atemperaron sus dichos. Al revés. Parecían reconfirmar sus teorías conspirativas repletas de operaciones que él mismo se iba a encargar de desbaratar. Tal vez creía que las cosas eran así.
Defender y atacar
El discurso del 1° de marzo frente a la Asamblea Legislativa, donde abrió las sesiones ordinarias, Javier Milei aprovechó el auditorio para enfrentar directamente a esos otros que, sentados en sus bancas, eran la fiel representación del choreo, los negocios espurios, los que se habían beneficiado a costa de las arcas del Estado, los sucios.
La moral como política de Estado volvía en su máximo esplendor y se tomó de cada minuto del discurso para recordarlo. Para que nadie lo olvide. Ni en las formas ni en el fondo.
El 1° de marzo, hace unos meses nada más, el presidente Milei estaba extasiado.
"Hace dos años estábamos atrapados sin salida, en un eterno presente que destruía nuestra fe y la de nuestros hijos. Hace dos años estábamos resignados a repetir siempre los mismos errores por la codicia, la impericia y cobardía de nuestros políticos de siempre. [...] Se terminó con el endeudamiento inmoral que le pasaba la cuenta de nuestras fiestas a generaciones futuras sin posibilidad de que se defiendan con el voto".
Y continuó defendiendo a propios y atacando a ajenos: "Sancionamos la ley de inocencia fiscal. No, ustedes no pueden aplaudir porque se les escapan las manos los bolsillos ajenos. Dale, sigan con las operaciones que después los voy a ir a buscar cuando se caigan en la Justicia por mentirosos. Sí, sigan con las operetas, que la gente sabe, digamos, saben que son unos mentirosos. Saben que los audios son falsos, saben que el que declaró ya dijo que era mentira, pero sigan así ustedes, mintiendo a la gente. Manga de ladrones, manga de chorros, por eso tienen a su líder presa. Y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el memorándum de Irán, va a seguir presa por lo que hizo con Vialidad, porque es una chorra, porque fueron los más chorros de la historia", gritó exasperado disfrutando cada segundo.
El discurso fue largo y las alusiones a la moralidad libertaria como vara aparecieron en cada uno de los párrafos.
Adorni y el derrumbe de la "moral como política de Estado"
Solo unos días después se conocía que el jefe de Gabinete de ministros Manuel Adorni había subido a su mujer, Bettina Angeletti, al avión presidencial para viajar a la Argentina Week, un evento realizado en Nueva York para atraer inversiones. Y a partir de ahí el principio de esta encrucijada final a la que se enfrentan hoy. Adorni y vuelos privados pagados por Marcelo Grandio, su amigo al frente de cuatro productos en la Televisión Pública. Adorni y sus tres propiedades adquiridas desde que llegó a la función pública a través de operaciones con jubiladas que le financian a tasa 0, y en el medio una escribana que, engolosinada por las cámaras, cada vez que abrió la boca complicó más la situación de su cliente.
El gobierno de la moral, más precisamente el presidente y la secretaria general, lo sujetan fuerte. El resto del gabinete parece apenas tolerarlo y algunos pocos acceden a la foto con el hombre en el centro de todas las sospechas. Y sus caras en esos retratos forzados parecen decirlo todo.
La vara que se autoimpusieron para diferenciarse del gobierno anterior está demasiado alta. Los tribunales, en los que el presidente desafió al peronismo a encontrarse para "desbaratar operaciones", hoy están abarrotados con causas que investigan al corazón del poder. Y tienen vida propia. Se investiga la posible comisión de una estafa en la causa $LIBRA, en la que el propio presidente es uno de los eslabones principales cuando tuitea avalando el lanzamiento que horas después se desplomó dejando un tendal de damnificados. Se investigan posibles irregularidades en el otorgamiento de créditos hipotecarios —un bien escaso en la Argentina, como bien señala Pablo Wende— a funcionarios. Y por supuesto el posible enriquecimiento ilícito de Adorni, las contrataciones a su mujer por parte de empresas proveedoras del Estado, la licitación de Tecnópolis donde aparecen nombres directamente vinculados a Angeletti, la nueva indagatoria a Diego Spagnuolo, titular de Andis y, por primera vez, un inminente llamado a indagatoria a los titulares de la Suizo Argentina, sospechada de funcionar como un órgano que controlaba la Agencia de Discapacidad beneficiándose de esa posición de poder.
En un primer momento el gobierno sacó a Adorni a la cancha con la reversionada premisa "el que nada esconde nada teme". Pero Adorni escaló el conflicto ante cada declaración: desde el desgraciado "deslomarse" hasta los "apenas periodistas" ante los que no tenía que explicar nada. ¿Lo hará ante los —¿"apenas"?— jueces? Un desastre de dimensiones inconmensurables.
¿Hay otro camino?
La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, mostró una alternativa. Le pidió la renuncia a su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, tras conocer que el funcionario accedió a un crédito hipotecario del Banco Nación. Fuentes cercanas insisten en que no se trató del crédito en sí, sino en no haberlo comunicado a la ministra. Uno infiere entonces que para Pettovello la vida privada de un funcionario es pública. A diferencia de los que buscan sostener con fórceps la doctrina Adorni sobre "son cosas de mi vida privada". O el propio presidente cuando tuiteó contra Ian Mache o en el mismísimo caso $LIBRA diciendo que "tuiteaba como ciudadano".
Todo esto en un marco de crisis económica que hace menos permeable la tolerancia al gobierno ante las sospechas de corrupción.